abr 25 2013

Bacon, bacon, bacon

La imagen de España en el extranjero es un desastre. Ya lo sabíamos. Que los alemanes piensen que somos vagos y corruptos no es nada nuevo. Que las imágenes de las cabras lanzadas desde un campanario den la vuelta al mundo es natural. Lo del toro de Tordesillas no puede dejar de ser noticia aquí y allá porque la cosa tiene delito. Vale. Todo esto está muy bien. Y un punto de razón hay en las críticas. Lo que ya no es tan normal, ni tan gracioso, es que se nos tache de flojos, de ineptos, de chorizos (sí, todos en el mismo saco como si todos fuéramos políticos) y que tengamos que sonreír cuando, por ejemplo, asistimos al festival del bacon en Estados Unidos. Pues no. Un festival del bacon es, entre otras cosas, una majadería como lo de lanzar cabras desde un campanario. La cabra, por cierto, cae sobre una red. El bacon eleva el nivel de colesterol hasta límites peligrosos. Y escuchar a cuatro majaderos gritar bacon, bacon, bacon, como si hubieran encontrado el dorado es completamente lamentable. Lo mismo que asistir a las disputas en Tordesillas porque unos quieren seguir haciendo salvajadas a un animal y otros lo defienden como si de su propio hijo se tratara.
El choque de culturas siempre se ha producido. Y esos encuentros han acabado, por regla general, como el rosario de la aurora. Esto del bacon y de la cabra no deja de ser una manifestación de lo más arcaico de esas culturas. Es decir, a los que comen bacon como para explotar, les parece que los españoles son unos salvajes. A los lanzadores de cabra eso de comer bacon a manos llenas les parece cosa de gilipollas. Eso es así y nunca cambiará. Porque aunque parezca que se defiende una cosa bastante tonta lo que se está haciendo es defender lo más íntimo de las personas. Los orígenes son sagrados e intocables.
Por tanto que nadie se asuste. Nos ven en el exterior como bichos raros, como maleantes, como mendigos, como lo que sea. Vale. Nosotros les vemos como puritanos, como tacaños, como gente que no saben aprovechar lo divertido de la vida, sin alegría. Y el mundo sigue. Unos engordando una cabra para que luzca bonita desde lo alto de la iglesia y otros engordando entre lonchas de panceta y refrescos de tres litros. Al fin y al cabo somos lo que somos.
Ay, si fuera cierto que nos levantamos a las tantas, que luego vamos tomar unas tapas sin aparecer por el trabajo, más tarde a dormir la siesta y para rematar el día nos volvemos a poner hasta las trancas de cañas y aperitivos; ay, qué bonita resultaría la vida. Y qué envidia nos tendrían con razón (ahora, nos envidian sin ella).


abr 15 2013

Hay que hacer cosas

Aprendemos y hacemos. Es sencillo y, a la vez, terrible. Porque, si el aprendizaje es un desastre, lo que hagamos lo será necesariamente.
Me van a permitir que ponga un ejemplo taurino. Cuando el torero decide dar un muletazo cambiado por la espalda al toro; es decir, en lugar de pasarle por delante hacerlo por detrás; está enseñando al toro un camino que no va a ser el habitual. Si el torero repite el pase por la espalda la cosa se complica y debe estar atento para no terminar en la enfermería cuando quiera dar un pase por delante. El toro aprende lo que le enseñan y, sin querer coger al torero, irá a la espalda y se lo puede echar a los lomos.
Pues bien, eso es lo que está pasando en nuestro mundo. Nos han enseñado que hay que competir; que esto es cosa de cada uno y que los demás son algo parecido al enemigo; que no se trata de ser felices sino de comprar mucho para parecer más; que los estudios válidos son los que nos proporcionan dinero; que las matemáticas son más importantes que la filosofía; que los árabes son fundamentalistas; que los cristianos son fundamentalistas; que las otras religiones son propias de iluminados que están, de paso medio tarados; que cada ser humano va por libre y eso de la sociedad consiste en que vivimos en colmenas y poco más. Nos están machacando a través de los medios de comunicación con mensajes falsos, erróneos, destructivos. Las ideologías han desaparecido para que sea la economía la que mande cuando casi nadie sabe qué es eso y para que sirve. Que las cosas se arreglan cuando el mundo entero se mueve y, si no es así, no hay nada que hacer.
Mentiras, enormes mentiras que nos están dejando reducidos a marionetas sin futuro, sin ideas y sin esperanza. Mentiras que nos tragamos sin parpadear. Mentiras que nos introducen en una espiral que no dejamos ya nunca más.
No hay que competir. De eso nada. Lo que hay que hacer es pensar en cómo podemos colaborar para conseguir un mundo mejor. Lo de competir es lo que se han inventado algunos para ganar más y más dinero. Los mismos que nos han convencido de que el enemigo es cualquiera que no seamos nosotros mismos. Que no, que no. Que nuestros compañeros de trabajo son eso y no otra cosa, que una persona es un igual y si lo olvidamos estamos perdiendo nuestra propia esencia, que la competición consiste en sobrevivir haciendo que todo vaya mejor. Es falso que seamos más felices teniendo más. Absolutamente falso. Lo que nos hace felices es ser amados, ser apreciados, ayudar a los demás. Joder, si damos una limosna a un pobre y creemos ser los reyes del mundo al creer que hemos hecho un favor a alguien que las está pasando canutas. Y las matemáticas son buenas si nos permiten sentirnos realizados. Y la filosofía o la mecánica o la fontanería. Es absurdo sentirse menos por elegir el futuro que creemos mejor. Es absurdo y lesivo. El que cree en Dios está en su derecho y es algo más que saludable si le va bien al individuo. Lo que es indecente es que nos presenten a esos individuos como locos o como seres extraños. Lo que es de locos es utilizar lo más íntimo de las personas -sus creencias, sus mitos- para atacarles o para conseguir que ataquen sin piedad a otros. Es falso que el mundo sea cosa de cada uno de nosotros. Que va. Somos un todo. Y, por supuesto, todo lo que hagamos influirá en otros. Usted que lee este texto, por poco que sea, está cambiando. El mundo se mueve porque todos nos movemos, porque hacemos cosas enanitas. Pero, sobre todo, porque somos una sola cosa. Y esa cosa (permitan que me ponga algo cursi) está unida por nuestra solidaridad y nuestra capacidad para amar y sentirnos amados. La gran diosa economía es una patraña que sirve a unos pocos. A los que idolatran el dinero.
Hay que hacer cosas. Por pequeñas que sean. Esa es la forma de cambiar el mundo. Eso de ampararse en el qué hago si no va a servir de nada es una postura antinatural y lejana a lo que el ser humano necesita. Hay que hacer algo. Lo que sea. Ya está bien de mirar con cara de pánfilos. Ya esta bien de tragarnos lo que nos dicen cuatro papanatas que tienen la posibilidad de hablar frente a un micrófono. Hay que hacer algo tan sencillo como pensar en los demás, en ayudar a los que podamos y con lo que podamos. Eso no es una utopía, no es algo inalcanzable. Lo podemos hacer. Aunque nos parezca muy poca cosa lo que esté a nuestro alcance. Hay que hacer cosas y hay que hacerlas ya mismo. Se lo pido, por favor, a todos ustedes.


