jun 28 2014

Yo no soy aforado

Pues ya lo ven ustedes. Aquí estoy como cada sábado. Y ni estoy aforado ni nada de nada.
En realidad, esto no debería ser motivo de comentario, pero me siento extraño, me da la sensación de estar rodeado por ellos. Allá donde miro encuentro hombres y mujeres que son o serán aforados. Esto es algo extraordinario.
Yo no lo soy, ni lo seré, ni siento el más mínimo interés por llegar a serlo. Ni me dedico a la política, ni soy juez, ni creo que me nombren rey. Debe ser que no tengo nada que ocultar y ningún miedo a que me juzgue (en el caso que sea necesario) un juez sea cual sea. Debe ser que ando por el mundo sin problemas que tengan que ver con la evasión de capitales, que pago mis impuestos religiosamente y no tengo previsto cometer delito alguno. Soy de los que creen que los malos ingresan en prisión y los buenos podemos tener una vida normal. Es más, si algún día cometo un delito por el que tenga que pagar con la prisión, con una buena cantidad de euros o con lo que sea, quiero poderlo hacer con la misma tranquilidad con la que vivo. Lo de vestirse por los pies es algo que llevo a gala y no me pienso apear del burro. Digo esto porque no dejo de ver aforados, pero, al mismo tiempo, veo imputados (eternos o algo así, dado el tiempo que lo están) e indultados.
No, no entiendo tanto alboroto en algunos casos porque fulano o mengano no estén aforados. Y me inquieta, y me hace sospechar, y me irrita; y, sobre todo, me aburre que es un primor. Tampoco entiendo la razón por la que algunos imputados no pisan la cárcel de una vez por todas (a algunos se les permite vivir en países extranjeros) ni la razón por la que se indulta a verdaderos sinvergüenzas.
Cada día la misma canción. Una lata.
Hagamos una pausa. Ya he dicho que esto me divierte poco. Una breve interrupción para aclarar que no soy de los que piensa que esta época que vivimos es la peor de la historia y que tenemos corruptos en cada rincón. Eso era antes. Lo que sucede es que, primero, ahora se saben muchas cosas que antes no (los medios de comunicación sirven para que esto sea así) y, segundo, no queremos que suceda (antes estaba tan instalada la corrupción en determinadas clases sociales que parecía parte del juego). Esta época es menos oscura y, afortunadamente, la gente sabe qué derechos tiene y qué deberes no hay que dejar de cumplir. Vamos a seguir con el tostón que les estaba comentando.
No soy aforado. Por suerte no tengo que soportar una carga que otros se apresuran a echarse sobre la espalda. Porque esto es muy gracioso. Ahora resulta que no lo ven como un privilegio sino como algo que supone una losa que llevan a cuestas sin que valoremos que nos hacen un favor con el servicio público que realizan. Habría que recordar a todos que son voluntarios, que ni uno solo ocupa su cargo por imposición. No soy aforado y voy por la vida sin temor alguno a que me denuncien o me salgan hijos en distintas provincias españolas. Será por eso por lo que me pregunto a qué vienen tantas prisas y tanto cerrar filas alrededor de los aforados. No sé. A mí me resulta extraño y me provoca (su actitud) que haga preguntas. Por ejemplo ¿a qué temen, a quién temen? Si no es un privilegio ¿por qué tantas carreras para aforar a unos y a otros? ¿Por qué aforar a alguien por lo que fue? Me dice uno de ellos que la idea no es proteger a las personas y sí a las instituciones, que las presiones que se podrían llegar a ejercer sobre los magistrados en el caso de juzgar a cargos públicos de responsabilidad sería nefasta. Claro, claro. Presiones. Y le contesto que esto se podría arreglar utilizando alguna fórmula diferente a la de aforar a medio país. No sé, se me ocurre una cosa muy sencilla: dejar de presionar. Ahora, él ríe poniendo cara de eres un ignorante, no sabes el país en el que vives. Yo no he presionado a nadie nunca jamás, le digo. Mira, hoy he llamado a una compañía de seguros y antes de hablar con uno de los agentes, me he tenido que tragar un mensajito grabado que decía: para proporcionarle un mejor servicio esta conversación podría ser grabada. Se me ocurre que, por ejemplo, los jueces en sus teléfonos tengan grabado un mensaje que diga: si tiene usted intención de presionarme por alguna razón no lo haga porque esta conversación va a ser grabada y el trallazo que le puedo meter es importante. Insisto en que no conozco a nadie que presione a los jueces o a los reyes o a los políticos. Ni siquiera conozco a nadie que tenga su teléfono. Supongo que ellos si tienen los de unos y los de otros. Anda, igual se presionan entre los aforados. Qué cosas. No, pero no voy a pensar mal. Comprenderás que es sorprendente que problemas tan sencillos se nos vendan como irresolubles. Tan sorprendente como ver las distintas velocidades que llevan para unas cosas u otras. ¿Te imaginas a un fiscal contestando un auto al día siguiente? A mí me habían dicho que eso era imposible, que escribir más de setenta folios lleva su tiempo. Pues es posible. Te lo digo yo. Igual la justicia es igual para todos y lo que cambian son las velocidades. Bueno, que ha sido un placer. De verdad. Me he ido a pasear por el parque de El Retiro para olvidar una conversación completamente absurda.
En España hay 10.000 sujetos aforados. ¡10.000! Imaginemos que hubiera media docena. Si alguien dijera quiero ser aforado, quiero ser aforado, es muy posible que le dieran una palmadita en la espalda y le mandasen a un centro de salud mental. Porque en ese caso, ser aforado sería una cosa rara y reservada a unos pocos o, como en el caso de Estados Unidos, no reservado a nadie porque no hay aforados de ninguna clase. Pero en España son 10.000. Madre mía. Más son, más fuerza tienen. Ya se sabe que la unión hace la fuerza. A ver quién mete mano a 10.000 personas sin que te líen la marimorena. Cosa rara por otra parte puesto que si no es un privilegio les debería dar igual ser aforados que no serlo.
En fin, que esto me sigue aburriendo. Les confesaré que incluso me molesta. Más que nada porque ellos son 10.000 y nosotros millones. Pero no movemos un dedo. Ni con esto ni con nada. Ahora te despiden y de la indemnización hay que descontar un porcentaje para que al ministro le salgan los números. Y no movemos un dedo. No sigo para evitar depresiones entre ustedes y la mía propia.
La parte buena de todo esto es que usted y yo podemos vivir sin plantearnos nuestro aforamiento. Con el mundial de fútbol tenemos bastante.


