nov 27 2013

El peso de los libros

He tenido, entre las manos, miles de libros. No con la intención de comprobar lo que pesaban sino con la de leerlos. Sin embargo, pasado el tiempo, he comprendido que era la misma cosa.
El libro que más pesó, al abrirlo por primera y última vez (jamás he leído ninguna de mis novelas una vez publicadas) fue La edad de los protagonistas. Mi primera novela. Toqué la portada con cuidado, abrí el ejemplar, y fui pasando despacio las primeras páginas, alisando los vértices con el pulgar (siempre lo hago con cualquier libro, pese lo que pese; la liturgia de la lectura es imprescindible) y tomé conciencia de lo que había logrado y del grado de responsabilidad adquirido como escritor con obra publicada. Creo que sólo he sentido algo parecido el primer día que pisé un aula en calidad de profesor. Pero mis novelas no cuentan. Esa sensación de peso extremo, emocional, no es de lo que quiero hablar.
He leído libros que me llevaron a querer ser escritor. Las palmeras salvajes o Mientras agonizo de William Faulkner; La casa verde o Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa; La metamorfosis de Kafka; El guardián entre el centeno de Salinger; los relatos de Chéjov o de Raymond Carver; cualquiera de las obras de Federico García Lorca; la poesía de César Vallejo. Alguno más. Pesaban mucho. Cada página la sensación era más poderosa. Era capaz de leer la misma frase media docena de veces para comprobar que era posible decir eso y de esa forma; de la única manera posible. La perfección pesa toneladas.
El poso que quedó sigue siendo gigantesco. Tiene forma de aprendizaje, de experiencia, de impostura, de enseñanza, de fascinación, de respeto, de rabia. Un poso pesadísimo que resta a otros libros (los flojos) en el haber. Nada es igual después de leer a Proust a Flaubert o a John Dos Passos.
También he leído libros que, sin ser gran cosa, han dejado alguna marca. Lecturas en la playa, en aeropuertos y estaciones de tren, lugares en los que la concentración es difícil de conseguir. En esas circunstancias tengo por costumbre elegir obras en las que la trama toma fuerza y lo profundo queda al margen. Alguno de ellos me hizo pasar buenos momentos. Para eso se escriben los best sellers. Pesan lo justo y la carga es efímera. Pero algo se dejan notar.
Leer es descubrir el peso de una obra, la compañía que supondrá durante un tiempo o toda la vida. Leer es integrar un universo o rechazarlo, es modificar el propio o dejarlo intacto. Leer es asumir la pequeñez, lo insignificante de uno mismo. Leer es vivir y morir al mismo tiempo, convertirse en un fantasma más humano de lo que la imaginación permite. Leer es dar un paso adelante, hacia eso que llamamos sentido. Pasos que se hacen ligeros cuanto más peso arrastran.