abr 11 2013

Un consejo de amigo

Los matrimonios tienen la sana costumbre de salir a cenar en compañía de otros. Pongamos cada quince días, una vez al mes. Es lo mismo. Suelen juntarse el mismo número de parejas. Tres, cuatro, seis. También es lo mismo. Hablan, ríen, discuten, beben más de la cuenta, pagan a medias las cenas. En fin, veladas bonitas y relajantes. Pero un buen día, la esposa o el marido que forman alguno de esos matrimonios tiene que viajar, se pone enfermo o soporta una carga de trabajo insoportable que le impide asistir. Lo normal es que, si uno no puede salir a cenar, ambos, marido y esposa, se queden en casita. Juntitos como prometieron el día de la boda. Si son pareja a secas, alguna vez se prometieron algo parecido. Vale del mismo modo. Pues bien, no asistir es un gran error. A esas cenas no se puede dejar de ir. Si no hay más remedio se abandona al enfermo, al estresado o se justifica la salida por teléfono con el viajero. Pero no se puede faltar. No ya por las copas de más o por los divertidos chistes del marido de fulanita; no, no por esas razones. Lo verdaderamente importante es que cualquier matrimonio debe evitar ser el centro de la conversación ajena. Y si te ausentas te toca serlo seguro. El que falta suele ser criticado sin miramientos. Lamento comunicar a mis lectores algo tan horroroso, pero todos debemos ser conscientes de la que nos espera cuando nos excusamos en este tipo de reuniones. No faltan las insinuaciones con mala leche, los insultos directos, los comentarios sobre lo tranquilos que están sin los que no están, los ataques feroces al vestuario de ella (y a las lorzas que no tiene reparo en marcar con la licra) y las risas que se ceban con la calva incipiente de él. Faltar es quedar despellejado, deshonrado, desbancado, defenestrado y, encima, sin conocimiento de ello.
No hace falta salir a cenar para que esto ocurra. Con no estar presente en una reunión cualquiera es suficiente. Todo lo dicho deja de tener valor porque ya se encargan los presentes de arrancar y arañar si compasión. Al fin y al cabo, el ausente nunca se enterará (falso, es la segunda vez que lo digo y es falso; el ataque de remordimientos siempre aparece y muchos tratan de lavar la conciencia confesando que la cosa fue de escándalo (sin confesar su participación, claro) o el más mamón correrá a contar al ausente lo que han dicho de él con el único fin de hacerle trizas el ánimo).
Alguno estará pensando que su amigo del alma nunca haría algo así. Pues sí, queridos amigos. Lo hacen. Nunca sabemos el porqué aunque ocurre. Bien por las copas, por el ambiente distendido y agradable, por no tener problemas con los presentes, o bien porque se la tenemos jurada al más pintado nos guste o no reconocerlo. Pero ocurre. De pronto, nos encontramos diciendo barbaridades de este o aquel. De los ausentes, vaya. O nos callamos como ratas pardas sin dar la cara. Acción. Omisión. Nunca se sabe.
Bueno, el caso es que hay que asistir a todo. Al menos uno de los casados o emparejados.
Lo peor está por decir. Lo siento. Da igual lo que se haga durante años; es lo mismo si eres buena persona, buen profesional, buen padre o buen marido. Como alguien abra la caja de los truenos estás perdido. Una mentira bien planteada arrasa con todo. Y si faltas dos veces seguidas a la reunión y das oportunidad a la repetición de argumentos por parte del mamonazo de turno, el estigma te lo quedas pegado al cuerpo lo que te resta de vida. Hasta los más cercanos, hasta lo que saben que la acusación es falsa e imposible, comienzan a tener dudas. Es inexplicable, pero es lo que hay.
Salvo que te dé lo mismo ocho que ochenta (opción sanísima y más que recomendable) lo más acertado es intentar aplazar cenas, reuniones o festejos. Así hasta poder asistir.
Como siempre hay que tener un plan b preparado, les sugiero una alternativa: quedarse en casa, dedicar el tiempo a la familia, hacer lo que más guste o entretenga, salir a cenar con su pareja al sitio que más les guste sin aguantar gilipolleces y pudiendo pedir lo que les salga de las narices; o llamar al organizador de la actividad a la que no asistirá para decirle: oye, verás, que no vamos a ir, que así podéis ponernos a parir con tranquilidad, la verdad es que nos importa una mierda. Es algo que debe producir un placer inimaginable. De verdad.


abr 5 2013

Don Giovanni: ¡Esto es otra cosa!

