Borregos o algo

Mientras los obispos continúan opinando desde los púlpitos como si estuvieran hablando con las sociedades medievales; mientras los políticos siguen metiendo mano en los bolsillos de los ciudadanos haciéndoles creer que la culpa de todo lo que está pasando es de ellos (de los ciudadanos), tratando como idiotas a todo el que se mueve; mientras los banqueros siguen haciendo su agosto con el dinero público al mismo tiempo que lloriquean por una ruina que han provocado ellos mismos y cargan sobre las espaldas de los demás; algunos han decidido pegarse un tiro en la plaza del pueblo. Esto es algo que se estaba viendo venir. La desesperación de las personas las convierte en seres indefensos, acobardados, sin esperanza. Y así no se puede vivir. Nadie puede hacerlo. Ni siquiera podrían hacerlo los obispos, ni los banqueros, ni los políticos. Todo tiene un límite. Perder la dignidad como persona es el final de cualquiera. Y nos la están arrebatando sin que protestemos, sin que movamos un dedo por evitarlo.
No quisiera ser agorero, pero me temo que esto sólo es el principio. Tal vez sea el comienzo de la verdadera revolución que todos estamos esperando. Porque el euribor, finalmente, se traduce en familias sin una casa en la que poder dormir; porque los recortes aparecen como cadáveres sobre la mesa en la que se realizan las autopsias; porque los programas políticos mentirosos y antisociales se terminan sirviendo en los comedores sociales repletos de personas sin futuro; porque el dinero se hace yugo mostrenco del sujeto que no aguanta su peso y cae derrumbado para siempre. Tanto marear la perdiz no puede traer nada bueno. Unos pocos están jugando a inventar el mundo sin querer darse cuenta de que lo que están reinventando es la esclavitud de toda una civilización. Un hombre jubilado se ha volado la tapa de los sesos. Ya veremos si esta contabilidad; la de los muertos, pero, sobre todo, la de los que no quieren que les maten de hambre como a perros; no genera un movimiento social de proporciones poderosas y descontroladas. Si las cuentas no me fallan son muchos más lo que ya no tienen nada que perder que los que seguimos instalados en el bienestar. Quien no quiera ver esto se está cavando su propia tumba.
Pero mientras, cada uno va a lo suyo. Un ministro que dice que la mujer no lo es si no es madre (este es tonto de remate), un obispo que predica junto a una bandera inconstitucional y publica guías para que los homosexuales se curen (impresionante que un tipo así ande suelto), todos amenazando con que la cosa puede ir a peor si no bajamos la cabeza y tragamos con lo que nos van diciendo. Todos metiendo miedo con lo temporal y lo eterno, con Dios y con su idolatrado dinero.
No entiendo qué sucede en este mundo. Por más que meten el dedo en la herida esta banda de impresentables nadie hace nada. ¿Tendrá que quemarse a lo bonzo un jubilado frente al parlamento para que reaccionemos? ¿Seguiremos mucho tiempo creyendo que los índices económicos, las tendencias bursátiles o la prima de riesgo, forman parte de nuestra realidad o seremos capaces de ver a las personas que sufren tras tanta majadería? ¿Somos tan borregos como parece? Miedo me da dar una respuesta a todo esto.


1 Respuesta en “Borregos o algo”

  • ana ha escrito:

    he utilizado la imagen en mi blog, me ha parecido muy gráfica para ilustrar un texto que me han mandado