may 1 2014

Hormigas desconocidas

Siendo niño me imaginaba historias. A cada momento, en cualquier lugar por extraño que fuera. No pensaba en la escritura. Aún no lo hacía. Eso no ocurrió hasta que me planté frente a un folio (recuerdo que me gustaba utilizar una plantilla que colocaba debajo para que las líneas fueran perfectas en su rectitud), pensé en lo que quería decir y no supe empezar. Sentí mucha rabia. Tenía cosas que contar, pero me faltaba saber cómo hacerlo. No entendía en ese momento que eso era anecdótico. Lo importante ya lo tenía sobre la mesa. Algo para contar. Ganas de hacerlo. El oficio, el aprendizaje de las técnicas, las lecturas compulsivas primero y sosegadas después, deberían llegar con el tiempo. Pero la prisa de la pluma rasgando levemente el papel cegaba sin remedio.
Siendo niño me fijaba en todo lo que ocurría a mi alrededor. Cualquier detalle me parecía importante. Ahora sería capaz de recordar cosas improbables. Como si lo estuviera viendo. Una hormiga subiendo por el tronco de un árbol. Se detiene. Me mira. Mueve las antenas. Con una de ellas me indica el camino. Subo el tronco del árbol detrás de ella. Y allí me esperan unas cerezas riquísimas. Arranco con los dientes un trozo de una de ellas. Pequeño. Se lo pongo a la hormiga entre sus mandíbulas (¿se llaman así?). No volvimos a encontrarnos nunca más.
Cuarenta y siete años dan mucho de sí. Pasan muchas cosas y, sobre todo, no pasan muchas más. Todo cambia. Parece que el tiempo se convierte en un taxímetro que no da tregua. Todo pierde lustre. Y, sin embargo, puedo recordar eso que pasó antes de convertirme en lo que soy para recrearlo cada noche antes de ponerme a escribir y soltar la muñeca siendo un niño curioso que seguía sin miedo a las hormigas desconocidas.
Siendo niño imaginaba que llegaría a ser escritor sin saber que deseaba con todas mis fuerzas no dejar de ser ese niño. Me sigue emocionando.