Cuando lo esencial de las cosas se manipula, estas, dejan de ser lo que deberían. Así de sencillo. Por más que ese cambio sustancial se maquille o se intente explicar como si fuera algo exquisito o la explosión imaginativa más grande de todos los tiempos. Siempre que eso ocurra estaremos hablando de otra cosa.
Pues bien, esto es algo que no debe tener claro Dmitri Tcherniakov. Sencillamente, ha modificado la ópera de Mozart, Don Giovanni, y ha convertido la obra en nadie sabe qué ni el porqué de tal atrevimiento. Pero esto no ha sido cosa, sólo, del señor Tcherniakov. Alejo Pérez, director musical, no está a la altura esperada (es un hombre con progresión y cosas interesantes que decir en el mundo de la música); tal vez despistado por una puesta en escena que, terca, rompe sin descanso el ritmo narrativo a base de telonazos tras el final de cada cuadro. Uno espera que los sobresaltos sirvan, por ejemplo, para modificar el escenario aunque sólo sea por alegrar la vista de los espectadores que se pelean consigo mismos entre bostezo y bostezo o entre enfado y enfado.
En resumen, pagar una entrada (cara) para asistir a un espectáculo firmado por el mismísimo Mozart se convierte en pagar una entrada (carísima) para asistir a la ópera homónima de Dmitri Tcherniakov.
La puesta en escena de Don Giovanni no es fácil. Aunque se antoja más difícil destrozarla. Musicalmente es una ópera compleja. Esto es conocido por todos los aficionados. Y, es verdad, que los tiempos han cambiado. Es verdad. No hay que asustarse con las novedades escénicas que traen los nuevos tiempos para las obras clásicas. Pero de ahí a destrozar por completo lo que es una obra maestra hay un tramo muy importante.
En el Don Giovanni de Tcherniakov, el comendador muere fortuitamente, la cosa va de venganzas familiares; Don Giovanni no es un hombre irresistible y tramposo con las damas, no es el mito español que tantas veces se ha exportado durante cientos de años. No, no. Es una irrisión, medio chalado y en plena decadencia. Don Giovanni es difícil de representar, pero para eso se cuenta, en la actualidad, con unos medios técnicos que permiten salvar esos apuros con solvencia. Hasta en los institutos de enseñanza se utilizan para representar las obras de los estudiantes. Lo que presenta el señor Tcherniakov es aburrido, estático y obliga al espectador a inventarse lo que le cuentan. Desde luego, ir al Teatro Real sin conocer esta ópera es una aventura. A saber lo que entenderán los nuevos espectadores.
Mozart y Lorenzo Da Ponte no reconocerían lo que hicieron.
Por si esto no fuera bastante, Russell Braun está justito. Voz e interpretación. Christine Schäfer lo mismo aunque interpretando es mucho peor. Parece un marmolillo. Kyle Ketelsen no está mal aunque su Leporello resulta bochornoso por lo ridículo. Mojca Erdmann defiende el papel de Zerlina algo forzada aunque bien de voz. A Paul Groves le tienen dando vueltas por el escenario sin saber qué hacer ni qué pinta en todo ese lío. Incluso le hacen esperar con cara de circunstancias y sin camisa a que acabe su pareja (¿es tan difícil perdir a los intérpretes que muevan las manos o expresen un poquito con el cuerpo?). Aprueba raspado. La señora Ainhoa Arteta, como siempre, bastante discreta. Muy aplaudida, eso sí. Imaginen si esto es así cómo es el resto.
Y mientras los cantantes salen como pueden del embrollo, el telón cayendo, una y otra vez, para casi nada. El único sentido es el que le da el director de escena. Como se saca un tiempo narrativo de la manga, para que nos enteremos bien, lo proyecta sobre la tela. Ya nos explicará algún día el asunto.
En fin, un Don Giovanni en el que no pasa lo que tiene que pasar, un Don Giovanni en el que la calidad de las voces no es nada del otro mundo, un Don Giovanni firmado por un tal Dmitri. Esto es otra cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


