¿Por qué votar?

Es verdad que los políticos no nos representan. Es verdad que, cada día que pasa, están más lejos de los votantes y más cerca del jefe de su partido que lo impone a la ciudadanía. Es verdad que vivimos en un mundo indignante en el que la injusticia, la desigualdad y los abusos de unos pocos son una lacra insoportable de aguantar. Todo eso es verdad, pero hay algo tan verdadero como todo ello y que parece que no queremos asumir. La realidad. Esta si que es terca, esta sí que se impone sin miramiento alguno. Y, de momento, es la que es; podrá cambiar hacia un lado u otro, pero hoy es la que nos hemos ganado a pulso entre todos. Todos hemos sido responsables de lo que ha pasado. Unos pocos del desastre financiero y de robar a manos llenas, otros de acomodarnos pensando que aquí no había nada que hacer y muchos creyendo que una banda de sinvergüenzas les sacaría de su pobreza cuando, en realidad, lo que querían era pisotearles sin compasión después de sacarles el poco higadillo que tenían sano.
Desde luego, si queda alguna posibilidad para conseguir que ese cambio tome una dirección propicia es votando con sensatez; desde la convicción y desde el sentido político que, hoy, nos impone este mundo que vivimos. Los sistemas sólo pueden modificarse desde su núcleo. Cualquier otra cosa es asediar un castillo inexpugnable.
No votar a causa de la extenuación a la que nos tienen sometidos desde los poderes públicos es rendirse. No votar a causa del miedo que nos cuelgan del pescuezo desde los medios de comunicación es una señal inequívoca de que nos tienen agarrados sin posibilidad de escapar. Todo se puede convertir en un infierno mucho peor que este que nos ha tocado en suerte. Si alguien deja que se hagan con el poder los que están alejados de su ideología no deja de ser un gesto suicida. Cada uno sabrá donde está colocado y qué es lo que debe defender. Cada uno sabrá qué es lo que quiere dibujar en su futuro. Pero para ello hay que votar y asumir que estamos metidos en una espiral peligrosa que sólo estando dentro podemos destrozar. Hay que hacerlo porque, de otro modo, no valdrán las quejas de ningún tipo. Eso de que no nos representan y eso de que son unos chorizos es verdad y tenemos la obligación de cambiarlo. Desde las urnas. De momento, no tenemos más opciones.
Todo va mal. Esto es un auténtico desastre. No provoquemos males mayores. Al menos, intentemos que no sea así. Ya lo he dicho otras veces: mirar el tren como las vacas en el campo sólo provoca que el tren siga su camino y nos quedemos en tierra sin opciones.
Los jóvenes deben acudir a votar, los que no tienen apenas esperanzas, también. Son miles los que han muerto para que podamos ejercer nuestros derechos, son muchos los que pelearon sin tener nada, sin querer nada más a cambio que su libertad, la de ustedes y la mía. Es la única forma de sacar esto adelante. Primero votamos y luego, si es necesario seguimos peleando nuestros derechos en las plazas o donde corresponda.
Nos piden (los políticos) grandes esfuerzos económicos, laborales y sociales. Pero, qué casualidad, nunca piden el que más falta hace: el intelectual, el ideológico, el que suponga un claro esfuerzo de la razón. Porque ese no les interesa. Quieren llenar salones de actos y plazas de toros con personas que gritan frases hechas. Lo que no desean son cabezas llenas de ideas porque sería su ruina para los intereses que persiguen y la opción de progreso de todos los demás. Seamos coherentes, seamos sensatos y tratemos de convertir el futuro en algo más nuestro.
Esto seguirá siendo lo mismo si dejamos que así sea. Los bancos poderosos, los políticos mentirosos, los ricos más ricos y los demás, cada día, más pobres. Pensemos y votemos en conciencia, votemos pensando en el bien común. No nos queda otra.


1 Respuesta en “¿Por qué votar?”

  • Edda ha escrito:

    ¿Seguro que no te has confundido de profesión? Acabas de dar un mitin. A mí no necesitabas convencerme. Espero que muchos de los que pensaban quedarse en casa te lean, piensen un poco y cambien de opinión. Hay que votar. No es un deber, es un derecho.