abr 26 2014

Nuevo diccionario económico 2011-2015

Alemania: País europeo que tiene agarrado por los huevos al resto del mundo.
Bancarrota: Economía familiar.
Caín: Nuevo ídolo mundial de los trabajadores puesto que todos ellos pasarán los mismos apuros que él.
Defraudador: En España, amnistiado. En algunos países, como Islandia, siguen siendo ladrones, delincuentes o sinvergüenzas dependiendo de si viven en el norte, sur o centro del país.
Esfumarse: Lo que hace el dinero virtual para llegar hasta paraísos fiscales.
Fiables: Antes eran personas de las que se podía responder o cosas que ofrecían seguridad. Como ya no existen se le ha buscado un acomodo (a la palabra): ahora son acciones que se compran para obtener beneficios fáciles y rápidos.
Galimatías: Telediario o especial informativo dedicado a la situación económica.
Hucha: Recipiente vacío.
Inversor: El que arriesga dinero en un negocio y lo pierde salvo que sea un chorizo.
Justicia: Palabra sin contenido en el ámbito económico.
Káiser: Cualquier alemán comparado con griegos, italianos, portugueses o españoles.
Lúgubre: Futuro.
Mercados: no se sabe lo que es esto aunque gobiernan el mundo entero. Deben ser una banda de chorizos o algo así.
Nada: Lo que el 95% de la población tiene en el banco.
Ñuto: En Perú, añicos. Es decir, en lo que nos van a convertir antes de acabar la crisis.
Oro: Metal precioso que se empeña y no se recupera nunca.
Prima: (de riesgo) Índice que mide lo mierdas que somos con respecto a Alemania.
Quebrado: Pensamiento tras leer la prensa económica.
Rajoy: Uno que no será premio Nobel de economía.
Sacrificio: Nueva forma de vida exigida por políticos y banqueros a los que no lo son.
Trituradoras: Reformas y recortes de los diferentes gobiernos del mundo.
Urtar: (Sin h) Es lo mismo que hurtar. Se puede hacer con h o sin ella mientras que el infractor sea rico.
Vivir: Paso por el mundo de las personas con un trabajo en precario, una nómina de mierda, ni una sola posibilidad para prosperar y mucho miedo a que las cosas vayan a peor.
X: Signo quinielístico que puede hacerte millonario si empatan, por ejemplo, Real Madrid y Conquense. Eso sí, hay que jugar a la quiniela puesto que, junto a cualquier forma de lotería, es la única opción de hacer dinero sin robar.
Yo: Ente el que piensan empresarios, políticos y banqueros; de forma exclusiva y por siempre jamás. Cualquier otro yo ha perdido todo tipo de interés e importancia.
Zapatero: Otro que no será premio Nobel. Ni de economía ni de nada.


abr 19 2014

La tarde del revés

– Se acabó. Repartimos las cosas y cada uno por su lado, dice ella mientras llena su taza de café por tercera vez.
– Pero si vivimos en un piso alquilado y amueblado, no tenemos hijos, no hemos ahorrado ni un euro. ¿Qué quieres repartir si no tenemos nada?, dice moviendo la cabeza negando.
– El tiempo que hemos pasado juntos. Tú te quedas con los malos momentos y yo con los buenos.
– Eso no puede hacerse, deja ya de decir tonterías.
– Claro que se puede. Tú ya lo has hecho sin darte cuenta. Queda que yo recoja mi parte y me vaya, contesta mientras una lágrima escapa delatora de su ojo derecho.