mar 27 2013

Sin eufemismos

Los políticos están a punto de encontrar una solución al problema.
Hasta ahora, los recortes en presupuestos públicos y las reformas laborales que nos van a a destrozar el futuro, parecían la única solución posible. Resignados hemos asistido -seguimos mirando con cara de tontos- a un desmantelamiento de nuestras posibilidades atroz y criminal. El futuro de millones de personas reducidos a eso que ellos llaman bonos basura. El futuro de millones de personas secuestrado y ejecutado.
No siendo esto suficiente, se sacaron de la manga otra solución infalible. Nos la presentaron como quien entrega a un moribundo una receta que le permitiera vivir unos años más y, a la vez, el certificado de defunción en vida. Vivirás hecho un asco, pero vivirás unos añitos más. Se trataba del rescate y saneamiento de un sistema financiero que habían creado ellos mismos, con el que habían logrado enriquecerse y enriquecer a sus amigotes, y que no podía quebrarse por el bien de la humanidad entera. Pongamos el dinero de todos en una caja para que los banqueros puedan hacer uso de él, dijeron. El resultado es que miles de personas irán a la calle. Los empleados de los bancos. El saneamiento consistía en quedarse con el dinero de todos y en poner de patitas en la calle a los empleados además de comprar deuda soberana de España para empeorar todo un poco más. Qué bien. Uno podría pensar que con tantos miles de millones salvarían los empleos, pero no. Eso nunca, queridos. Tocarían a menos. Uno podría pensar que serían decentes y no tocarían la deuda soberana, pero no. Eso nunca, queridos. Tocarían a menos. Han vaciado las cloacas de mierda que ellos echaron y punto. Todo lo despilfarrado por ellos pagado por todos. Como si tuviéramos la culpa. Eso sí, muy adornado, como haciéndonos un favor muy grande.
Pero, ahora, están a punto de encontrar una solución. Sin eufemismos ni nada de eso. Van a robar. Están preparando todo para robar a manos llenas. Están preparando todo para meter mano a los ahorros de los que siempre pagan el pato. Seguramente, están preparando trampas para que su dinero quede a salvo, pero eso no lo dicen, eso no cuenta. Utilizando la excusa más vergonzosa que nadie pudiera haber imaginado. Algo así como que algunos ahorradores son la causa del problema. ¿Usted tenía contratadas preferentes en su caja o banco? Pues es usted un ladrón. Me lo quedo. ¿Usted tiene más de 100.000 euros en el banco? Pues es usted un ladrón. Me lo quedo. Nada, nada, el despilfarro lo pagamos entre todos. Qué vergüenza. Dicen los políticos y los banqueros que algunos ahorradores han sido los que han provocado todo este desastre económico. Como si ellos no tuvieran su dinerito colocado en paraísos fiscales. Olvidan que esos ahorradores (unos pocos) han utilizado sus mismas herramientas, las que inventaron ellos para esquilmar el sistema financiero del mundo entero. Y olvidan que muchos (cientos de miles de ahorradores) son personas decentes que han ahorrado esos 100.000 euros con gran esfuerzo, al recibir una herencia o por cualquier otra razón más limpia que la de cualquiera de ellos. Esos ahorradores no se inventaron paraísos fiscales, ni preferentes, ni mecanismos diabólicos para acumular fortunas. Ni han robado. Nunca lo han hecho.
Lo más gracioso es que ahora nos venden la idea de ser una especie de Robin Hood multitudinario, que nos van a sacar de un pozo horrible porque son lo mejor de lo mejor. No se puede ser más cínico ni más sinvergüenza.
No seré yo el que defienda a los que han hecho trampas, tengan mucho ahorrado o poco. Pero tampoco seré yo quién haga el caldo gordo a esta banda de forajidos que gobiernan el mundo entero y que, además, lo hacen sirviendo al poder del dinero. Los malos son los malos aunque intenten disfrazarse con una verborrea estúpida y canalla que, como casi nadie entiende, cuela.
Ahora ya piensan en robar. Así de sencillo. Siguen sin querer encarcelar a los que se lo han llevado en sacos. Seguramente porque alguno de esos sacos terminó en su poder. Se defienden unos a otros, se tapan unos a otros, cierran agujeros con el esfuerzo y el sufrimiento de personas que ya no saben desde qué lugar les llegará el próximo estacazo. Si el delito es de la clase política o de los cercanos, todo se retrasa, todo es farragoso y casi imposible de solucionar. Las instituciones están podridas y, encima, dicen que no es el momento de desmantelarlas tal y como está el patio. Pues no, señor, no. Ahora es el momento preciso. ¿No se ha ido todo al garete? Pues ahora, hombre, ahora. Nadie que vista cuello duro y tenga carnét de un partido o un amigo poderoso pisa la prisión. Sólo los pobrecitos que no tienen un lugar en el que caerse muertos. Esos sí, que quedan fatal en las calles pidiendo o en la televisión llorando sus penas.
¿Dónde están los miles de millones que faltan? ¿Nadie va a devolver lo robado, nadie es responsable de nada? ¿Por qué no dimiten todos? ¿No les queda un poco de dignidad, no la vamos a tener nosotros para pedir sus ceses? ¿Por qué algunas instituciones son intocables si hay claros síntomas de corrupción dentro de ellas? ¿Por qué pagamos el pato millones de personas que ni hemos cobrado comisiones, ni hemos robado un céntimo y que no hemos vivido por encima de posibilidad alguna?
Estamos asistiendo al mayor desfalco de la historia de la humanidad sin rechistar, sin mover un dedo, impasibles, como si esto no fuera con nosotros, como si estuviéramos viendo un documental. Llegarán las elecciones y volveremos a votar en masa a los mismos. Temblando de miedo por si nos tocan lo poco que nos queda. Sin criterios ideológicos. Sin pensar. Creyendo que, mientras el marrón se lo coman otros, la cosa no va mal del todo.
Qué pena y que desazón.


