jul 26 2010

Miedo infundado

La diferencia entre un taller literario y una reunión de amigos que quieren tomar unas copas es que en el taller pagan todos menos uno (el que va de intelectual y gurú de las artes) y en esa reunión con pinta de fiesta todos procuran que pague uno (el intelectual que no se entera de nada). Por lo demás, la cosa se parece de forma inquietante. Todo bien, la vida es bella, que bueno que viniste, no podemos dejar de vernos, mira que eres ocurrente, Asturias patria querida (en el caso de los amigos después de la quinta copa y en el del taller cuando uno de los participantes decide presentarse al premio de relato breve del club “amigos de las letras de Chamberí” por lo que el resto se siente feliz y necesita festejar el arrojo del atrevido escritor en ciernes). Finalmente, el tabernero se hincha a ganar pasta y el gurú de la inspiración literaria también. Alguien puede decir que en un taller se escribe. Cierto. Pero es que en el bar también. ¿Quién no ha dejado escrito en una servilleta su número de teléfono? Para el caso es lo mismo y el resultado similar. Coño, que bien, me encanta saber que puedo encontrarte a partir de mañana, mi buen amigo (dicho escuchando como cantan el resto “Paquito el chocolatero”) . Pero, bueno, bueno, bueno, que lindo escribes, que dulzura expresando sentimientos, me encanta saber que te encontraré mañana entre los intelectuales a los que yo represento (dicho escuchando una suite de cualquier compositor romántico, a ser posible, desconocido por los alumnos del taller que vuelven a quedar prendados por la sabiduría sin límites del gurú). Es, como pueden comprobar, casi la misma cosa.
Todo esto tendría su gracia (poca, todo hay que decirlo) si fuera un chiste. Pero no. Es verdad como la vida misma. Tan verdad como que los monos alternan en los bares, ciertos desalmados (sin pasar por taller literario alguno) se dedican a publicar o que hoy no deberíamos tener dolores de cabeza gracias al Santo Acacio de Bizancio. Y algunos nos quieren asustar con el cambio climático. Patrañas.


jul 26 2010

Nombres (27)

Susana.

Se sienta por primera vez en toda la mañana. Fregar, las camas, pensar en la comida, prepararla y esperar. El universo entero encerrado en esas pocas cosas. Esperar. Todo se traduce en trabajo, en las manos ásperas, en un esfuerzo que nadie reconoce. Eso piensa. Y, entonces, mira el retrato que colocó hace ya mucho tiempo sobre el aparador que nunca quiso tener. Sonríen sin pedir nada a cambio, miran al frente porque no hay otro lugar posible en el que fijarse.

Nada a cambio.

Se levanta, agarra el marco, lo abre y saca la fotografía.

Nada a cambio.

Y es cuando recuerda lo que fue una vez. Nada entraba en el trueque porque era un enorme regalo. De eso se trataba, de no esperar nada a cambio, sólo de recibir; de no dar nada esperando un regreso. Así que promete volver allí, al lugar en el que no hay otro sitio donde mirar. Es el único camino inventado.


jul 25 2010

NI Generation

Es extraño que nadie haya puesto nombre a la generación actual de niños y jovencitos. Me refiero a los que tienen entre cero y veinte años. O más. Somos muy aficionados a etiquetar cualquier cosa que tenemos a nuestro alcance, pero (que yo sepa) no tenemos un nombre definitivo para esa generación que se mueve en las guarderías, colegios y universidades. O en la calle después de haber sufrido un enorme fracaso escolar.
Esta masa de muchachos y señoritas se caracterizan por su falta de ideología (en el sentido más amplio del término), no tienen otro objetivo en la vida que no sea el dinero contante y sonante, generalmente son maleducados y confunden la falta de respeto con ser modernos y graciosos, escriben eliminando todas las vocales (a veces consonantes) que pueden y muchos de ellos creen que occidente está siendo invadido por pueblos extraños llegados de países bárbaros.
Tengo cuatro hijos que estudian en tres colegios diferentes y creo saber lo que digo. Además me enfrento como profesor a un buen número de individuos cada semana.
Este es el resultado de lo que hacemos los de la generación anterior. Es decir, de los padres y madres que andamos sueltos por el mundo intentando proteger a los niños de forma irracional y estúpida. Es decir, de los políticos que confunden la cultura con leer un par de libros al año o modifican leyes educativas dependiendo de la variación que se producirá en el recuento de votos. Es decir, de los medios de comunicación maniatados por el poder del dinero que se convirtieron hace años en herramientas útiles para aborregar al que se pone por delante.
Hemos logrado entre todos que el futuro tenga la forma de un billete de cien euros. En eso y no en otra cosa.
Ya sé que hay excepciones, que es injusto meter a todo el mundo en el mismo saco, pero, guste o no, esto es lo que hay.
Ya que nadie le pone nombre a nuestros niños y jóvenes indefensos, me voy a atrever yo. Los Nuevos Hiperactivos. Actualmente, el noventa por ciento de niños y niñas, de jóvenes, lo son. Eso es lo que dicen sus padres. Se acerca uno de ellos a tu mesa mientras comes y tira el vaso de agua. El padre corre para agarrar de la mano al angelito, te mira y dice “es que es hiperactivo”. Un crío se pasa la tarde dando el coñazo y a su papá sólo se le ocurre decir que su hijito es hiperactivo. A las criaturas no se les puede decir ni pío en el colegio porque se traumatizan dada su hiperactividad. Los padres no parecen enterarse que en el colegio se enseñan cosas (muchas) y es en casa donde se educa (a hiperactivos incluidos). Todos somos hiperactivos y eso nos convierte en intocables. Queremos que nuestros pequeños hiperactivos triunfen en sus vidas, que ganen dinero (mucho). Y ya.
Ya veremos como acaba esto.
Pues eso. Nuevos Hiperactivos. NH. O mejor NI. Más que nada para que las criaturas no se confundan con la cadena de hoteles. Y total, sólo falta una h. Qué más da.


