Silencio
Perspectivas
- Te odio. Detesto lo que representas. Y te deseo lo peor que alguien puede llegar a imaginar.
- Ni eres la primera ni serás la última.
- ¿Te sientes orgulloso de algo así? No tienes buen fondo. Eres muy malo.
- No, no me siento orgulloso. Pero te recuerdo que la que odias, detestas y pides una hecatombe, eres tú.
- No, si al final seré yo la culpable. Que cara más dura.
- Cada barco debe aguantar su vela. Son las reglas del juego, querida.
Una vida mejor y llena de éxitos
Antes de la última cena, los doce se sentaron alrededor de una higuera. Hablaron entre ellos, con tranquilidad, intuyendo una vida mucho mejor, llena de grandes éxitos. Sólo uno parecía ausente.
- A ti qué te pasa, J. Estás atontado. Bebe, anda, que tienes mala cara.
- ¿Mala cara? Esto no es nada con la que me viene encima.
- No exageres. Todo tiene solución. Ahora, hasta la muerte la tiene. Ya has escuchado al maestro.
- Me parece a mí que habrá que matizar algunas cositas.
Llegó el maestro. Antes de entrar en la tienda que acababan de montar, agarró a J. del brazo apartándole del grupo.
- Siempre has sido el más crítico de todos. Creo que mereces más que los demás. Efectivamente, todo esto tiene algo de circo. Conviene que no tentemos la suerte. Imagínate si alguno se caga y delata al resto o dice que soy un tal o un cual. No salimos de esta, fijo.
- O sea, que si me ahorco o algo estoy jodido ¿no?
- Bueno, tampoco hay que ponerse así. Es lo mismo que si me pongo a pensar que a mi me pueden crucificar. No te dejes llevar por la paranoia.
- Vamos a beber ese vinito que tienen estos. Será lo mejor.
Sencilla explicación de la situación económica actual
- Hay que joderse. Qué raras son las personas. Llevamos jugando con ellos siglos y no hay forma de acabar con esta plaga.
- Satán, Satán, Satán. No te enteras de nada. Te dije que mi jugada era una obra maestra. Eso de repartir esperanza nunca falla. Por más que les intentes desalentar van a seguir adelante. Hazme caso que para eso soy Dios. Mueve ficha, anda.
- Espera, espera. Estoy dudando entre una guerra cruel y despiadada o un poco más de libertad. Deja que piense.
- Satán, juegas muy mal, coño. Llevamos siglos de partida y no te enteras de nada. Si les das libertad pierdes el tiempo. ¿No ves que la que les di yo se la quitan ellos mismos? Se ponen a pensar, escriben cuatro libros y es como si no hubieras hecho nada. Prueba con desastres naturales o con un presidente norteamericano gilipollas. Es más eficaz.
- No me hagas líos. Eso ya me lo dijiste y no sirvió de nada. Ya lo tengo. Dinero, les voy a joder el rollo del dinero.
- ¿Lo ves? Ya vas aprendiendo un poquito. Venga. A ver que pasa. Pero te recuerdo que me queda la ficha de Dios, Uno y Trino. Luego no me vengas con que hago trampas ni nada de eso.