mar 8 2013

Mirando el lugar equivocado

El desastre económico que estamos viviendo está acelerando la hecatombe moral en el mundo entero. Sin que seamos, muchas veces, conscientes de lo que está sucediendo. Cuando nada funciona, cuando el sistema falla por completo, todo tiende a venirse abajo. Esta afirmación parece obvia. Y lo es. Pero ¿cómo se hunde todo? ¿Por qué miramos alrededor, observando lo evidente, y no somos capaces de reaccionar? Sencillamente, porque, en realidad, creemos mirar una cosa y miramos otra. Miramos en dirección a lo que nos proponen sin pensar sobre lo que está pasando más allá de una noticia adornada con palabras vacías.
Por ejemplo, los recortes en el área de educación nos hacen clamar al cielo. ¡Qué será de nuestros hijos! ¡Sólo podrán estudiar los ricos! Muy bien. Es verdad y terrible. Pero nos quedamos en la superficie. Dolorosa y difícil de digerir, pero superficie al fin y a la postre. Si nos paramos a reflexionar sobre el asunto comprobamos que la realidad es mucho más cruda. Pero mucho más. Porque si no hay guarderías suficientes las mujeres tendrán más dificultades que las actuales para poder incorporarse al mercado laboral. Esto es penoso aunque funciona de este modo. No veo yo a los hombres renunciando a su trabajo para criar hijos; entre otras cosas, porque el hombre gana mucho más en puestos similares que una mujer. Y puestos a elegir, manda la cartera. A eso le sumamos el punto machista que nos queda hasta a los que vamos de avanzados. En fin, lo de siempre. Por tanto, el recorte en educación agrava, claramente, la desigualdad entre hombres y mujeres. Cabría la posibilidad de no tener hijos, claro. Pero eso supondría renunciar a la maternidad. Un desastre del mismo modo. Renunciar a la maternidad por algo así suena muy mal.
Crisis económica, más crisis moral y ética.
Así que sólo podrán estudiar los ricos y los pobres estarán condenados a no nacer. Bonito panorama. Alguien debería avisar de esto a nuestro gobierno. Son sus recortes los que ponen en peligro la pervivencia de la raza. Lo de los matrimonios gays parece que no es el problema. De eso y de que no nos pueden tomar por el pito del sereno porque no somos tan tontos como creen.
Todo esto que digo es un ejemplo. Porque miremos hacia donde miremos veremos una cantidad enorme de miseria moral, y ética y económica; una falta de valores preocupante y, por tanto, una tendencia a la falta de solidaridad preocupante. Ya se nos olvidó el futuro colapso del planeta por falta de políticas medioambientales que se alejen del sistema económico. El tercer mundo se ha convertido en un ente invisible. La pena de muerte sigue funcionando en muchos países que, además, la aplican como si fueran enemas o algo inofensivo. Esto es un auténtico desastre que contemplamos sin apenas pestañear.
¿Es normal que, ahora, los trabajadores acudan a sus puestos de trabajo teniendo tanta fiebre como miedo a perder su empleo? ¿Serán los contagios por esta razón la gran carga del sistema sanitario y una razón más para privatizar hasta los puestos de golosinas? Si un niño enferma, si sus padres no pueden faltar al trabajo por nada que pase en este mundo ¿les mandamos al colegio? ¿Cuántos críos estarán malitos al día siguiente? ¿Esto es ahorrar o convertir nuestro mundo en una tortura?
¿Nos vamos encomendando todos a la virgen del Rocío para solucionar las cosas? Ya o hacen los ministros y no parece que sea la mejor solución. Es más, es la forma de decirnos que esto no tiene remedio y que tendrá que ser algo desconocido lo que solvente la papeleta. De paso nos meten la cuña religiosa. Ellos saben que si el ser humano recurre a lo divino en momentos de dificultad es porque da por perdido lo terrenal y eso hace que el gobernante se maneje con total libertad mientras los demás rezan.
Mirando y sin rechistar. Así nos querían y así nos tienen. No es normal que los delincuentes que roban en sobres estén tan tranquilos gastando el botín y que, aquí, no pase nada.
Claro, esto tiene su génesis en la falta de pensamiento generalizado. Lo voy a decir una vez más: hay que pensar, aclarar las ideas y ponerse en marcha. Es una urgencia universal. Se acaba el tiempo.