abr 5 2014

Nuevo diccionario político 2011-2015

Acelga: Político con cara de circunstancias.
Borrico: Político demostrando lo que sabe.
Cabezada: Movimiento reiterado de cuello y cabeza del político que escucha a sus votantes.
Chollo: Político. Monarca. Duque de Palma. Chorizo. Etcétera.
Daltónico: Político que no distingue entre el rojo y el azul.
Elecciones: Tongo.
Falso: Político.
Gastar: Oficio del político.
Homilía: Discurso propio de los políticos de derechas.
Iluminado: Gilipollas que se hace político.
Jurel: Político nadando. Coincide con el nombre del pez teleósteno dado que poseen la misma inteligencia.
Kiwi: Lugar de donde le salen las cosas a los políticos.
Ladrillo: Dios de los políticos.
Llorica: Político opositor.
Malhechor: Político.
Negro: Futuro.
Ñoña: Futura alcaldesa de Madrid. Esta no es política aunque se lo hace.
Obligación: Término en desuso aborrecido por los políticos.
Patera: Embarcación que sirve para salir de España con rumbo a la costa africana.
Quitar: Ejercer un cargo sea cual sea.
Recogepelotas: Funcionario que lleva a los políticos fuera del hemiciclo una vez que ya no pueden hacer más reverencias al líder.
Setentón: Joven político.
Teatro: Hemiciclo.
Urbanizar: Objetivo de todo político que se precie.
Verbena: España.
Whisky: Bebida que toman los políticos mientras ven por la televisión como la policía disuelve una manifestación a hostia limpia.
Xenófobos: Políticos que obtienen un buen número de votos en las elecciones aunque nadie reconoce haberlo hecho (votarles, digo).
Yugo: Eso que tiene usted encima y le está jodiendo.
Zozobra: Europa.


mar 19 2014

Pues me sumo a esto del día del padre

Ser padre es no olvidar que fuimos jóvenes y quisimos estrellarnos sin la ayuda de nadie, que creímos en algo y peleamos contra todo y todos por conseguirlo. Ser padre es tener memoria suficiente como para comprender.
Ser padre es ser la mejor versión de una parte de la pareja. Sin amar incondicionalmente a la otra mitad que acompaña en el viaje se hace imposible una paternidad responsable que sirva de referente al hijo. Un hijo que pensó, piensa o terminará pensando que fuimos o somos una especie de héroes incomprensibles. Héroes que saben volcar lo mejor sobre lo que les rodea.
Ser padre es no aspirar a nada que sea ajeno a la familia. El proyecto personal es el proyecto familiar. El beneficio propio es, siempre, compartido.
Ser padre es desarrollar un instinto de superviviencia casi invencible. Nada puede pasar que desestabilice a la familia. No hay tiempo para enfermar, no hay tiempo para morir. Cuando eso ocurre muchos mundos se derrumban y no podemos consentirlo.
Ya sé que todo esto roza lo utópico, lo excesivamente lírico o casi cursi. Pero yo no organizo estos festejos tan cacareados. Me sumo porque, al fin y al cabo, soy padre y esposo. Además, para un día que tengo al año en el que puedo tomarme la libertad de decir estas cosas, no voy a desaprovecharlo. Mañana sólo lo pensaré.


