abr 15 2012

Credo Particular

Una joven alumna me preguntaba hace unos días si conocía la forma de saber si alguien te quiere o no. La respuesta, naturalmente, fue bien distinta a la que ella esperaba. Saber si alguien te ama o no es imposible, que estaba hablando de un acto de fe, que lo fácil es saber si no lo hacen. Lo mejor es que creas que sí, que ese muchacho que te tiene nerviosa te quiere con locura, le dije por si acaso con eso se quedaba satisfecha.
- Si creo que me quiere y no es así, sufriré, contestó.
- Ya, pero si no lo crees ahora mismo te perderás un buen momento que te ofrece la vida. Eso es lo que te llevarás puesto para siempre. De otro modo te cargarás de amargor y sufrimiento. Sólo de eso.
Esta conversación no tendría la menor importancia si no fuera porque desde ese momento no he dejado de dar vueltas al asunto. ¿Se puede saber si alguien te ama? ¿Sirve de algo saberlo? ¿Debemos amar sin tener en cuenta qué está pasando al otro lado? ¿Lo que entiendo por amor coincide con la idea que tiene él o ella de eso mismo? Y no dejo de dar vueltas a algo que me parece curioso. Cuando alguien se formula estas preguntas no es cuando se enamora, no, lo hace cuando se ve acorralado, cuando cree que la vida se ha convertido en una especie de basurero del que nadie puede escapar con un mínimo de dignidad porque no se siente amado. No hay amor y no hay nada más que merezca la pena. Es posible que el problema sea que reconozcamos con mucha facilidad que no nos quieren porque sabemos qué se hace, qué se piensa y cómo se puede escapar de una situación en la que alguien demanda ese querer y no se puede entregar. Todos sabemos lo que es estar en una posición de ventaja respecto a otro que sería capaz de cualquier cosa a cambio de conseguir una mirada, un gesto que le hiciera pensar que es amado. Y, sin embargo, casi nunca sabemos explicar cómo es posible que se nos fuera la cabeza de esa forma, cómo es posible que nada importase salvo esa persona que nos hizo sentirnos especiales aunque fuera todo una enorme mentira. Estuvimos perdidos. O lo estamos.
Las palabras gruesas, esas que no podemos explicar con exactitud aunque lo intentemos una y otra vez, esas que significan tanto que al pronunciarlas creemos decir algo cuando, en realidad, no sabemos apenas nada sobre lo que representan (sólo las sentimos y eso está enfrente del intelecto), esas palabras gruesas son las que nos hacen la vida difícil. Eso y tener fe (en lo que sea). Casi nunca la tenemos. Creer en Dios (el que sea) es algo parecido (mucho más de lo que queremos asumir) a creer en uno mismo. Tener fe (en lo que sea) es querer vivir trascendiendo a nuestra propia realidad, ir un poco más allá de lo que nos perturba y deja sin un mínimo sentido el mundo. Tener fe es complicado, amar es complicado, ser amado y saber que lo eres casi imposible. Y es que, finalmente, todo es la misma cosa (o casi). Se trata de creer en uno mismo. Se trata del acto más importante que un ser humano puede enfrentar, del más duro y dificultoso.
Saber que alguien te ama es imposible porque no sabemos lo que quiere decir eso. Quizás sea el momento de plantearnos qué significa, si sabiendo lo que tenemos entre manos, realmente, queremos ser amados o resulta algo incómodo.
Yo tengo fe. En muchas cosas. Y creo firmemente que mi esposa me ama. Y lo pienso cada día, cada minuto. Y me parece la única forma de vivir. No conozco otra. El resto han sido espejismos absurdos. Y es que creo en mí mismo, con todo lo malo que arrastro, con lo poco bueno que puedo ofrecer. Sé que una mujer está dispuesta a cualquier cosa por mí. Porque existo. Y porque tengo fe en que, pase lo que pase, haya pasado esto o aquello, soy yo y no una caricatura de mí mismo. Y porque ya apenas pronuncio la palabra amor. Me sobra con pronunciar su nombre.