feb 4 2013

La varita mágica

Tampoco esta vez. No hay varitas mágicas, ni atajos para conseguir cosas que necesitan de un proceso para que aparezcan, ni artes de birlibirloque que arreglen todo de golpe. Esas cosas no existen. Ya es oficial.
España está en la situación en la que se encuentra por muchos motivos. Uno de ellos es la corrupción con la que nos esclaviza la clase política. Consiste en que unos pocos se lo llevan en sacos y el resto nos quedamos con cara de bobos sin saber qué debemos hacer. Así en repetidas ocasiones. Y, mientras miramos atónitos, lo vuelven a hacer una y otra vez. Algo que es bochornoso se coja por donde se coja. Así que, de momento, la única varita mágica que funciona es la que permite robar sin que el que la usa pise una prisión o tenga que devolver un céntimo. Decía que España está como está por varios motivos, pero, en realidad, todos se encuentran alrededor del robo manifiesto.
Francamente, no sé si el señor Rajoy es corrupto. Si lo son Javier Arenas o Rubalcaba lo desconozco. Habrá que confiar en la justicia y en el coraje de los investigadores. Pero que la política española huele que apesta lo tengo claro. Clarísimo. El bochorno que nos están haciendo pasar entre todos es más que doloroso. Entre otras cosas porque el único camino que nos queda en dejar de votar a un partido o al de más allá. Es decir, dejar que las cosas se pongan más feas si es que eso es posible. Por eso es doloroso. Porque parece que no hay salida. Lo trágico de todo esto es que el ciudadano normal está indefenso ante tanta tropelía. Abochornado y sin saber qué hacer. Es de tal magnitud el escándalo que hasta los niños preguntan sobre lo que está sucediendo. Todas las instituciones que fueron intocables por su prestigio y servicio se han visto salpicadas por la corrupción de los políticos o la de sus amiguetes. Le tocó en su momento a la Guardia Civil (¿recuerdan al tipo aquel que se llamaba Roldán? Por cierto un tipejo que pasó una larga temporada a la sombra; algo que no sucede en la actualidad ni a la de tres); a la Cruz Roja, ahora a la Casa Real (si quieren a la periferia de esa institución hasta que se descubra que el centro también rebosa dineros de procedencia indigna, claro). Los partidos políticos, las tonadilleras, alcaldes de tres al cuarto o de mayor peso (la gama es amplia), empresarios y todo tipo de personas o entidades, se suman al gran banquete de la corrupción. Hazlo, hazlo, si aquí no pasa nada, parecen decirse unos a otros mientras roban a manos llenas. España es un país lastrado por una banda de sinvergüenzas sin escrúpulos.
Pensaba yo, durante la campaña electoral (la última que hemos sufrido), en cómo era posible que alguien deseara ponerse a pilotar un país en bancarrota, sin crédito alguno en el exterior, desbaratado y lo que quieran ustedes añadir. Ahora, esa pregunta sin respuesta clara cuando me la formulaba ya parece tenerla. Todo en este mundo tiene un porqué. Por muy sucio o lamentable que sea, siempre existe. Y no hace falta ser muy listo para saber de qué se trata esta vez. Y siempre.
Y pienso ahora en por qué no se llenan las calles de todas las poblaciones de España pidiendo que esto se acabe de una vez por todas. Seguramente por miedo a empeorar, a perder lo que tenemos. Sin embargo, es necesario hacerlo. No puede darse una regeneración del sistema político si continúan los mismos al mando y arrastrando una forma de entender las cosas que está podrida. La regeneración debe llegar desde el ciudadano que protesta, que dice que esto no es así, que ya está bien. Algunos tachan de algarada cualquier manifestación del pueblo contra una injusticia o contra lo que parece improcedente. Y no son algaradas; son derechos conseguidos con mucho esfuerzo de quien peleó por ellos. Eso no se puede perder. El dinero ya está perdido y se recuperará poco o nada, pero nuestros derechos deben quedar intactos. Lo llamen algarada o lo que quieran. Protestar en la calle y no votar al que roba, ha robado, protege al ladrón o al sospechoso. Ni un solo voto más. Ni uno.
Los ciudadanos sí que tenemos una varita mágica temible. La debemos sacar a pasear desde ya mismo. Para que no sólo funcione la de los sinvergüenzas. Es temible. Se trata de nuestro voto. Porque si esta banda no gobierna (cualquiera de ellos) no son nada de nada. Se trata de nuestra ideología, de nuestra honradez, de nuestra valentía para enfrentar problemas o abusos. Lo de ellos se llama ansia de poder. Y, por lo que a mí respecta, se la pueden ir metiendo donde les quepa.
Si tenemos esperanza es que la hay. Si la perdemos desapareceremos con ella. Busquen despacito su varita personal y piensen lo que supondría juntar las de millones de personas. Y, si les parece bien, hablen de ello con los que tengan a su alrededor. Hagamos de esto una bola de nieve cayendo por la ladera. Y si llega a suceder comprobarán que las cosas pueden cambiar.


feb 3 2013

Pensemos. Es la única solución.

¿Dónde están los estudiantes universitarios? ¿Dónde están los sindicalistas que lucharon por las libertades y las igualdades sociales? ¿Dónde están los intelectuales para que con sus ideas muevan el mundo? ¿Dónde estamos la gente de bien, los que amamos el lugar en el que vivimos, los que queremos dibujar un futuro para nuestros hijos? ¿Dónde están los periodistas de verdad, los que no se dejan llevar por la nómina de final de mes y dicen lo que ocurre con objetividad? ¿Que está pasando en España para que dejemos que esto se convierta en el hazmereír? ¿Nos hemos convertido en unos cobardes, en unos acomodados, en gente sin proyectos ni esperanza? ¿Qué pintamos aquí si no somos capaces de reaccionar ante una situación tan bochornosa que no hay quien la resista?
Somos cobardes. No queremos que nos toquen lo que tenemos aunque otros se queden sin comer, aunque otros se lo lleven en sacos a casa o a Suiza. Somos cobardes porque nos han anulado. Mucha televisión, mucho dinero, mucho producto que comprar. Poco pensamiento, poca lectura, una cultura en peligro de muerte. Nos hemos quedado en nada. Eso sí, con la esperanza de que alguna vez seremos nosotros los que podamos vivir mejor que nunca.
Me avergüenzo de la clase política de este país, de la casa real que no se qué hace en pie todavía; de una iglesia dividida entre los que ayudan hasta la extenuación (pocos) y los que van a misa con abrigo caro (multitud); de casi todo, me avergüenzo de casi todo. De mí mismo por no salir a la calle a diario para protestar. Y me causa un profundo desasosiego saber que, finalmente, no pasará nada, nadie ingresará en prisión, nadie devolverá un duro y pagará el pato el más pobre. Esto es un desastre monumental.
Sin embargo, no pienso tirar la toalla. Porque se puede conseguir que el mundo sea mejor de lo que es. Se trata de pensar en qué hay que hacer. Muchos hemos pensado que, tal vez, quemando la casa de un banquero se lo pensarían antes de hacer de las suyas. Pero no llevaría a ninguna parte. Hay que pensar en cómo conseguir un cambio, en cómo podemos aportar lo mejor de nosotros para que todo se enderece. ¿Han pensado sobre la labor de las ONG’s? Con tanto trabajo, con tanta donación les estamos haciendo el trabajo más difícil. Quizás habría que dejar de hacerlo para que les estallara el problema entre las manos. Me refiero a cosas de esta índole. Pensemos en lo que estamos haciendo. Me temo que el camino es otro.
Han conseguido dividir a la sociedad española. Por completo. La fractura es de dimensiones colosales. Es lo que querían porque de ese modo logran que la protesta sea menor, que las lanzas se conviertan en cañas en cuanto se da un paso adelante. Han dividido la sociedad porque han logrado que reduzcamos el problema a que no estén estos o que no estén aquellos. No pensamos en que el que debe estar es otro. No sé quién es, pero si buscamos encontraremos.
Pensemos, queridos, pensemos. No dejemos que un periodista nos lleve al huerto porque nos parece muy graciosa la barbaridad que dice, no dejemos que los políticos sigan utilizando un discurso que es un insulto a la inteligencia del ser humano. No podemos seguir escuchando lo que dicen. Mentira tras mentira han conseguido desquiciar a la gente, anular a las personas. La única forma de salir adelante es tener un criterio individual y colectivo. Dejemos de escuchar patrañas y construyamos un proyecto desde la inteligencia y el pensamiento.
Muchos me tacharán de demagogo o de loco. Yo les digo que la peor de las demagogias es negar cualquier idea, cualquier posibilidad porque parezca idílica o propia de la ciencia ficción.
Una banda de forajidos nos han puesto el país patas arriba. Ahora toca acabar con todo este lodo. Ellos son unos sinvergüenzas, pero la mayoría no lo somos. Ellos son unos ladrones, pero los demás somos gente honrada que madruga y trabaja para sacar esto adelante. Ellos son pocos y nosotros somos una multitud. Ellos tienen los medios de comunicación en el bolsillo, pero nosotros podemos dominar internet.
Ha llegado la hora de tomarse en serio la vida. De ser coherentes. Y ya es el momento de dejar a un lado la parida esta de la política. ¿Qué ideología manejan unos y otros? Exacto, ninguna. Así que nada nos impide marchar juntos. Construyamos una sociedad mejor dejando de escuchar la mentira, el mensaje lesivo, el discurso que busca el bien de unos pocos aunque se disfrace de universal. Pensemos, queridos, pensemos. De otro modo estamos perdidos.


