El ser humano siempre ha querido parecerse a Dios. Sea lo que sea. Es decir, el hombre siempre deseó, por encima de todas las cosas, ser inmortal.
Nos gustaría que tiempo y espacio desaparecieran dejando crecer ese lugar al que nuestro alma regresara para volver a vivir. Una y otra vez. Una y otra vez. Necesitamos nuestro propio Oblivion ( Piazzola lo construyó de este modo tan magistral. Escuchen).
Quisiéramos que el amor entregado y recibido fuera eterno, que nuestros hijos volvieran a ser nuestros hijos después de muertos y en las mismas condiciones, poder rectificar nuestros errores para llegar a la perfección.
Queremos que Dios se convierta en reflejo de nuestra imagen; mendigamos que nos coloque a su lado imaginando que es verdad todo lo que nos han contado siendo niños. El Dios cristiano, Buda, el Sol, el dinero, cualquier forma o nombre que le demos es lo de menos. Por delante vamos nosotros corriendo como gacelas. Y todo vale.
Inmortalidad es dejar a los vivos llorándote, recordando sólo aquello que son capaces de manejar en el recuerdo sin volverse locos, una parte del que falta que distorsiona la realidad que representó y que atrasa unos pasos de la valiosa condición (de la inmortalidad) al que llora amargamente las pocas posibilidades de que todo sea cierto. Inmortalidad es ser joven aunque mueras porque nada puede dañarte. Ni siquiera la muerte. Eso queda para los viejos.
Es dejar parte de ti para que cuando regreses puedas reconocerte en el objeto. Un libro, un lienzo. Siempre pensando en la vuelta. En Oblivion.
¿No será al contrario? La inmortalidad no tiene que ver con la muerte sino con la vida. Eso que ya nadie puede tocar. Eres y nada puede impedirlo. No somos una fantasía. Oblivion sí. Hermosa mentira aunque irreal.
El dieciocho de enero de mil novecientos setenta y nueve, Peret (el cantante) dijo que “El Borriquito” era una canción de protesta, pero que nadie la entendió. Confieso que, efectivamente, nunca llevé esa canción como bandera cuando quise quejarme de las injusticias sociales que por aquel entonces eran tan importantes como las actuales.
Leo las declaraciones de Peret y me remuevo en la silla. No puedo resistir la tentación de buscar la letra de esa canción en la red. Buscador. Borriquito letra Peret. Clic. A la primera. Miro fijamente la pantalla y tarareo la música mientras leo.
Borriquito como tú. Tu-Ru-Ru / Que no sabes ni la U / Tu-Ru-Ru / Borriquito como tú / Tu-Ru-Ru
Hasta ahora no veo protesta por ningún sitio. Insisto.
Yo se más que tú.
Primer indicio. El narrador se coloca por encima del lector o del que escucha. Elegante y sin dudar.
A=A E=E I=l O=O U=U A—-E I O U! / Borriquito como tú. Tu-Ru-Ru./ Que no sabes ni la U
Tu/ Ru. Ru / Borriquito como tú / Tu-Ru-Ru / Yo se mas que tú.
Maniobra para despistar. Pero otra vez contundente. Ya no hay lugar a dudas.
Yo soy el cantante / Yo soy el poeta / Soy el mas querido / Soy el preferido / De la juventud . . .
Con solo seis letras / Hago mil canciones / Y todos aplauden / Con gran entusiasmo
Mis inspiraciones. / Les canto a las chicas / Canto al tabernero. / Canto a la portera
Canto a lo que sea / Canto al mundo entero. / Y con este acento / Parezco extranjero
Pero soy de vigo / Me hago Ilamar Peter / Y mi nombre es Pedro. / Borriquito como tu. Tu-Ru-Ru. . . . .
Ya lo entiendo todo. Él es poeta, cantante, querido por los jóvenes, es capaz de hacer cosas increíbles con el lenguaje, cosas que son universales (chicas, taberneros, etc., quedan perdidamente enamorados cuando escuchan semejante cosa). Ahora bien, siendo de Vigo, se hace pasar por Peter. Claro que sí. Eso si que es protestar. Es como si dijera “soy de Vigo y mi uso del lenguaje es superior, pero el mérito se lo van a llevar los ingleses”. Sorprendente, mágico, casi de otro planeta. Y, además, insultando sin pudor. Borriquito le llama.
Piensen que cuando sonaba esta canción Franco vivía (creo) y Peret fue capaz de decirle que los del peñón le molaban más. Nada de español. Gibraltar de su majestad la reina de Inglaterra. Qué valor y qué habilidad para mandar mensajes contrarios al régimen sin que se enterase la censura. Bien por el cantante Peret.
Lo malo es que no se enteró la censura, ni el secretario general del movimiento, ni los flechas de la OJE, ni los cabos primeros en los cuarteles, ni nadie.
Es lo bueno que tiene internet. Ahora me acabo de enterar y puedo hacérselo saber al mundo entero. Incluso puede ser que los lectores de este blog estén tarareando la canción y se les quede dando vueltas por la mente un buen rato.
Ojalá regrese al puesto número uno de ventas. Hoy más que nunca se necesitan canciones protesta. Que se prepare el Gobierno.
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