47 años + 1 mes y medio (o así)

Hace cuarenta y siete años, el que escribe, llevaba algo más de mes y medio en este mundo. Apenas dedicaba mi tiempo a nada que no fuera dormir y comer. Felicidad absoluta. Supongo.
Cuarenta y siete años más mes y medio (aproximadamente) después, apenas tengo tiempo para dormir. Ni siquiera lo tengo para comer decentemente. Uso algunos minutos para reflexionar sobre lo que me pasa, día a día, y echo en falta esa ausencia de consciencia propia del bebé.
Con mes y medio no hablaba. Ni entendía ni una sola palabra de las que escuchaba. Ahora, sí. Desgraciadamente. Porque una de las cosas que primero se aprende en esta vida es que el lenguaje es traicionero, traicionado, una fuente inagotable de envidias y un mecanismo demoledor y cruel cuando el que lo usa tiene intención clara de hacer daño a otros.
Una misma frase puede convertirse en algo horrible o en un halago. Al mismo tiempo. Alguien dice te quiero. Otra persona se siente feliz. Una tercera quiere morirse en ese instante al ver que no es ella motivo de interés. Decepción respecto al que lo dijo, odio desbocado respecto al que recibió el mensaje con alegría.
De esto, no se libra nada de este mundo. Por ejemplo, en las empresas se ha organizado de tal forma el asunto que, digas lo que digas, puedes cometer un atropello con otro. Si hablas mal de uno, otro tiene la excusa perfecta para prescindir de él. Si hablas bien de uno, otro tiene motivos suficientes para pensar que ese tipo sobresale en exceso, que tiene un protagonismo exagerado. Ya saben ustedes, el reino de los putos mediocres.
Siempre digo que el mundo se mueve por venganza, por envidia o por amor. El ser humano tiene trayectorias a lo largo de su vida que son pendulares. De lo malo a lo bueno. Del blanco al negro. De la vida a la muerte. Y todo canalizado a través del lenguaje. Sea del tipo que sea.
Mientras fumaba un cigarrillo, pensaba en la envidia que se genera, por ejemplo, en el territorio de la escritura. Supongamos que un autor destaca por cualquier razón (pongan la que quieran). Es curioso cómo genera de forma automática grandes amores y grandes odios. Por un lado, los que son escritores (sobre todo los malos, los que se defienden con cuatro cositas, pero no logran un buen texto ni aunque les torturen) sacan pegas a todo lo que ese escritor publique. Sea bueno, malo o regular. Comienzan a echar espuma por la boca en cuanto leen un texto del tipo que destaca. Por otro lado, los que quieren ser escritores se llevan las manos a la cabeza sin entender por qué él y no ellos (la respuesta suele ser que porque lo que hacen es muy malo aunque su mamá y cuatro amiguitos le bailen el agua). Y, por último, los profesionales de raza (no los que dedican su esfuerzo a vender ejemplares y a intentar ligar leyendo poesías nefastas o textos que son un refrito de lo poco que han leído con inteligencia) y los lectores que aman la literatura y no entienden de autores y sí de personajes voces narrativas, descripciones y buenos diálogos; disfrutan de una literatura nueva que asoma la cabeza casi con violencia entre tanta idiotez. Por esto no hay que tener miedo a lo que puedan decir o pensar de tu obra. Es mucho peor pasar desapercibido, que nadie diga ni pío o nadie piense sobre lo que escribes.
Hace cuarenta y siete años (más mes y medio) dedicaba mi tiempo a comer y dormir. Ahora no. Actualmente observo y trato de reflexionar. Siendo un bebé era feliz del todo. Creo. Hoy también. Porque al menos me sé la teoría. Soy de buen contentar. Ya ven lo que son las cosas.


5 Respuestas en “47 años + 1 mes y medio (o así)”

  • Edda ha escrito:

    No sé, Gabriel. Hay autores que no soportan una mala crítica. Esos igual prefieren el silencio. Y lo que es peor, hay editores que no soportan que se hable mal de sus libros.

  • admin ha escrito:

    De El Código da Vinci se dijeron barbaridades (todas justas). Cuanto peor se hablaba, más vendían. De las novelas hay que hablar, mal o bien, pero hay que hablar.

  • Anónimo ha escrito:

    Hola Gabriel,

    Lo que pasa es que si te critican es por que te envidian, si te envidian es por que te admiran, y si te admiran es por que quieren ser como tú y están llenos de frustración.

    Pero que hablen, siempre, bien o mal ( éso es lo que le gustaría a muchos y no lo consiguen, y mira que lo intentan…)

    Por otro lado, leí en un reportaje (del que no viene a cuento hablar aquí ahora) algo que viene muy ” a huevo “:
    ‘Quizás, si todos nos convirtiéramos en recién nacidos, el mundo cambiaria. Quizás, si utilizásemos las mano para rozar y acariciar, la voz para besar en vez de herir, el mundo seria nuestro perdido Paraíso.’

    Saludos.

  • Edda ha escrito:

    Gabriel, cuando publiques tu próxima novela, avisa. Ya me encargo yo de ponerla de vuelta y media, juasssssss.

  • Pepa ha escrito:

    El problema es que lo que no se dice, no cuenta…no valen en este mundo en el que vivimos todos los lenguajes, al menos en mi mundo, diferente, pero muy igual al tuyo y al de mucha gente. En definitiva, reconocimiento, supongo…No tengo tus capacidades de expresión verbal (me gustaría)… pero me gusta leer lo q escribes, esté más o menos de acuerdo con mis “percepciones” o “intuiciones”. Sigue escribiendo, q yo te seguiré leyendo…