mar 13 2014

A contracorriente

Practiqué el remo olímpico de alto nivel durante muchos años. Fueron muchas mañanas madrugando para correr noventa minutos y remar un par de horas más. Era joven y el sacrificio era grande. Cambiaba lo que un chico de mi edad hacía normalmente por tener las manos endurecidas a base de esfuerzo. Aprendí que remar contracorriente era la forma de entrenar menos minutos consiguiendo un resultado mucho mejor. Avanzar tres o cuatro metros equivalía a una distancia mucho mayor que cuando se remaba a favor de corriente. Esto que parece algo sencillo sólo lo hacíamos los que habíamos desarrollado una técnica depurada. Ejercer una fuerza superior a la normal en cada palada suponía que se descuidaba algo el movimiento al remar. Si no la tenías ya aprendida era mejor no insistir por ese camino.
Una mañana de invierno sentí un pinchazo en el cuadriceps. Supe enseguida que me había hecho daño. Y dejé de remar. Me llevé la mano al músculo, apoyé el tórax en los remos para alzarlos levemente del agua y dejé que me llevara la corriente río abajo. Algunos compañeros de equipo pasaban por mi lado derecho preguntando. Yo sólo les decía que no con la cabeza y continuaban su entrenamiento. Cerré los ojos. Por el dolor y por la rabia. Si no recuerdo mal tenía que competir tres semanas después en el campo de regatas del Guadalquivir.
Cuando dejé de maldecir ese pinchazo, cuando quise saber dónde estaba, descubrí que había llegado al margen contrario del río. Acerqué mi skiff a un pontón viejo y podrido, abandonado. Salí del bote y me senté a esperar sabiendo que nadie iría a recogerme porque nadie podría sospechar que estaba a tres o cuatro mil metros de distancia y en el margen equivocado. No importaba porque quería estar solo. Pensé sobre el esfuerzo que había realizado durante tantos meses de entrenamiento, la cantidad de mañanas pasando frío para conseguir mi sueño de llegar a una selección nacional que ahora quedaba a un millón de años luz. Aunque no dejaba de sonreír sabiendo que, por primera vez, me había dejado llevar por una corriente con la que había luchado durante años. Era una sensación extraña. Perder el control sobre algo que dominaba, encontrarme solo cuando siempre estaba protegido por el entrenador y los médicos del club, saber que dependía de mí lo que pasara a continuación sin tener la ayuda de nadie. Dejé que pasara el tiempo. El dolor iba en aumento, el sudor se enfriaba. Me tumbé sobre las tablas podridas para poder pensar.
¿Merecía la pena todo aquello? ¿Mi futuro pasaba por remar, cada día, contracorriente? ¿Era lógico depender de un problema muscular después de tantos meses de esfuerzo?
Pensé en la sensación de dejarte llevar, de no interesarte por nada salvo por ti mismo, por tu dolor. Y pensé, al mismo tiempo, que eso era cosa mía. Mi dolor, mi futuro. El rumbo azaroso del bote me llevó a la otra orilla, a un lugar en el que no hubiera pensado estar una hora antes. Me sentía bien.
Decidí recuperarme y trabajar duro (una de mis peores cualidades es la de dar siempre otra oportunidad). Cambié de barco para formar parte de una tripulación. Y llegado el momento tuve que dejar que la corriente me arrastrase de nuevo. Esa vez para siempre. Se acabó el remo.
Hoy, me siento fatigado. Acabo de dar la última palada. Relajo los músculos y comienzo a dejar que el destino me lleve hasta donde tenga que llegar. Quizás a la otra orilla, quizás hasta el lugar de donde salí, quizás a ninguna parte. El sudor se enfría. El dolor crece. Pero ya he dado la última palada.


mar 11 2014

Miles de millones

Lo que esperamos de los demás es siempre lo que acaba con las relaciones. Sean del tipo que sean. Nadie tiene lo que queremos en el momento exacto, ni lo puede entregar de la forma que deseamos.
Espero esto y lo que recibo es aquello, y lo espero hoy aunque me llega mañana. Esperaba que me lo entregaran con cariño y me lo encuentro sobre la mesa sin una nota de él o de ella. Todo se derrumba. En realidad, todo lo destrozo.
Cuando espero algo lo hago olvidando si lo merezco, si he hecho todo lo posible para conseguirlo. Perder esto o aquello lo achaco a que el otro es un mierda sin corazón. No recuerdo todo eso con lo que he ido golpeando sin compasión hasta hacer tambalearse el mundo entero. Me cargo de razón, culpo al otro, arremeto contra él en reuniones con amigos comunes, entre los familiares, me convierto en víctima exclusiva. Asunto arreglado. Todo tiene un porqué, pero yo me ocupo de olvidarlo o de esconderlo.
Siempre que pienso en esto tengo en mente una imagen muy simple. Dos bolas metálicas se cruzan y siguen su camino. Dos bolas metálicas ruedan trazando caminos paralelos. Dos bolas metálicas chocan al encontrarse y toman direcciones distintas. Algunas se acercan entre sí al rodar , pero nunca puedo ver ninguna junto a otra moviéndose al mismo tiempo. Siempre encuentran un grano de arena que desvía a una, siempre el terreno es irregular e impide que el camino sea el mismo, siempre contemplo con tristeza cómo un leve roce envía una de las bolas metálicas hacia otro lugar. Y todo esto hay que saberlo o intuirlo si no quiero convertir mis relaciones interpersonales en un constante fracaso. Y todo esto hay que saberlo o intuirlo para entender que en cuanto encuentre una superficie más irregular mi dirección será otra. Aunque lo importante, lo verdaderamente tremendo, es que nunca las direcciones fueron iguales, ni siquiera parecidas. No, no lo fueron aunque lo proclamé a los cuatro vientos. Las bolas salieron de distintos puntos con caminos alejados y el azar las acercó para que se separaran poco tiempo después. Nunca las trayectorias fueron coincidentes.
Por eso no podemos esperar nada de nadie salvo lo que nos quieran entregar, como quieran hacerlo y en el momento que ellos decidan. En eso se fundamenta la verdadera amistad. Nada se espera, nada se promete, nada pasa si las direcciones cambian porque cada camino es exclusivo, único. Nada ni nadie tiene derecho a modificar a golpes las cosas, ni a dar esos golpes fingiendo no haber hecho nada por el camino.
Somos miles de millones de bolas metálicas rodando en diferentes planos. Cada una de ellas comenzó a moverse en un punto exacto y terminará de hacerlo en otro. Por el camino tendremos que cruzarnos, rozar, acelerar o frenar en seco. Y habrá momentos en los que fallemos, en los que nos pidan y no podamos dar porque nos alejamos gracias a un golpecito que me diste tú que ahora lloras con rabia. Durante un tiempo iremos ligeros junto a una nueva bola que, sin saber porqué, modificará el rumbo. Chocaremos con violencia con otras. Y un buen día pararemos en ese punto sin espacio ni tiempo. Esperando un puñado de cosas que nunca llegaran, sin poder entregar lo que nos pidieron, habiendo desperdiciado miles de oportunidades por acelerar a destiempo o frenar cuando era innecesario. Esperando o haciendo esperar. Perdiendo un tiempo que no teníamos.