abr 14 2012

Nuevo diccionario religioso 2011-2015

Altísimo: Nombre con el que algunos se refieren a Dios sin que especifiquen sus medidas exactas.
Biblia: Volumen de relatos fantásticos escrito hace muchos años. Hay quien dice que Gabriel García Márquez, después de leer este libro, pensó en su “Crónica de una muerte anunciada”.
Cruz: Lo que llevamos muchos a cuestas. También puede llamarse hipoteca, factura, cuñado, etc.
Dios: Mudito.
Espíritu Santo: Tórtola. No confundir con la marca de zapatillas deportivas del mercadillo.
Flagelación: Escuchar atentamente y de forma reiterada un discurso político sobre la situación económica.
Génesis: Grupo de rock progresivo creado en 1967.
Hipnosis: Charla con un sacerdote. También se conoce como confesión.
Insólito: Todo aquello que nos intentan vender desde los púlpitos.
Juan: Evangelista. Pero, también, puede ser un obrero de la construcción, cajero de un supermercado o cualquier otra cosa. Lo que pasa es que este es famoso y me he visto obligado a mencionarle.
Kiosco: Lo que se les terminará cayendo a los obispos.
Lázaro: Un tío con suerte.
María: Himen de acero.
Niño: Persona pequeñita que no debe ir sólo a algunas iglesias.
Ñesucristo: Dios muy español.
Olimpo: Lugar lleno de dioses que el gobierno griego expropiará proximamente.
Procesión: Acumulación de personas (colocadas en fila de a uno) que se produce, cada mañana, a las puertas de las oficinas de empleo.
Quemamiento: Afición de un tal Torquemada. Pero siempre con otros como víctimas. Nadie ha podio afirmar de forma rotunda que ese hombre se quemara, por ejemplo, los huevos a pesar del deseo multitudinario de sus paisanos.
Reestreno: Lo que ocurre cada domingo de resurrección.
Santo: Contribuyente.
Templo: Centro comercial de más de 1000 metros cuadrados.
Ungido: Ceaucescu.
Vedette: Monja que roba niños a la salida del juzgado.
X: Signo con el que se rellenan cuadritos en la declaración de hacienda. Uno de ellos (si es marcado) hace que parte de sus dineros vayan a parar a las arcas de la iglesia. Ustedes sabrán lo que hacen.
Yerba: Lo que se fumaron algunos antes de escribir libros sagrados.
Zombi: Personas muy creyentes que viven la resurrección de los muertos antes del día del juicio final.

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abr 12 2012

Nuevo diccionario económico 2011-2015

Alemania: País europeo que tiene agarrado por los huevos al resto del mundo.
Bancarrota: Economía familiar.
Caín: Nuevo ídolo mundial de los trabajadores puesto que todos ellos pasarán los mismos apuros que él.
Defraudador: En España, amnistiado. En algunos países, como Islandia, siguen siendo ladrones, delincuentes o sinvergüenzas dependiendo de si viven en el norte, sur o centro del país.
Esfumarse: Lo que hace el dinero virtual para llegar hasta paraísos fiscales.
Fiables: Antes eran personas de las que se podía responder o cosas que ofrecían seguridad. Como ya no existen se le ha buscado un acomodo (a la palabra): ahora son acciones que se compran para obtener beneficios fáciles y rápidos.
Galimatías: Telediario o especial informativo dedicado a la situación económica.
Hucha: Recipiente vacío.
Inversor: El que arriesga dinero en un negocio y lo pierde salvo que sea un chorizo.
Justicia: Palabra sin contenido en el ámbito económico.
Káiser: Cualquier alemán comparado con griegos, italianos, portugueses o españoles.
Lúgubre: Futuro.
Mercados: no se sabe lo que es esto aunque gobiernan el mundo entero. Deben ser una banda de chorizos o algo así.
Nada: Lo que el 95% de la población tiene en el banco.
Ñuto: En Perú, añicos. Es decir, en lo que nos van a convertir antes de acabar la crisis.
Oro: Metal precioso que se empeña y no se recupera nunca.
Prima: (de riesgo) Índice que mide lo mierdas que somos con respecto a Alemania.
Quebrado: Pensamiento tras leer la prensa económica.
Rajoy: Uno que no será premio Nobel de economía.
Sacrificio: Nueva forma de vida exigida por políticos y banqueros a los que no lo son.
Trituradoras: Reformas y recortes de los diferentes gobiernos del mundo.
Urtar: (Sin h) Es lo mismo que hurtar. Se puede hacer con h o sin ella mientras que el infractor sea rico.
Vivir: Paso por el mundo de las personas con un trabajo en precario, una nómina de mierda, ni una sola posibilidad para prosperar y mucho miedo a que las cosas vayan a peor.
X: Signo quinielístico que puede hacerte millonario si empatan, por ejemplo, Real Madrid y Conquense. Eso sí, hay que jugar a la quiniela puesto que, junto a cualquier forma de lotería, es la única opción de hacer dinero sin robar.
Yo: Ente el que piensan empresarios, políticos y banqueros; de forma exclusiva y por siempre jamás. Cualquier otro yo ha perdido todo tipo de interés e importancia.
Zapatero: Otro que no será premio Nobel. Ni de economía ni de nada.