jun 12 2013

Mitades

No me explico cómo puede gustarme este tío. Me parece mala persona, un chulo, pero estoy colgada de él y no puedo evitarlo. Esto me lo decía una de mis alumnas (de las mayores) durante la fiesta con la que celebramos el fin de curso. Parece ser que Romeo lleva por la calle de la amargura a la criatura. Cuando se hubo desahogado (no reproduciré aquí los insultos con los que el pobre chaval habrá tenido que dormir) nos sentamos a tomar un refresco. Y Romeo apareció. Le invité a sentarse con nosotros, lo que me costó un buen puntapié sin ningún disimulo por parte de la chica. ¿Habéis leído “El banquete” de Platón? les pregunté después de varios conatos de enfrentamiento entre los jovencitos. Negaron con la cabeza, mientras uno miraba al norte y el otro al sur. Les conté como Aristófanes, durante una copiosa cena, utiliza su intervención para explicar el amor desde el mito. Dice que hubo un tipo de personas que no conocimos. Eran andróginos, es decir, hombre y mujer al mismo tiempo. Tenían cuatro piernas, cuatro brazos, dos cabezas; por un lado los órganos de reproducción masculinos, por el otro los femeninos…, y eran muy fuertes, muy poderosos. Los dioses se mosquearon porque los andróginos se estaban poniendo muy chulos, creían que podían llegar a la divinidad por sí mismos y, creyendo ver un peligro en ellos, los dividieron por la mitad. Así quedó separado lo que conocemos como hombre de lo que conocemos como mujer. Aristófanes explica que por esa razón las personas de sexo diferente se buscan, intentan encontrar la mitad que les falta, y de ahí viene el amor. Pero añadía que los dioses pueden mosquearse de nuevo y volver a dividir a los hombres y mujeres si no somos capaces de entender que ese amor es lo más importante. Los chavales ya miraban al este que era donde estaba yo. Me levanté y me fui. Supuse que tendrían que decirse algo. Después del espectáculo final la gente comenzó a salir de los jardines. Diez minutos después, allí seguían charlando. Igual han visto el amanecer sentados en una silla de madera, con la misma postura. Quizás decidieron que no eran las mitades que se tenían que encontrar. No lo sé.
Nos deberían contar (a jóvenes y adultos) lo que decían los clásicos sobre los problemas actuales, cómo miraban un mundo que construían desde el pensamiento, como organizaban el cosmos… Al menos, nos plantearíamos las cosas desde diferentes puntos de vista, reflexionaríamos algo más.
No recuerdo bien lo que decía Fedro en ese banquete sobre la homosexualidad, ni lo que comentaba Sócrates al final de la obra. Voy a echar un vistazo para aclarar las ideas y no hacer el ridículo cuando discuta con alguien sobre ese asunto del que, por lo que se ve, todo el mundo sabe tanto.


abr 2 2012

Más sola que la una

El pasado domingo estuve caminando por el Retiro y, de paso, echando un vistazo a las casetas de la Feria del Libro. Mi hijo pequeño y yo mismo habíamos sido abandonados por el resto de la familia. Ver como se desarrollan las batallas interestelares mientras comes palomitas tiene mucho tirón. Nos cambiaron por un tío vestido de negro que respira haciendo mucho ruido y que agarra una espada de luz con una mano ortopédica. Qué cosas. Saludé a las gentes de la profesión que estaban por allí (unos firmando libros, otros gastando el tiempo; los menos abandonados del mismo modo que nosotros). Me fui al poco tiempo. Demasiada gente, un bochorno incómodo. El bebé se había dormido y aproveché para sentarme en un banco a leer tranquilamente. No es habitual tener una oportunidad así, había que aprovechar. Casi al mismo tiempo, una mujer mayor (decir que era muy anciana es más exacto) se acomodó a mi derecha. “Qué suerte tienes, hijo, yo hace años que no puedo leer por la dichosa vista”. “Si quiere puedo hacerlo en voz alta”. Asintió, cruzó las manos apoyándolas en el regazo y esperó. Volví a abrir el libro por la primera página. “Enterrar a los muertos” de Ignacio Martínez de Pisón. Narra el asesinato de José Robles (poeta, ilustrador, traductor y profesor republicano) y el intento de aclarar el asunto por parte de John Dos Passos. Excelente obra. El bebé dormía, ella escuchaba, yo leía. Llegamos a la página cincuenta y uno. Guzmán se había despertado demandando algo de atención. Quise regalarle el libro. “Así se lo podrá leer un hijo o algún nieto”. “Vivo sola, guapo. Mis hijos vienen a verme de pascuas a ramos. Vivo más sola que la una”. Salimos juntos del parque. Se agarró de mi brazo y caminamos despacio hasta la puerta de la calle Menéndez Pelayo. Fue un rato estupendo. Me contaba, parando a cada poco, que ella vivía en Madrid cuando sucedió lo que Martínez de Pisón cuenta en su libro. No lo recordaba bien. La memoria apenas alcanzaba para poder rememorar el dolor de tripas cada noche por la falta de una cena abundante, a veces de una cena a secas. Un hermano pequeño, que murió antes de acabar la guerra, se llevaba buena parte de las raciones de los mayores. Once hermanos el año treinta y seis. Cuatro el treinta y nueve. “Ves que fácil es hacer feliz a una persona mayor. Sólo hay que hacer como si existiéramos, dejar que recordemos y escuchar un ratito”. Aunque me puse algo pesado, no dejó que le acompañase hasta su casa.
Hemos quedado en vernos los domingos, en el mismo banco, a la misma hora. Quizás el próximo le pregunte su nombre. No estoy seguro de quererlo hacer porque el vínculo será un poco mayor. En casos como este, no se puede fallar. No me lo perdonaría. De todos modos, quiero pensar que este no será el único libro que leamos juntos. Y es que llevo un par de días pensando que los ancianos existen aunque nos hagamos los locos. Y lo peor de todo es que nos estamos perdiendo lo mejor. Eso es seguro.


