Carros y carretas

Conozco a A. hace ya muchos años. Siempre que ha hecho falta ha estado en el lugar exacto. Parece estar siempre en compañía de la palabra que es necesario escuchar.

Ha sufrido mucho. Creo que ahora sigue haciéndolo. Las parejas que lo quieren destruir todo lo terminan haciendo. La suya se ha mostrado especialmente interesada en hacerlo. La salud tampoco ha acompañado a A. estos últimos meses. Está aguantando carros y carretas. Un pequeño desastre. Aunque la buena noticia es que ahí está. En el mismo lugar de siempre, intentando retirarte del camino en el que otros carros y otras carretas (los propios) están a punto de hacerte picadillo.

Si no me equivoco son ocho años los que han pasado desde que nos conocimos en una estación de ferrocarril. Han sido muchas conversaciones, algún que otro desencuentro, llamadas telefónicas para anunciarnos los nacimientos, las pérdidas, las alegrías y los desastres personales.

La amistad está por encima de todo. Incluso de la propia pareja si es que la suerte no acompaña y esa amistad ha desaparecido y todo se convierte en rutina e inercia, si la amistad hay que buscarla fuera de casa. Y como está por encima de todo escribo esta pequeña nota. Sé que lee este blog. Cada día. Y sé que lo toma como referencia y medida de lo que sucede a mi alrededor. Ahora ya sabe que, pase lo que pase, me siento afortunado. Es un privilegio, tal y como están las cosas, poder decir algo así. Amigos por siempre jamás.


Comentarios cerrados.