A correr, a correr

Me pregunto dónde guardamos nuestra vergüenza, cómo hemos llegado hasta este punto tan patético y lamentable en el que nos encontramos (los hombres y mujeres del mundo occidental).
Me produce una inmensa arcada mirar alrededor y encontrar personas que siendo infelices quieren que el resto estén tan amargados como ellos, gente que se vende por tan poca cosa en su puesto de trabajo que da asco y lástima (más de lo primero), gente que mira hacia otro lado cuando debe enfrentarse a un problema común dejando que otros lo solucionen y salir ileso. Creen ser algo más porque tienen algo más. Y son mucho menos. Aunque lo pinten de color, son grises porque lo que tienen no les hace mejores sino una sombra de lo que debe ser un ser humano.
Sé que voy derecho a pelear una batalla inútil cuando digo estas cosas. Sé que muchos se verán reflejados aquí y correrán a contarlo para que, si puede ser, me crucifiquen en el acto. Y sé que ninguno de ellos se contestará a la pregunta sobre su vergüenza. Tratarán de mantener una cosa muy pequeña que les hace sentir que son más importantes aunque, bien saben ellos, son mediocres, tristes y enanos mentales. Por eso, por eso son como son.
Me produce una inmensa arcada comprobar que nadie quiere saber de nadie. Nadie de nadie. Nadie de nada. Sólo importa la ropa que vestimos, el automóvil que lucimos como monos de feria, la capacidad de trabajo (falsa porque los que trabajamos sabemos que nos pegamos más horas pitando la mona que trabajando de verdad. Mucha comidita, mucha reunión que se dilata de forma absurda entre comentarios sobre la jornada de liga, mucha gilipollez para justificar en casa no sé qué cosa); sólo nos importa lo inmediato aunque se nos llena la boca de un discurso barato que queremos disfrazarlo con palabras gruesas. Solidaridad, profesionalidad, responsabilidad. Cosas así que han perdido su verdadero significado cuando lo ha utilizado tanta gentuza.
Me produce vértigo comprobar que la cultura se ha convertido en un vertedero, la enseñanza en las afueras del vertedero, las artes en un producto de consumo. Un salchichón es lo mismo que una ópera.
Esto es un asco.
Y, ahora, chicos y chicas, a correr. A contar, a comentar, a chivar y a parecer más gilipollas de lo que sois.
Lo peor de todo es que muchos ya estarán pensando que lo que he escrito se lo he dedicado. Eso es lo peor. Sus razones tendrán Yo estaba pensando en abstracto. Lo siento, queridos. Os queréis muy, muy poquito. Y os sentís culpables aunque queráis parecer guays. Unos ridículos. Eso es lo que sois.


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