ene 16 2012

Lo fatal de descubrir

El muchacho abre el libro y se encuentra con su poema. Nunca pensó que algo pudiera decirse mejor, que nada pudiera estar escrito para él, solo para él. Lee despacio para encontrarse con un incierto futuro que antes le convertía en inmortal. “Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,/y más la piedra dura porque esa ya no siente,/pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,/ni mayor pesadumbre que la vida consciente. “ Lo vulnerable aparece entre una declamación que quiere ser perfecta, reflejo del propio Dario. La muerte toma forma desde la vida. Hace que se retuerza la mente. Descubre que ser escritor significa ser honesto con las miserias, mirarlas como si fueran los únicos tesoros. “Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,/y el temor de haber sido y un futuro terror…/Y el espanto seguro de estar mañana muerto,/y sufrir por la vida y por la sombra y por/lo que no conocemos y apenas sospechamos,/y la carne que tienta con sus frescos racimos,/y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,/¡y no saber adónde vamos,/ni de dónde venimos!…” Se siente diminuto, atacado por lo inofensivo. Lo bello es cuento de hadas.
Se levanta y camina deprisa hasta la habitación que está al final del pasillo. Intenta respirar con calma, como lo haría una persona adulta que ya lo tiene pensado todo o que no ha pensado nunca una sola idea. Otro muchacho, algo mayor que él, le mira sonriendo. Todos tenemos la obligación de morir, la obligación de mirar de frente a un destino oscuro, le dice. El muchacho comprende. Y ahora ¿qué puedo hacer?, contesta sin fingir el miedo. Dibuja tu vida, la que quieres que sea, procura que todo sea como imaginas, fabrica una vida a medida, dice con calma. El muchacho cree entender. Regresa repitiendo los versos que ha logrado memorizar. No sabe qué puede cambiar, ni cómo hacerlo. No entiende lo que sucede.
Se sienta. Toma papel, lápiz. Comienza a escribir. Ahora, la muerte toma una forma prestada desde otra vida que explica.


ene 31 2011

Antología del cuento norteamericano

Richard Ford fue el encargado de seleccionar los cuentos que incluye este volumen editado por Galaxia Gutenberg. Antología del cuento norteamericano recoge lo mejor de ese género desde finales del siglo XIX hasta finales del XX. Raymond Chandler, Henry James, John Updike, Tobias Wolff o Lorrie Moore son algunos de los autores que aparecen en un índice que impone por su importancia.

Es un libro al que conviene arrimarse. Se trata de una magnífica selección que permite al lector comprobar la evolución de este género a lo largo del tiempo, cómo las voces van modificando su presencia en la literatura norteamericana (y en la mundial al mismo tiempo, claro), cómo los personajes se perfilan desde registros que en su momento fueron novedosos o son los utilizados en la actualidad. Es muy curioso cómo se aprecia la incorporación de las nuevas técnicas de un relato a otro, del enfoque de los temas, e, incluso, la repetición de alguna trama ya conocida dentro de otra perspectiva que la convierte en novedosa.

Un libro necesario para conocer un género que, a pesar de la importancia que siempre tuvo, nunca ocupó el lugar que corresponde en las mesas de novedades o en las listas de ventas.

No se pierdan los cuentos de Ernest Hemingway, Grace Paley, Tim O’Brien y Kate Chopin. Son, sencillamente, magníficos. Y decir eso, teniendo como rivales al resto que forma el conjunto de la selección, es mucho decir.