abr 10 2012

Amor ortopédico

El amor es fácil mientras es una ilusión. Cuando aparece, en el instante que arrasa el tiempo, cuando descubres que te quedas atrás sin remedio; se convierte en materia pesada que lastra el paso. Antes todo era una figuración, eso deseado durante tanto tiempo; esa historia que nunca ocurrió, pero que crees haber vivido, que podrías vivir toda la eternidad.
Por eso se acaba con tanta facilidad. Por eso fatiga al que insiste creyendo que lo que le enseñaron de niño (el amor lo puede todo, el mundo se mueve por amor) es la única verdad absoluta. Y es que el amor sólo existe mientras se mancha de celos, de dudas, de pensar en otros. Eso sí que hace girar el mundo. Al fin y al cabo, el mundo es cada uno de nosotros, nuestras percepciones de la realidad. Al fin y al cabo, el verdadero amor es el que sentimos por nosotros mismos. Lo otro, los otros, son sólo bastones. Siempre a punto de quebrarse.


abr 9 2012

Borregos o algo

Mientras los obispos continúan opinando desde los púlpitos como si estuvieran hablando con las sociedades medievales; mientras los políticos siguen metiendo mano en los bolsillos de los ciudadanos haciéndoles creer que la culpa de todo lo que está pasando es de ellos (de los ciudadanos), tratando como idiotas a todo el que se mueve; mientras los banqueros siguen haciendo su agosto con el dinero público al mismo tiempo que lloriquean por una ruina que han provocado ellos mismos y cargan sobre las espaldas de los demás; algunos han decidido pegarse un tiro en la plaza del pueblo. Esto es algo que se estaba viendo venir. La desesperación de las personas las convierte en seres indefensos, acobardados, sin esperanza. Y así no se puede vivir. Nadie puede hacerlo. Ni siquiera podrían hacerlo los obispos, ni los banqueros, ni los políticos. Todo tiene un límite. Perder la dignidad como persona es el final de cualquiera. Y nos la están arrebatando sin que protestemos, sin que movamos un dedo por evitarlo.
No quisiera ser agorero, pero me temo que esto sólo es el principio. Tal vez sea el comienzo de la verdadera revolución que todos estamos esperando. Porque el euribor, finalmente, se traduce en familias sin una casa en la que poder dormir; porque los recortes aparecen como cadáveres sobre la mesa en la que se realizan las autopsias; porque los programas políticos mentirosos y antisociales se terminan sirviendo en los comedores sociales repletos de personas sin futuro; porque el dinero se hace yugo mostrenco del sujeto que no aguanta su peso y cae derrumbado para siempre. Tanto marear la perdiz no puede traer nada bueno. Unos pocos están jugando a inventar el mundo sin querer darse cuenta de que lo que están reinventando es la esclavitud de toda una civilización. Un hombre jubilado se ha volado la tapa de los sesos. Ya veremos si esta contabilidad; la de los muertos, pero, sobre todo, la de los que no quieren que les maten de hambre como a perros; no genera un movimiento social de proporciones poderosas y descontroladas. Si las cuentas no me fallan son muchos más lo que ya no tienen nada que perder que los que seguimos instalados en el bienestar. Quien no quiera ver esto se está cavando su propia tumba.
Pero mientras, cada uno va a lo suyo. Un ministro que dice que la mujer no lo es si no es madre (este es tonto de remate), un obispo que predica junto a una bandera inconstitucional y publica guías para que los homosexuales se curen (impresionante que un tipo así ande suelto), todos amenazando con que la cosa puede ir a peor si no bajamos la cabeza y tragamos con lo que nos van diciendo. Todos metiendo miedo con lo temporal y lo eterno, con Dios y con su idolatrado dinero.
No entiendo qué sucede en este mundo. Por más que meten el dedo en la herida esta banda de impresentables nadie hace nada. ¿Tendrá que quemarse a lo bonzo un jubilado frente al parlamento para que reaccionemos? ¿Seguiremos mucho tiempo creyendo que los índices económicos, las tendencias bursátiles o la prima de riesgo, forman parte de nuestra realidad o seremos capaces de ver a las personas que sufren tras tanta majadería? ¿Somos tan borregos como parece? Miedo me da dar una respuesta a todo esto.