mar 4 2014

Cuatro paredes

El lugar en el que escribo.
Hoy es azul intenso, una caja transparente sin su cinta dentro -esa música que aprendí de memoria por si la llegaba a perder-, el olor que deja un cigarro abandonado, la urna en la que encierro la idea por llegar.
Un nuevo álbum de fotos en el que se amontona la vida, el entusiasmo de otros que agasajan con lo que pueden para parecer lo que desean. Un cuaderno nuevo que miro con la palabra en la palma de la mano.
El proyecto más loco de todos rodeado de los más locos de todos. Renovado entusiasmo que trato de trasladar. Recibido bajo una lente que engrandece.
Luce empapelado de lo verdadero, de lo que siempre queda. Lo efímero ya fue cepillado, barrido.
Rodeado de millones de frases trazo figuras en el aire. Escuchando.


feb 28 2014

50

Cincuenta años son muy largos para vivir. Insignificantes para tener que morir. Durante cincuenta años puede pasar cualquier cosa. Te alcanza lo mejor, lo prescindible, lo impensable, terremotos emocionales, la tranquilidad del sueño conseguido y, sobre todo, te alcanzas a ti mismo.
Antes corrías detrás del niño inquieto, del joven inmortal que tantas dudas mostró hasta aprender, de un adulto que debía cercar el futuro sin dejar huecos peligrosos. Antes corrías, pero ahora te esperas, ves cómo llegas con más de la mitad del trabajo ya hecho. Esperas tranquilo. Tal vez quede lo peor o lo más extravagante; quizás un éxito nunca deseado. Tal vez. Pero esperas, aguardas tranquilo. Y sea lo que sea que tenga que suceder será recibido con el ánimo suficiente.
Cumplo cincuenta años sin querer mirar a otro lugar que no sea lo queda, porque eso es eterno. La familia, las ausencias, los buenos amigos. Y mis cosas más íntimas. Lo pasado ya es poso que se arrastra sin remedio, que moldea hasta el último átomo. Aunque eso no debe pensarse; debe vivirse y con tanta intensidad como sea posible. Porque vivir es haber estado, haber sido, haber fallado o haber arañado unos minutos de felicidad a la realidad más hostil.
Cumplo cincuenta años sin gastar un solo instante en pensar lo que pudo ser. Prefiero seguir arrimado a lo que sí tengo.
Cumplo cincuenta años con alegría al mismo tiempo que celebro no cumplirlos. Un año más, falta un veintinueve para vivir la fiesta mudada de lugar.
Cincuenta años y los proyectos que siguen llegando, y las ganas de cambiar el mundo intactas; y la felicidad por seguir ayudando a los pequeños cada mañana con la ropa y la que se busca tratando de encontrar a los mayores donde toca. Compartiendo con ella la mitad del tiempo; tiempo que habrá que multiplicar por dos para tumbarnos frente al mar.
Cumplo cincuenta años sin renunciar a nada. Cumplo cincuenta años siendo yo.