Calificación: Imprescindible.
Tipo de lector: De 15 años en adelante sin excepción.
Tipo de lectura: Fascinante.
Engancha desde el principio (cada relato).
No sobra ni una página incluyendo el prólogo. Se echan de menos más relatos.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar. En un campo de fútbol podría intentarse, pero será difícil.


rod stewartwhat a wonderful world


ene 28 2011

Conversación en La Catedral

Si alguien quiere saber hasta dónde puede llegar la capacidad de fabulación de un buen escritor, si alguien quiere saber como esa capacidad para inventar historias se ordena en una novela, si alguien quiere comprobar que escribir es una de las cosas más importantes que el hombre ha hecho jamás, lo que tiene que hacer es asomarse a Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa. Una espléndida novela que muestra lo que supone la escritura con total claridad.

Durante la conversación que mantienen los protagonistas de la novela en un bar de Lima, iremos conociendo una historia dura y cruel, de éxitos y grandes fracasos, de injusticia, de amor, de amistad o de desilusión. La política, las relaciones humanas, la corrupción, la maldad y la locura serán vehículos que Vargas Llosa utilice para llegar a configurar un mundo en el que sólo un ser humano puede sobrevivir.

La novela de Vargas Llosa es exigente con el lector. Mucho. Los cambios de registro constantes. El número de personajes extenso. Las modificaciones en el tempo acompasados con las bruscas variaciones espaciales y temporales hacen obligatoria una alerta que impida perder el ritmo narrativo. El vocabulario desconocido. Frases inacabadas en las que la reverberación del lenguaje aparece con claridad aunque producen un pequeño conflicto hasta aprender a leer de este modo. Diálogos de una potencia descomunal que dibujan los rasgos fundamentales de cada personaje a veces sin que lo sepan ellos mismos.

Calificación: Excelente.
Tipo de lector: Conviene tener cierta experiencia para leer esta obra.
Tipo de lectura: Una vez que el lector se situa es fascinante.
Engancha desde el principio.
No le sobra ni una página.
Argumento: Varias historias buscan su punto común para ser una sola. Un trabajo colosal.
Personajes: De todos los tipos y colores. Y perfectamente dibujados.
¿Dónde puede leerse?: A ser posible en un lugar tranquilo.


Zoot SimsLow Life


ene 28 2011

Mientras agonizo

Un genio de la literatura. William Faulkner.

Una maestra de la literatura. Mientras agonizo.

A través del monólogo interior de cada uno de sus personajes, Faulkner nos cuenta la historia de una familia que quiere enterrar a su madre. Lo quiere hacer en la ciudad. Cada uno de estos personajes tiene una motivación concreta para hacer el trayecto desde el campo a la ciudad. Y ninguna de esas motivaciones tienen que ver con el entierro. Fantástica novela aunque de lectura dura. Sólo después de “aprender” cómo se lee a Faulkner se puede sacar el jugo que guarda la narración.

Dos momentos son fundamentales en la novela. Atención cuando lleguen al momento en que se incendia un granero. Entenderán mucho mejor lo que está pasando porque aparecerá con claridad el personaje en el que recae la tensión narrativa. Y atención con la historia personal de la hermana de la familia. Lo que le sucede en la botica de la ciudad es una de las escenas más tragicómicas de la literatura de todos los tiempos.

Calificación: Obra maestra.

Tipo de Lector:  Experimentados y con ganas de ir más allá.

Tipo de lectura: Complicada.

Engancha si se sabe leer a este autor.

No sobra ni una sola palabra.

Argumento: Colosal.

Personajes: Perfectamente dibujados y con perfiles interesantísimos.

¿Dónde puede leerse?: En casa y tranquilo.


Richard GallianoWaltz for Debbie


ene 25 2011

Las Trece Rosas

Trece mujeres jóvenes son apresadas, juzgadas y ejecutadas. Trece mujeres que piensan de forma distinta a sus carceleros, a sus jueces y a sus verdugos. Ese es su crimen. Y esa es la historia que cuenta Jesús Ferrero en su novela Las Trece Rosas.

