- Tranquila. Ya verás como todo sale bien. No pienses más en ello.
- Si es que le quiero. No puedo evitarlo. Si fuera capaz me lo quitaría de la cabeza ahora mismo.
- Venga, deja de llorar. Quizás no tengas razón. No sé, es posible que sean imaginaciones tuyas y nada más.
- Sé que está con otra. Son muchos años con él como para no darme cuenta. ¿Qué clase de mujer puede destrozar un matrimonio de esta forma? ¿Quieres saberlo? Una zorra, una mujer sin escrúpulos que quiere ver cómo a todo el mundo le puede pasar lo mismo, que intenta justificar su mierda de vida jodiendo la de los demás.
- Bueno, no creo que tenga que ser así. Eso es generalizar demasiado.
- No lo es. Sólo una papanatas luciendo lazos y calcetines o una puta puede hacer tanto daño. Cuando hables con mi marido cuéntale todo esto.
- ¿No será mejor que se lo digas tú? Y deja de llorar, no te lleva a ningún sitio que sea bueno para ti.
- También le puedes decir que me ha fallado, que es mi gran decepción. Qué fácil es cambiar un mal polvo por toda una vida. Pero claro, yo friego el suelo, lavo sus camisas y llego reventada a casa. Así nadie puede gustar al otro. Por cierto, no te molestes conmigo, pero tanto maquillaje te sienta fatal. Y a nuestra edad ya no podemos esperar milagros. En cualquier momento te cambian por una cara más mona y unas tetas en su sitio.
- Me tengo que ir. Ya te llamaré para saber cómo te encuentras. Dame un beso. Hasta pronto.
Suena la puerta al cerrarse. Agarra una servilleta de papel y se limpia el carrillo izquierdo con fuerza. No le parece suficiente y corre al baño para lavarse la cara.
- Se acabó. Repartimos las cosas y cada uno por su lado, dice ella mientras llena su taza de café por tercera vez.
- Pero si vivimos en un piso alquilado y amueblado, no tenemos hijos, no hemos ahorrado ni un euro. ¿Qué quieres repartir si no tenemos nada?, dice moviendo la cabeza negando.
- El tiempo que hemos pasado juntos. Tú te quedas con los malos momentos y yo con los buenos.
- Eso no puede hacerse, deja ya de decir tonterías.
- Claro que se puede. Tú ya lo has hecho sin darte cuenta. Queda que yo recoja mi parte y me vaya, contesta mientras una lágrima escapa delatora de su ojo derecho.
Del diario TAES 278.90.766.0 rescatado el 1 kapma del tiempo Ecen.
Ahora sí que sí. Mi versatilidad es total, casi siniestra. Mi tamaño es algo mayor que el de la versión anterior y, tras mucho discutir con el jefe de genética ambipolarizada, he logrado que se mantuviesen las dimensiones proporcionadas. El informe dice que mi aterrizaje se producirá junto a un lugar llamado Monasterio de Silos. Parece ser que allí sólo viven personas inhibidas sexualmente y, por tanto, el tamaño de mi órgano reproductor simulado no provocará ninguna reacción en los objetivos. Los estilistas me han confeccionado un traje multiusos. Me aseguran que podré convivir con los habitantes de Silos y me servirá para cazar humanos en los alrededores. Se trata de una escafandra ajustada desde el cuello. Se ensancha en la zona del órgano de reproducción simulado. Y para llamar la atención de las presas han incorporado unas lucecitas que se encienden y apagan. Se puede leer tranca barata. Por lo visto es algo que llamará la atención sin duda alguna. Envió esta grabación cinco minutos antes de tomar tierra. Pronto volveré con el trabajo bien hecho. Me tiembla todo el cuerpo de la emoción. Documento sonoro número 1 rescatado de lo que quedó de G. tras su paso por el Monasterio de Silos.
- Dios Mío, milagro, milagro. El Señor nos ha enviado en un carro de fuego un ser maravilloso.
- Menuda tranca, por el amor de Dios. Corre, corre, llama al prior. Oh, ¿y esas luces?, ¿los lees, hermano Pedro?, es un regalo divino. Pedro, Pedro, no te pases. Menuda tranca. Esto es un milagro. Mejor llamamos al prior cuando deje de rezar.
Nota: Poco después se pueden escuchar ruidos extraños mientras G. 2.3 se pregunta en voz alta sobre el lugar del que han salido los cabrones de información. Algo dice sobre los estilistas que no está muy claro. Con todas las reservas, podríamos afirmar que se caga en sus muertos. Pero no es seguro. Documento sonoro número 789 rescatado de lo que quedó de G. tras su paso por el Monasterio de Silos. El resto de documentos sonoros son reiterativos. Gemidos y cosas así mientras G. 2.3 se refiere a estilistas y servicio de información.