jul 25 2010

Reflexión absurda sobre el alma humana

Si es verdad que el alma existe también es verdad que en algún lugar se encuentra. La nuestra, la de otros, la de los muertos. Quizás el universo está lleno de ellas yendo de un sitio a otro sin rumbo fijo, quizás se amontonan en eso que el cristianismo llama cielo, cabe la posibilidad de que se mezclen unas con otras para que las nuevas nos den vida a todos. Así, el alma de una fiera y la de un ser infeliz nacerían de nuevo siendo la de un hombre cruel.
Una explicación tan bella como inútil.
Me gusta pensar que las mejores almas, si es que existen, se conjuraron para que Mozart naciera pudiendo crear un universo eterno hecho de música, que almas bondadosas se arriman unas a otras para entrar en un pequeño cuerpo que termina siendo Teresa de Calcuta, que las más juguetonas eligen ser Groucho Marx, o las que tienen una racha fatal se encarnan en una alhaja como Pinochet.
Me gusta pensar estas cosas. Porque alivia. El alma representa, es, la eternidad del ser humano. Caben tantas posibilidades como ratos dedicados a imaginar.
Podría ser que fuéramos un simple reflejo de espíritus fallidos, puestos a prueba hasta mejorar o reparar el error. De ahí podría llegarnos la explicación a lo efímero de nuestro vivir, no de nuestra existencia. El mundo sería, entonces, un gran taller dedicado a la pureza, Dios un mecánico de almas estropeadas preguntándose de dónde viene, cuál es su futuro, quién es su Dios. Cada planeta un taller en el que se depositan elementos defectuosos, las estrellas grandes luminarias, el cielo (nuestro cielo) una lupa. Y nosotros lo que siempre tememos ser. Nada, una ilusión. Eterna, pero una ilusión al fin y al cabo. Imperfecta.
Lo que no quiero pensar es que seamos lo que parece más evidente. Un cuerpo fruto de la evolución biológica, del azar, del acierto al elegir una posibilidad entre miles de billones de no sabemos qué o quién, un cuerpo condenado a morir y a no ser nada. Ni siquiera una mala ilusión. Un ser imperfecto sin posibilidad de mejorar salvo si es a costa de destrozar su entorno o a sus iguales.
Eso sería una estafa. La gran estafa.


jul 24 2010

Pareja

Los miércoles comemos juntos. Y solos. Es el único día de la semana que podemos hacerlo. Mientras me hablaba he ido pensando. Escuchaba. Miraba cada movimiento de sus manos. Ahora lo escribo para ordenar.

Ayer, si querías hacer , yo también. Fuera lo que fuera. Hoy, si tú quieres, quizás yo no, aunque lo hago. Estamos juntos.

Ayer, nos buscábamos enloquecidos para vernos. Hoy nos encontramos en cualquier parte, casi sin querer. No cabe la soledad.

Ayer teníamos un proyecto en la cabeza. Los dos debíamos. Hoy tenemos nuestras vidas arregladas. Los dos estamos. Sigue en pie sin el estruendo de lo nuevo.

Ayer me destapaba. Tu me arropabas. Hoy no hace falta. Tiramos de las sábanas sabiendo que hay otro. Apenas pasamos frío.

Ayer me enamoré. Hoy ya sé amarte.