A pierna suelta

Uno de mis pianistas preferidos es Red Garland. Y uno de los temas que más me hacen disfrutar es The Very Thought of You. Así que mientras escribo lo escucho y mientras usted lee puede hacer lo mismo. Si fuma encienda un cigarro, si bebe rellene su vaso. Si bebe y fuma calcule que morirá algunos años antes de la cuenta. Pero disfrute de la música de Garland. No lo piense más.
Estuve el pasado martes en el Teatro Real. Me acompañaba Guillermo R. El muchacho sufrió un k.o. técnico una hora después de comenzar la función. Apoyó la cabeza en mi hombro y no despertó hasta que no tuvo más remedio. Afirma que lo que vio le encantó. A mí me pasó lo mismo. Me encantó. Aunque no me dormí. Me encantó la ópera de cabo a rabo. Una puesta en escena algo discreta que no me terminó de convencer, pero en conjunto la cosa funcionaba bien porque sobre los que caía el peso al interpretar y al cantar estuvieron francamente notables. Algunos sobresalientes. Y el coro fantástico. Si tienen oportunidad pasen por el Real y echen un vistazo a la obra de Músorgsky. Borís Godunov. Hay entradas de sobra y merece la pena. Se perderán a Guillermo R. durmiendo a pierna suelta (todo un espectáculo), pero acudan, acudan.
Una de las cosas que tiene de bueno ir a la ópera es que ni fumas, ni bebes y (creo) ni piensas. Si disfrutas de lo que ves y de lo que escuchas el pensamiento deja de molestar. Si consumes ópera (son bastantes, no crean) la cosa cambia. Piensas en esto, en aquello, en lo difícil que es el idioma ruso, en la pinta de payaso que tiene el personaje que se ha dejado poner joroba, en que la flautista tiene unos kilitos de más. Piensas en todo menos en lo que toca. Y, encima, sin beber ni fumar. Es de agradecer que el mundo esté lleno de cosas que te permitan dejar de pensar. De lo contrario estaríamos todo el día dando vueltas al asunto de las banderas, al de la monarquía, a la subida del índice ese que nos está destrozando las cuentas de ahorro, dale que dale a lo viejos que estamos, a lo guapos que somos, a lo poco que disfrutamos, a lo mucho que nos debe la humanidad por ser tan estupendos o a la cara de panoli que tiene el presidente del gobierno. Porque la tiene. No hay más que mirar con un poco de atención para darse cuenta. Es parecido al caso de las banderitas en las ventanas y los pastelitos para celebrar eso de ser muy españoles. En este caso la cara de lelo se te queda a ti escuchando esas cosas.
Deberíamos atender más a los niños. Hasta aquí me ha gustado, pero ya no me interesa. Me duermo y cuando acabe todo este lío me avisas. Parece fácil.
Me aburro malgastando el tiempo en pensar lo que no me interesa para poder seguir dentro del mundo. Si no sabes cómo va la liga, que Rajoy se ha disfrazado de presidente del gobierno y Zapatero de dama de las camelias, que la bolsa ha subido o que el vecino del quinto se ha comprado un coche nuevo, si no sabes eso parece que estás de más.
Y la verdad es que me importa un bledo. Lo que ocupa buena parte de lo cotidiano me importa eso, un bledo. Será por eso que me dedico a escribir. Para pertenecer al mundo creado desde el lenguaje solo hace falta dejar de pensar en lo demás. Es como dormir a pierna suelta con cientos de personas alrededor. Eso creo.


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