- Le vais a reventar, hermanos. Vaya si antes lo digo antes ocurre. Venga, venga, hermanos. La tranca la metemos en un relicario. ¿El resto? A la basura.
Nota: Los restos de G. 2.3 se pudieron recuperar con el descompensador celular. Su órgano reproductor no. Se introdujo en una caja extraña con puertecitas frente a la que se sientan los habitantes de Silos moviendo con una especie de tic su mano derecha.
Del diario TAES 278.90.765.9 rescatado el 31 kaes del tiempo Epen.
Reporte de G. 2.0 (prefiere que le llamen G. a secas. Como su padre. Él fue el primero de nuestra especie que intentó la invasión del planeta Tierra. Sin suerte).
He llegado a bordo de un último modelo de transportador interespacial TAES que se ha destruido dos horas después del aterrizaje según lo previsto. Pienso conquistar este planetucho. Sea como sea. He revisado el trabajo de mi padre y los errores que cometió me han servido para planificar el trabajo al milímetro.
De momento, mi aspecto es mucho más discreto. He conservado, en recuerdo a mi padre, un pene algo descompensado con el resto del cuerpo. No me preocupa puesto que es algo muy valorado entre algunos habitantes de la Tierra y puede servirme de gran ayuda. Podríamos decir que soy una monada. La cámara y micrófono los he incorporado con astucia en mi cráneo flexible. Aquí comienza mi tiempo de gloria. Documento sonoro número 1 rescatado de lo que quedó de G. tras su paso por Morón de la Frontera.
- Deja al bicho, ya, cojones. Joder con el niño. Que no toques al enano he dicho.
- Pero es que yo quiero jugar con él, papa.
- O le dejas o te meto una chuleta que te jodo. A tomar por culo de aquí. Charo, a ver que hacemos con el bicho. Se ha cagado.
- Qué mono es. ¿Le adoptamos? No pongas esa cara, Pepe, no es para tanto. Los obreros nunca tenemos dinero para nada, pero para comer siempre habrá algo.
- Prefiero adoptar a un votante del PP. Mañana le vendo en la plaza.
Nota: Durante la conversación mantenida entre los dos humanos con bigote se pueden escuchar los quejidos de G. que, atado a una pata de cama, intenta escapar. Su enorme pene le impide coordinar los movimientos y se pueden oír los ruidos sordos que provoca al caer. Documento sonoro número 2 rescatado de lo que quedó de G. tras su paso por Morón de la Frontera.
- Hay que joderse que tranca tiene el puto bicho. Será cabrón, me ha mordido.
- Pepe, hijo mío, le has aplastado el cuerpecito. Pobre criatura.
- Da igual. La tranca sigue como nueva.
- Anda, tira eso ahora mismo. Bestia.
Nota: Se pudo rescatar a G. de entre restos repugnantes de alimentos. Dentro de un cubo. No se pudo hacer nada por él. Se está preparando una versión mucho más avanzada de un G. más versátil y resistente. Será enviado a un núcleo conocido como monasterio de Silos.
(Extracto de la entrevista realizada a Luiguiertz Mui, jefe de operaciones especiales)
La invasión fue un auténtico fracaso.
Enviamos a los mejores pilotos, las mejores naves, equipos capaces de almacenar lo necesario para lograr una réplica exacta del planeta objetivo. Todo debía ser rápido, eficaz, mortífero. Pero, al llegar, todo tipo de vida había desaparecido, las aguas eran tóxicas, la atmósfera (tan envidiada por nuestro pueblo durante miles de años) era incompatible con cualquier cosa que pudiéramos haber imaginado con tiempo suficiente. Estudiamos sus colmenas y nadie supo explicar cómo era posible estructurar el caos con aquel otro caos. Tan sólo algunos edificios parecían tener actividad. Eran los que estaban retirados de los núcleos habitables. Al entrar en ellos, las mediciones de materiales prohibidos en nuestro planeta fueron alarmantes. Eran las únicas chimeneas que expulsaban un humo que acabó con el cuarenta por ciento del personal de nuestra misión.
Pasarán muchos miles de años antes de poder regresar para intentar traer a nuestro planeta algo que se pueda aprovechar.
Tal vez, lo único por lo que ha merecido la pena ir hasta allí, fueron esos curiosos objetos que encontró nuestro piloto especial Urmerz Tai. Ya saben, lo que creemos que fue un arma mortal que utilizaron para acabar unos con otros. Papeles (todos similares) y pequeños trozos circulares de metal tallado No entendemos cómo podrían dañarse hasta la muerte con algo así aunque, revisados los documentos que pudimos rescatar, no tenemos duda acerca de lo lesivos que podían llegar a ser. Las últimas comunicaciones entre personas hablaban siempre de lo mismo. Dinero.
Todo es inexplicable. Se lo aseguro.
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