jun 10 2010

Falta de reflejos

Acaricia una hoja de la planta sin saber qué decir. Ella se lamenta sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Ninguno de los dos puede explicarse qué ha sucedido.
- Esta planta está muy bonita. Con lo fea que estaba hace un par de meses, dice él acercando la cara para ver algún detalle que le ha llamado la atención.
- No me jodas con esos rollos, joder. Estoy asqueada y tú me cuentas que las plantas son maravillosas.
- Teniendo un mínimo de cuidado salen todas adelante. No he hecho nada especial. Un poco de agua cada dos días y limpiar las hojas cada semana. Poca cosa. Y mira cómo está de bonita.
- Pareces gilipollas. De verdad.
Él mira a través de la ventana. Serio. Mientras dice que sí, que parece gilipollas, arranca la planta, la rompe en dos y la tira al suelo. Ella se incorpora levemente. Guarda silencio. Parece haber comprendido algo.


jun 10 2010

La cosmética del miedo

¿Hasta dónde llega nuestra bondad? ¿Somos como creemos o nos escondemos detrás de un fachada construida para que nadie vea lo que queda al otro lado? ¿Encontramos excusa suficiente para justificar cada día o la tenemos que inventar sabiendo que el error nos destrozará con el tiempo?
Creo que las respuestas a estas preguntas debemos buscarlas en nuestro miedo. En el temor a perder el trabajo, a lo que pensarán de mí, a ver como una reputación idiota (todas lo son) se convierte en un ancla que aleja de los amigos, a vivir. En nuestro miedo a vivir. Creemos que la vida es algo más que nosotros mismos. Creemos que la vida es casi todo excepto nosotros mismos. Qué error tan grande. Nadie quiere nuestra vida, nadie nos recordará al morir (un rato, pero sólo un rato), no existe un ser humano que se ocupe de otro más que de sí mismo. Las madres juran perder la vida si es necesario por un hijo. Los padres presumen de proteger hasta donde sea necesario. Los amigos sellan pactos para toda la vida. Si es posible pactos de sangre. Los enamorados juran fidelidad y amor eternos. Y todos mienten. Nadie está en el mundo para otros. Cada cual tiene su momento para morir, para amar o para proteger. Llegado el instante en que eso ha de cambiar, todo se modifica. Y ese instante llega cuando el individuo está en peligro. Desaparecen los espejismos que nos hicieron la vida mucho más simpática. Cualquiera de ellos. Hijos, amigos, padres e incluso animales, son nuestros escaparates, lo que nos hace sentir mejor porque creemos que todos lo ven del mismo modo. Escaparates. Y nosotros, cada cual, individuos.
Ya sé que, dicho así, muchos no querrán estar de acuerdo, no querrán ni oír hablar del asunto. Yo también quisiera ser estupendo, maravilloso, un padre excelente, un marido modelo, un amigo inolvidable. Quisiera serlo, pero soy consciente de que sólo es una ilusión. Querer no es lo mismo que ser. Quisiera pensar que mi bondad es infinita, pero es muy limitada. Mucho. Quisiera pensar que no gasto un gramo de maquillaje para parecer otra cosa, pero uso todo tipo de cosmética. Quisiera pensar que todo lo que hago está justificado, pero muchas cosas de las que hago son errores que hacen sufrir a otros, incluso a mí mismo. Y eso no se puede justificar de ninguna forma posible. Mis miedos son enormes. Muy parecidos a los de cualquier ser humano. Porque quiero mucho y no soy casi nada. Por eso me siento cada día más vivo y más consciente de una muerte que llegará. Me siento en peligro. Más humano imposible.