Brindis

Jamás habló con ella, nunca tuvo la posibilidad de acercarse para saber cómo sonaba su respiración. Sólo la vio durante cinco o seis segundos. Aunque fue suficiente. Las miradas encontradas, ese gesto de ella (que no terminó) inicio de un paso, las puertas del vagón que se cerraban para siempre. No hubiera sabido explicarlo, pero era ella.
Después de quince años (quizás alguno más) seguía viendo ese rostro con nitidez. La única certeza que recuerda.
Ahora, se ajusta el nudo de la corbata. Gris perla. El flequillo se sostiene perfecto. Los zapatos brillan. Alguien le pide que se apure. Tiene que ser el primero en llegar. Se sienta en la cama. Con tranquilidad. Viejos amores en la cabeza, los amigos, los disgustos, el viaje a Siberia del que casi no regresa. Y ese rostro. Era aquella. Se lleva las manos a los ojos y frota con rapidez. Le vuelven a decir que hay que salir ya. Le gustaría decir que no, deshacer el nudo de la corbata y seguir esperando. Durante años se ha repetido que nunca se sabe.
Agarra el pomo de la puerta. Abre. Sonríe. Estás desencajado, le dice alguien. Los nervios son fatales, dice otro. Alguien pide un tila. Antes de dar el primer sorbo, brinda en silencio. Por una vida entera que no fue.


4 Respuestas en “Brindis”

  • Nuria A. ha escrito:

    Hay algunos trenes que no hay que dejar pasar nunca. No vuelven y el peso de la ausencia dura toda la vida.

  • Edda ha escrito:

    El tren que no se cogió fue el que se llevó nuestro destino. Eso es lo que pensamos siempre. Lo que nos permite soñar. Lo que nos mantiene vivos. Y lo que nos impide muchas veces disfrutar del viaje que hemos emprendido.

  • Poma ha escrito:

    Condenarse a la peor de las nostalgias, la de lo que núnca fué.

  • MERCHE ha escrito:

    Trenes perdidos.. son lo más recordados…