Ahora es todo

Wallace Stevens dijo que la felicidad es una adquisición. Lo dejó escrito en su libro “Aforismos completos”. Excelente obra que leo con mucha frecuencia. Y ahora escucho The Things You Never Remenber. Todo se junta.
Creo que es verdad. Ser feliz es un logro arrancado a la realidad, a la experiencia personal de cada uno de nosotros. Tiene mucho que ver con un mundo que se hace real a medida que se conoce. La felicidad es tan cierta como de verdad el mundo (si es que puede decirse así) y aparece –la felicidad- cuando el entorno se deja ver. Simpático, desagradable, atemorizando, oprimiendo, bello, horrible, insensato o irónico. Es el propio mundo el que se convierte en una entidad dentro del observador que, a su vez, se convierte en una entidad dentro del mundo descubierto.
No se es feliz sin más. No. Eso sólo ocurre en el mundo de la ficción, ese que no conoce nadie y que sirve para explicar una realidad. La que vivimos ciertamente y se expande con el pensamiento. Tan rápido que dejamos de comprenderla al mismo tiempo que la conciencia se escapa de nuestro control.
Ayer estuvimos en la exposición “Roma. S.P.Q.R.”. Casi todos. Gonzalo dijo que debía estudiar. La exposición es muy recomendable. Incluso Guzmán se fijó en algunas cosas con verdadero interés. Al salir, mientras la pequeña Gimena, que estrenaba su primer año, merendaba; los niños jugaron con espadas, escudos, tridentes y no sé qué más cosas. Parecían felices. Todos los niños lo parecen cuando tienen un juguete en las manos. Pensé que estaban convirtiendo la historia en algo cotidiano, tan cercano como los autobuses que pasaban frente al museo. La historia adquiría sentido para ellos en ese momento. En ese instante. El pasado (igual que el futuro) no son nada sin el momento vivido aquí y ahora. Lo que ocurrió, lo que ha de suceder, se convierten en zonas explicativas de este mundo, no del que configuraban en el momento de suceder o en el que ocuparan. Si hablamos de historia, lo que no sea así, es especulación y retórica.
Ser feliz es entender el mundo, todo lo que ha sucedido desde el principio de los tiempos, poderlo cambiar construyéndolo desde la palabra. Hablando de él. Si narramos nuestra realidad la comprendemos y se produce un cambio en la percepción, en nuestra verdad, porque la verdad es lo vivido por un ser humano. Igual que los niños preguntan para edificar su realidad (la única verdadera por vivida), para alejarse de una ficción que, a pesar de todo, necesitan para vivir, los adultos afirmamos, mentimos y preguntamos para descansar lo antes posible en ese territorio que tanto anhelamos: una existencia soportada por la sabiduría, por el entendimiento de nuestra propia experiencia.
Gimena tiene ya un año y vive agarrada a su chupete, al biberón y a su peluche. Guzmán reduce la cosa a su festival de navidad, a los dibujos animados y a los cuentos que escucha cada noche antes de dormir. Guillermo descubre la mitología, corre con la música sobre los hombros arrastrando su afán de superación. Gonzalo cuelga de las chicas y del negar todo lo que tiene enfrente. Silvia y yo empezamos a vivir del pasado revisado con la verdad que manejamos ahora. Nuestra verdad en nuestro aquí y ahora, nuestro pasado y el futuro inmediato o lejano.
Por eso conviene no olvidar nada de lo que pasa. Por eso hay que formularse preguntas que lleven a otras. Eso o jugar con espadas de plástico creyendo que las legiones romanas están a la vuelta de la esquina.


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