¿Paciencia? (Otra carta más al señor Rajoy)

Señor Rajoy, ¿no le parece que, a estas alturas, pedir paciencia es indecente e insultante? ¿No le parece que ya tenemos agotadas nuestras reservas de paciencia después de aceptar sus mentiras y sus previsiones de opereta? ¿No le parece que se está usted pasando de la raya? Mire, señor presidente, que usted gobierne amparado por una dudosa mayoría absoluta (el número de los que le votaron no se acerca, ni por asomo, a la mitad de los votantes españoles) le otorga gran poder de decisión, pero, en ningún caso, debe tomar a los españoles por  el pito del sereno. Usted no tiene derecho a maltratar, provocar o insultar a nadie por más que le voten. Y esto que hace, cada día, es un atropello manifiesto.

Paciencia. Y se queda usted tan ancho. Pide que nos aborreguemos otro poquito para seguir con su plan de destrucción de derechos y logros de los trabajadores de este país. Sí, de esta España a la que usted dice amar tanto y que, sin embargo, desprecia con cada medida que toma. Nos pide paciencia cuando las calles deberían estar en llamas. No lo están; es asombroso; pero deje usted que pase el tiempo, deje usted que la clase media se aplaste por completo bajo los impuestos; siga usted por este camino hasta conseguirlo. Usted pide paciencia. ¿Con qué debemos tenerla? Con la contabilidad del señor Bárcenas, supongo (en la que usted aparece y le convierte en sospechoso, querido amigo; aunque se haga el loco).

¿Qué más quiere, señor presidente? Si somos un pueblo apagado, estamos perdiendo la chispa y no somos capaces de rechistar. Es lo que usted quería. No venga ahora con cuentos. ¿Cuántas amenazas apocalípticas hemos tenido que soportar? De usted, sí, de usted y los suyos.

Pero, tenga cuidado, nos sigue indignando que la clase política de este país robe con total impunidad. Es tremendo ver cómo algunos son ladrones y no pisarán la cárcel jamás. Es una vergüenza. ¿Con esto debemos tener paciencia? Tal vez se refiere usted a que veamos con tranquilidad cómo nuestros hijos viajan al extranjero para conseguir un puesto de trabajo y, en el mismo avión (en la zona delantera, eso sí), sus amigotes de partido o los empresarios que financian de forma ilegal a partidos políticos de todo tipo, viajan con maletines llenos de dinero. Nuestros hijos se quedan allí. Los otros regresan para seguir esquilmando lo que es de todos.

Pues usted pide paciencia y yo le pido decencia. Porque usted defiende los intereses de unos pocos y eso un presidente de gobierno no puede hacerlo. Se ha olvidado de los que sufren, de los que no saben qué hacer, de los hombres y mujeres que lloran porque no tienen forma de mantener a sus hijos.

Dice usted que si no ganan dinero las grandes corporaciones, nadie ganará dinero. Mentira, señor Rajoy. Miente y sabe que lo hace. Las empresas pueden reducir sus beneficios. Deben reducir sus beneficios en épocas como estas. Y si me apura sería muy rentable para todos. Más trabajadores en activo en esas empresas, más dinero para gastar, mayor producción. Pero no, el caso es favorecer la codicia de unos pocos. Es usted el arquetipo de político que pasará a la historia como la lacra más grande sufrida por la humanidad. Pero, claro, de este modo, intentando repartir lo que hay entre todos, Bárcenas no podría entregar sobres repletos de dinero. Sí, hay que quitárselo a los pobres para ser muy rico. Qué indecencia.

Ya pasará usted por caja, señor Rajoy. Ya le llegará el turno. Usted no se ponga nervioso.

Me sorprende que diga usted que es mejor decir la verdad que hacer castillos en el aire. ¡Pero si lleva mintiendo usted meses; pero si los castillos en el aire más colosales fueron los que usted dibujó durante la campaña electoral! Hay que tener caradura para decir lo que usted dice. Deje usted de insultar a los españoles, por favor.

Le recuerdo, señor Rajoy, que es muy fácil pedir paciencia viviendo a cuerpo de rey y teniendo el futuro garantizado. Eso es muy fácil. Pero piense un poco y acérquese a la realidad. ¿Deben tener paciencia los 6.200.000 parados? Pues me temo que estos no tienen ya ni paciencia ni nada. Si tuvieran se la darían de comer a sus hijos. Ya se la han robado usted y los suyos. Y no piense ahora en herencias. Lo suyo es suyo y, querido presidente, este marrón ya es de su propiedad. Le guste a usted o no.

Se ha pasado usted estos meses haciendo la tarea. Lo que le dicen otros usted lo asume sin rechistar. Lo que le gritamos en las calles se lo pasa por el arco del triunfo. Esta no es tarea de usted ¿verdad? Bonita forma de gobernar. Es usted una vergüenza de presidente. En lugar de ofrecer ruedas de prensa a través de un monitor y sin posibilidad de preguntas, debería usted dar un paseo por las calles de una ciudad cualquiera de España. Igual hasta cambiaba de parecer. Igual hasta dimitía.

Representa usted a una clase política corrupta, ladrona, poco preparada, vacía de ideales. Representa usted lo que es una vergüenza nacional. Y gobierna usted un país manso, sin personalidad, que ha cedido lo que tenía, derrumbado por el miedo que usted se ha encargado de inocular en las consciencias de todos. ¿Esto es lo que quería? ¿Este es el país por el que tanto cacarea cuando le enfoca la cámara? ¡Qué pena!

Sepa que es usted un títere en manos de otros con más dinero. No es usted nada, querido presidente. Nada de nada. Y, encima, tiene la poca vergüenza de pedir paciencia.


1 Respuesta en “¿Paciencia? (Otra carta más al señor Rajoy)”

  • Enrique ha escrito:

    Dicen que la paciencia tiene un limite… si esto es verdad, “se van a enterar”. Gracias y saludos Gabriel