feb 2 2013

Diccionario para una crisis

Abusivo: Cualquier cosa que tenga que ver con los bancos.
Auditoría: Estudio de las cuentas oficiales que sirve para que los golfos queden impunes. Nunca se hacen de las contabilidades de tipo B.
Avalista: Jubilado que tiende a quedarse con una mano delante y otra detrás.
Blanquecino: Aspecto de los funcionarios cuando les chivan lo que ganan personas colocadas a dedo y les intentan explicar lo de quedarse sin su paga extra.
Bromista: Ministra de Sanidad que intenta explicar algo en público. Ver vídeo aquí.
Cacharro: Objeto que fue inservible y ahora nos viene de perlas porque no tenemos un duro.
Caverna: Vivienda gratuita. De momento.
Dimitir: Lo que más risa provoca entre los políticos. Se lo nombras y se descojonan.
Drama: Telediario.
Enamorado: Estos siguen sin enterarse de nada. Ellos a lo suyo. Y hacen bien.
Empresario: Persona que explota a sus trabajadores con el fin de seguir ganando lo mismo. No parecen personas que se enteren de algo tan sencillo como que todos deben ganar menos en su empresa. Incluidos ellos.
Falso: Cualquier declaración que haga un político sobre posibles corrupciones.
Figurante: Cualquiera de ustedes. Aquí no pintamos nada de nada.
Gallardear: Fijar tasas judiciales para que la justicia se convierta en cosa de ricos.
Granuja: Señor vestido con traje de chaqueta o señora vestida con una vestido de Chanel que dice dedicarse a la política cuando lo que hace, en realidad, es robar.
Herradura: Objeto con forma de U que, según la tradición popular, da suerte al que la posee. Pero no es cierto. Mira que hay herraduras en el mundo y no ha servido de nada.
Horrible: Panorama. Así, en general.
Intocable: Solomillo.
Islandés: Héroe.
Jeroglífico: Factura de la luz o el gas en la que se refleja una subida desproporcionada y de la que el usuario no se entera.
Julio: Mes en el que ya ni paga extraordinaria ni nada de nada.
Kilométrico, ca: Cola que comienza en la oficina de empleo.
Kilovatio: Unidad de potencia equivalente a mil vatios y que si consumes te cuesta un riñón.
Ladrón: Personas dedicadas a la política, empresarios y banqueros que roban y no van a la cárcel de cabeza.
Loco: Todo aquel que afirma que las cosas pueden cambiar. También se les llama demagogo. Pero no lo son.
Maya: Persona que predecía con el culo.
Muerte: Eso que les llegará a todos ustedes. Incluso a los que engañan, amasan fortunas robando, explotan a los trabajadores y cosas parecidas como si con ellos no fuera la cosa.
Nada: Contestación a la pregunta ¿Cuánto tenemos en el banco?
Numantina: Actitud de los padres de familia a partir del día 15 de cada mes y que llega hasta el día de cobro de nómina (si es que hay nómina, claro).
Aña Botella: Uy, me he equivocado. Como ella. Vean, vean.
Jimeñez Losantos: Otro error. Vaya. Era para colocar este vídeo. Lo confieso.
Obispo: Señor que mientras gobierna un partido cercano se hace el muerto. Gorrón.
Opereta: Día a día en la sociedad española.
Pan: Artículo de lujo que se pone duro.
Preso: Persona que ingresa en prisión si comete un delito. Quedan excluidos los de siempre (banqueros, políticos, empresarios y yernos).
Querella: Acusación ante un juez que se ha puesto por las nubes. Mejor resolver los problemas a hostia limpia.
Quirófano: Lugar en el que entraremos con la tarjeta de crédito en la mano cualquier día de estos.
Revuelto: Estómago después de leer la prensa.
Ruina: Esto no hace falta que se lo explique.
Silbar: Lo que hacen los políticos cuando se les pide explicaciones.
Sobre: Artículo de papelería muy querido por algunos.
Taxista: Persona a la que le cuentas tus problemas y te entiende perfectamente esa vez que no tienes más remedio que dejarte una pasta para ir de un sitio a otro.
Tijera: Objeto que utilizan algunos para joder la vida a casi todos. Nunca con ellos mismos.
Timba: Así se le llama a las partidas de cartas en las que los participantes se juegan lo que tienen. Actualmente, se aceptan mortadelos.
Unicornio: Animal fabuloso con el que podemos soñar. Porque si lo hacemos con el futuro tendemos al suicidio colectivo.
Universitario: Emigrante futuro.
Vinagre: En la actualidad, buen vino para una familia normal. Es asequible.
Volar: Si lo hace con RyanAir no olvide dejar los papeles en regla.
Wagner: Músico. No sé qué pinta aquí.
Whisky: Bebida alcohólica en la que se empapan las penas cada día más personas. De garrafa, claro.
Xero-: Elemento compositivo que significa «seco, arido». Es decir, desde hoy, todo lo que digamos debe ir precedido de Xero. Xeronómina, xeroalegría, etc.
Contiene la x: Discurso político que se usa para tomar el pelo al ciudadano. (ɐsnɔxǝ :uóıɔnlos).
Yerno: Los del rey de España son lo más de lo más. Uno parecía el malo y ha terminado siendo un alma cándida. El otro es de coña. Pero no irá a la cárcel aunque se demuestre que tiene en casa el tesoro de Tutankamón.
Zampar: Lo que hacen los políticos españoles a costa de los demás sin pegar un palo al agua.
Zoquete: Cualquiera que pueda llegar a ser presidente del gobierno.


