mar 6 2011

Pasados

Somos lo que acumulamos desde que nacemos. La primera caricia de nuestra madre marca la vida inevitablemente y arrastramos cualquier detalle desde el comienzo, desde ese primer contacto con el oxígeno que arde en los pulmones. Ese es el primer sumando de millones de ellos. Por eso, porque todo lo que recibimos lo integramos, no podemos modificar nada de lo que forma parte de nuestra identidad. Si pudiéramos borrar algo del pasado dejaríamos de ser nosotros. Por supuesto, no podemos.
Lo mismo ocurre con los personajes de novela. Ni siquiera la ficción permite que un pasado concreto haga llegar a un personaje al lugar equivocado. No podemos crear un personaje haciendo de él una suma de retazos inconexos. Y, del mismo modo que en la vida real, debemos pensar en el diseño de lo anterior porque necesitamos un futuro inmediato. No cualquier futuro sino el que corresponde. Por supuesto, digo esto alejado de un determinismo en el que no creo. El ser humano, a pesar de todo, se desarrolla gracias a su libre albedrío.
Si, por ejemplo, usted intenta pensar una vida distinta a la que ha tenido no lograría dar un paso en firme, se derrumbaría como un edificio mal construido. Estará pensando en otra persona y no en otra vida. Todos quisiéramos poder borrar algo de lo ocurrido (por pequeño que sea). De hecho maquillamos parte de nuestro pasado con cosméticos baratos (la mentira, la negación o cosas así). Todos nos marcamos objetivos al principio que no alcanzamos, que ni siquiera rozamos. A todos nos ha jugado una mala pasada el destino o una decisión equivocada. Pero ninguno logra ser diferente eliminando sumandos. Ninguno. Sólo podemos añadir, amontonar experiencias para corregir eso que no nos gusta. Aunque el montón sea de estiércol.
Queremos modificar el pasado cuando lo que intentamos es tener un futuro más parecido a lo que un día imaginamos sin saberlo.
Pues en literatura pasa exactamente lo mismo. Colocamos a un personaje en una situación determinada. Deseamos crear una trama en la que el personaje evolucione. Pero para que eso ocurra no podemos imaginar cualquier pasado. No. Ese personaje funciona porque tiene alma y es deudor de un pasado. No del pasado sino de un pasado. Del que emana una creación literaria que tiende a ser única y exclusiva.
Un escritor no puede olvidar que existen unas reglas. No se trata de una ciencia. No se trata de un guión o manual que tenga que seguir al pie de la letra. Es mucho más sencillo. Hay que dar la mano al personaje, comer con él, caminar con él, sentir con él, intentar averiguar qué le pasó para entender las cosas de esa forma tan exclusiva. En esta vida no se puede andar con invenciones sobre lo que pase. Todo tiene un porqué, todo obedece a algo concreto. Incluso nuestra imaginación, nuestro afán por corregir una realidad, nuestro deseo de teñir lo que sucede. Lo difícil es saber dónde buscar. Eso forma parte de la literatura de peso. Cuando una buena trama no funciona, el problema aparece en el mismo lugar. Sin personaje no hay nada que hacer. Porque el personaje en literatura es su pasado y su presente. Como cualquiera que esté leyendo esto.


nov 1 2010

Nuevos finalistas del I Premio de Microrrelatos “Renacer en un Verso”

Los nuevos finalistas del I Premio de Microrrelatos “Renacer en un verso” son los siguientes:

Categoría A:

EL MAR, LA MAR
- No hay vocación transmisible cuando lo sentimental del oficio alcanza un punto barroco.- Dice el pescador que dejó de serlo. – Encontraremos mil ballenas varadas sin testificar el temblor marino.- Toma los prismáticos. Gravita sobre Isla Hormiga como un satélite y la isla se redondea. – No sobrellevamos la fuga del pirata malogrado en las películas. Sentirse pirata a media tarde, renacer en un verso sobre la mar: instantes que desaparecerán bajo un nuevo peso. – Musito “¿de dónde emerge semejante lobo bibliotecario?” Advierto su gesto pícaro, su Pasado obviado. “Navegante, no hay estela”, le digo al poeta que dejó de serlo.
Autora: Irene T.

LA –C- ircunferencia la cierras tÚ
El juego comienza ahora, mientras escribo.
“Quedé finalista. Te paso el link”
El juego comienza aquí, aunque no sé cuando ha empezado. Es un círculo vicioso.¿Te das cuenta? No sé cómo pararlo. Punto y seguido. Cierra los ojos. Escucha “Romeo and Juliet”… Cien palabras, pero podemos alargarlo. Cierra los ojos. Y continua. Lee: “No te veo. Bien sé”. ¿No entiendes que renacer en un verso es cuestión de un “escucha o lee esto que a mí me hace temblar”?
Sí. Este mensaje es para ti. Y continúa. Te espero en la esquina donde empezó todo en dos horas. Punto.
Autora: Marta F.

GÉNESIS
Y Dios descansó al séptimo día. Preparó el lugar de descanso y dijo: Sólo hablaré el día que el hombre me haga renacer en un verso. Los hagiógrafos no le escucharon (celebraban estar vivos), no tomaron nota y él sigue dormido. Sin saber lo que ocurre.
Autor: Víctor H.

