Bonitas historias de amor. 3

– Papá, mamá, este es Arturo, mi novio.
– Ay, que disgusto me das hija mía. Pero si es un vagabundo, está lleno de mierda y huele que apesta.
– A mí me gusta. Y eso es lo que importa.
– Espere, espere, Arturo, ahora podrá hablar si es que se lo permite la cogorza que lleva encima. Hija, ¿has pensado en que con este hombre no vas a tener un techo? ¿Y tu porvenir? ¿Querrás tener pequeños indigentes en vez de hijos? ¿Acaso quedan esquinas libres en las que poder pedir limosna? ¿Has pensado en todo eso?
– Pues no, la verdad es que no había caído. Espera Arturo, deja que me lo piense y luego dices lo que quieras.
– Es que quiero orinar, joder.
– Arturo, fuera de mi casa. Me tenías engañada del todo. Y lo de orinar lo dejas para la escalera.
– Pues vale. Adiós señores, un placer. Por cierto, ¿no tendrán unos eurillos? Por las molestias más que nada.
– Arturo. Fuera.


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