Buena novela que persigue la literatura desde su primera página ayudándose de la estructura clásica de la tragedia. Esto mismo (que es maravilloso) se convierte en un pequeño problema a lo largo de la obra. Las voces que escuchamos en los diálogos y que pertenecen a esas trece mujeres se deslizan peligrosamente hacia lugares poco creíbles. Dicho de otro modo, no parece que el discurso acompañe al personaje. Es verdad que Ferrero intenta dibujar personajes con cierto perfil que incluye un nivel cultural determinado, pero es insuficiente. Demasiado exquisito el lenguaje, demasiado armonioso el discurso. Es el precio que se paga, a veces, en literatura cuando el afán por conseguir un efecto sobresale sobre el resto y a su costa. En cualquier caso, es un detalle que no desmerece la novela. Ferrero, autor con altibajos en su producción, parece haber tomado el pulso a su literatura definitivamente.

Calificación: Buena.

Tipo de Lector:  Buscadores de literatura. No apto para lectores de novelas que tratan de convertirse en tesis políticas con cualquier excusa.

Tipo de lectura: Muy agradable.

Engancha muy pronto.

No sobra ni una sola página.

Argumento: Bien trazado. El hecho histórico desaparece para ver la historia desde un lugar poco común.

Personajes: Algo exagerados al hablar. Se hubiera agradecido mayor profundidad en alguno de ellos. Pero bien.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar, pero con calma alrededor.


bebel gilbertocade voce


ene 22 2011

Arrugas

El novelista gráfico Paco Roca consigue con Arrugas una excelente obra que habla de la vejez, de los problemas médicos que lleva añadidos y de cómo una vida se va deshaciendo para convertirse en una existencia plena. Lo hace ilustrando sus textos de forma inteligente y muy sugerente para el lector. Lo hace mirando y dibujando su propio mundo porque, según dijo él mismo, el reflejo en el espejo (cuando se mira) comienza a parecerse al de su padre y eso significa que se está haciendo mayor.

En este comic se mezclan diferentes historias de diferentes personajes y, al mismo tiempo, cada trama se dibuja junto al pasado que mueve a los protagonistas. Una historia deliciosa, tierna, sin efectos lacrimógenos, bien contada y universal. Sirve a los mayores y sirve a los que vamos camino de serlo.

Arrugas de Paco Roca es una muestra de lo que puede ser un buen comic y una forma de acercarse a este género muy recomendada.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Salvo niños cualquiera que quiera pasar un rato inolvidable.
Tipo de lectura: Gratificante.
Engancha desde el principio.
Cada viñeta está en su sitio porque no podría faltar ni una.
Argumento: Muy interesante visión sobre la vejez y el Alzheimer.
Personajes: Perfectamente dibujados (nunca mejor dicho)
¿Dónde puede leerse?: No por ser un tebeo puede leerse sin concentración. Mejor tranquilos.


Nelson RiddleThe Loop


ene 22 2011

Aforismos completos

Acercarse a la poesía es sencillo si, por ejemplo, el primer poemario que cae en manos del lector son los Aforismos Completos de Wallace Stevens. No es que trate asuntos facilones o su lenguaje sea ramplón. No. Todo  lo contrario. Asuntos fundamentales y un lenguaje exquisito es lo que encuentra e lector. Una forma de ver las cosas que muy pocos han logrado alcanzar.

Cada cosa que trata (poesía, escultura, la literatura o la expresión artística en cualquiera de sus facetas) es mirada desde aquí, desde allí, desde más allá; y el conjunto conforma una tesis fascinante. Dudas, miradas. El lenguaje preciso. En definitiva, poesía.

Un ejemplo.

No hay nada en la vida salvo lo que uno piensa de ella.

Un futuro nuevo sale a cuenta.

La poesía es una forma de melancolía.

No hay nada más hermoso en la vida salvo la vida misma.

No hay ala como el significado.

Calificación: Imprescindible

Tipo de lector: Aquel que quiera comprobar que investigar con el lenguaje es perfeccionar las ideas.

Tipo de lectura: Aparentemente sencilla. Aunque cada aforismo obliga a parar para entender y degustar.

Engancha desde el principio.

No sobra ni una letra.

¿Dónde puede leerse?: Donde el lector pueda pensar sobre lo que lee.


Keith JarrettMy song