Categoría B:

VIEJAS ILUSIONES
Seguía con ese libro entre las manos, los dedos arrugados acariciaban como si
intentara calmarlo. Ojos examinando veloces de renglón en renglón. Fruncía el
ceño, se removía en la silla y de vez en cuando sujetaba su mentón con un puño.
- Cariño, ¿por qué sigues clavado en esa silla?
- Creo que intento renacer en un verso.
- ¿Cómo?
- Pude hacerlo hace un tiempo, y el problema es que ya no soy la misma persona que lo leyó.
Autora: Ane Nekane B.

EN PRIMER, SEGUNDO Y TERCER LUGAR
Suena el teléfono. ¿Qué coño quieres ahora? Sólo necesito que me escuches. Cinco minutos, te lo juro. Él se enciende un cigarro. Ella apoya la espalda contra la pared del balcón. Espera. Tengo que irme. Yo sólo quería… Responde el pitido en la otra línea. Es siempre igual y ya no queda ni el deseo de renacer en un verso.
Sigue esperando. Hay mucho sol afuera. Y nada de viento, los árboles no se mueven. Hoy pasa, podría haber sido distinto. Pero las cosas siguen igual. No importa ya. Nada tiene nada que ver.
Autora: Maria B.

SEXOPOESÍA
Renacer en un verso sólo puede conseguirse alcanzando un estado maravilloso que se produce al unir la mente con un bolígrafo. Se agarra la herramienta, se acaricia con suavidad. La tinta fluye dejando una marca en el papel que irá creciendo al pasar el tiempo. Y llega el momento en que lo escrito toma forma única y exclusiva. Se recomienda mantener estas relaciones a diario.
Autor: Juan Mª F.

El próximo lunes se publicarán los relatos finalistas de la semana en curso.


oct 2 2010

Heroísmo

Caminaba entre los soldados que descansaban sin soltar el arma. Pronto escucharían el ruido del silbato. Un pitido agudo y eterno que les indicaría el momento de morir. Unos se apoyaban en las paredes de la trinchera; otros, sentados, hablaban entre ellos, jugaban a los dados o escribían en papeles arrugados. Muchos gastaban bromas a los más nuevos entre carcajadas. Siempre es lo mismo, pensó, cuanto más nerviosos están más se ríen. El sonido de un obús que llegaba hizo que todos hicieran un gesto rápido, casi histérico, como si pudieran hacerse más pequeños sobre el barro. Estalló cincuenta metros más allá de la trinchera. En tierra de nadie, gritó, pero cuidado que estarán corrigiendo el tiro. El próximo le arrancará los huevos de cuajo a unos cuantos. Y al escucharle algunos rieron. Los más asustados.
El silbato. Hombres subiendo por las paredes de barro, algunos cayendo con el cráneo agujereado, con el pecho humeante. Ruido de obuses. Cuatro o cinco al mismo tiempo. El humo no deja ver. Ruido, sólo ruido. Gritos. Disparos.
Pararon para descansar a medio camino. No habían sobrevivido ni un tercio de los hombres. Se cubrían con el cuerpo de los muertos. También de los heridos que maldecían a los suyos. Apoyó la cabeza sobre el cuerpo de un hombre al que había conocido poco antes. El silbato sonaba, pero nadie hacía caso. Fue entonces cuando un sonido parecido al de su silbato pudo escucharse. El enemigo. En un minuto los tendrían enfrente, con las bayonetas caladas, queriéndoles aniquilar. Los hombres comenzaron a correr en la dirección equivocada, no era una opción eso de huir como conejos. Aguantaron la posición quince o veinte.
Los gritos se acercan. Ya puede oírse cada pisada. Alguien ordena no parar hasta llegar a la trinchera de esos cabrones. Aquí hemos venido a que nos arranquen la vida y si no son ellos seré yo mismo. Un hombre pasa por encima de él y sigue corriendo. Otro más. Deben pensar que está muerto. Huele a sangre. Intenta no mover un solo músculo. Quizás tenga suerte. Un dolor repentino en los riñones. Insoportable. Siente que se le viene la sangre a la boca.
Trasladaron los cuerpos en carros de los que tiraban los prisioneros. El suyo estaba debajo de todos los demás. Aplastado, sucio, irreconocible.
El regimiento, dos mil quinientos hombres, se había reducido a treinta y nueve. Pasó a la historia de su país como el que mayor número de bajas sumó durante toda la guerra, como un ejemplo de heroísmo.


ago 19 2010

Lógica de escape (V y final)

- Hola, ya estoy en casa. Oye, te tengo que contar. Menudo día de trabajo. Vengo hasta el moño. Además acabo de hablar con mi madre por teléfono y, nada más colgar, me ha llamado Cristina para contarme la cena de ayer. Espera que me cambio y te pongo al día.
- Júpiter, vamos a la calle.
- Será cabrón este tío. Ya se ha ido otra vez. Luego dirá que no me intereso por él.


ago 18 2010

Lógica de escape (IV)

- ¿Recuerdas el día que nos conocimos? Estabas preciosa. Nunca olvidaré tu sonrisa. Sí, estaba preciosa. Tú también lo estabas. Nunca olvidaré lo elegante que fuiste conmigo.
- ¿Quieres dejar de mirar fotos? Estas todo el día perdiendo el tiempo. Hay que pasear a Júpiter.
- Vale, vale. Por cierto, ¿recuerdas el día que nos conocimos? Estabas preciosa.
- Sí, estaba preciosa, eso seguro. Lo que no recuerdo es ese día al que te refieres. Ha pasado mucho tiempo.
- Júpiter, vamos a la calle.