dic 27 2012

Con G de Grinch: Adiós, codicia, adiós.

Sin apenas darnos cuenta de lo que pasa, estamos viviendo el desmoronamiento de nuestra civilización. Creemos que esto es cosa de unos listos que se han inventado un mercado financiero repugnante, del sistema capitalista, de la corrupción política, de un consumo desmesurado y de cosas así. ¿Quien no ha tenido ganas de participar en ese sistema financiero para llevárselo crudo a casita? ¿Quién puede levantar la mano (en occidente) para proclamar a los cuatro vientos que este sistema capitalista le parecía nefasto para su economía hace dos o tres añitos? ¿Quién no ha querido lavar la conciencia propia, porque sabía que esto era injusto, con el detergente solidaridad enviando unos eurillos a un niño al que ni conocía ni tenía ganas de hacerlo? ¿Usted no ha intentado defraudar en su declaración de hacienda aunque fuera una cantidad ridícula con el propósito de dársela con queso al puto Estado (pues eso no deja de ser una corruptela aunque sea usted el que la hace)? ¿Alguien puede asegurar que no ha gastado en gilipolleces un montón de euros porque esto era el paraíso? No, queridos amigos, esto no es cosa de unos listos. Esto es cosa de todo el occidente. De usted y de mí. Se siente. Y ahora, cuando nos hundimos sin remedio, queremos parecer santitos. Hasta no hace mucho un obrero se compraba un par de casitas para invertir; un pobre diablo invertía en bolsa para ganar unos euros sin saber lo que hacía (pero todo dios era listo de cojones); las empresas pagaban cantidades formidables a anormales con master. Y nadie decía nada. Porque todos estábamos hasta las trancas de mierda. De una mierda que olía a dinero y progreso. Pero mierda al fin y al cabo. Nos estamos hundiendo, queridos. Yo no lo veré, pero los libros de historia se referirán a este momento histórico como la desaparición de la civilización de la codicia. Lo harán porque es lo que hay. Tampoco los romanos, los griegos o los faraones supieron que se acababa el chollo. Comían como fieras, creían que la existencia se limitaba a follar y reír, dejaron de pensar y comenzaron a decir memeces. ¿No les suena? Lo que hacemos ahora es eso. Comer de lo lindo. Follar de lo lindo (pagando o sin pagar). Las tasas de las universidades se han disparado en el mundo entero y, así, eso de estudiar volverá a ser cosa de ricos, que es lo mismo que decir que dejamos de pensar y decimos memeces de aquí a diez años. Se ofreció a cualquiera la posibilidad de ser listo y ganar dinero. Ahora lo intentan arreglar quitándonos la tela y la posibilidad de saber. Adiós, civilización de la codicia. Pero lo más grave es que no sabemos a quien tenemos que dar la bienvenida. ¿A los asiaticos? Esos van a pegar un pedo en diez minutos. Lo que occidente ha jodido en un siglo y medio, ellos lo van a destrozar en diez minutos. La técnica hace que la historia corra a velocidad de infarto. Diez minutos. Ya lo verán. ¿Civilización sudamericana? Se parecen mucho a nosotros. Demasiada corrupción. Emergerán y se volverán a sumergir al rato. ¿Africa? Ya no les queda fuerza para nada. Esto es una mierda enorme, amiguitos. Pero nosotros seguimos a lo nuestro. A comer, a follar y a decir gilipolleces. Qué cosas pasan en este mundo.
Feliz Navidad, capullos. Hale, a comprar, a comprar.