¿Por qué nos gustan tanto los chorizos “made in Spain”?

No es raro que los delincuentes, en España, causen cierta simpatía social. Piensen en El Dioni o gente de calaña semejante. Aparecen en programas de televisión haciendo el idiota y nos divierten con sus bajezas después de gastarse el botín. Eso de ser pobrecitos y sacudir un palo en el banco de la esquina o en la empresa que obtiene beneficios extraordinarios, siempre despertó gran ternura entre el personal. Y si tienen cara de imbecil nos gustan más.
Sin embargo, con Bárcenas no pasa esto. Es el tipo más odiado del país. Antes por una parte de la población. Desde hace unos días por el total de ella. Su aspecto de señor con dinero que quiere más y más, la arrogancia desbordante utilizada hasta para comprar el pan, un cinismo a prueba de bombas con el que se ha reído de todo y de todos o su falta de dignidad, han evitado la más mínima muestra de afecto por parte de los mortales. Este no quedaría bien en un programa de esos en los que se compite por unos euros cuidando animales o sobreviviendo en una isla perdida. Porque este tipo no ha engañado a los ricos siendo un paria, no ha reventado una caja fuerte para huir a Brasil. Lo que ha estado haciendo es otra cosa: ser el paradigma de la clase política española, representar lo peor de ese colectivo; es decir, expoliar un país hasta deprimirlo, hasta dejarlo en la ruina; lograr que los ricos lo sean más mientras se mueren de risa mirando a los obreros, convirtiendo a millones de personas en pobres como ratas. Además, es cobarde. Y esta es una cualidad poco valorada entre el populacho. Se puede ser sinvergüenza, juerguista, mujeriego, pero cobarde o chivato (también lo es) no. Le ha faltado hombría para apechugar con lo que todo el mundo sabe es un desastre de su partido al completo. La cárcel ablanda a cualquiera. A este la chulería se le ha acabado en unos días. No es que me importe que el partido político que fue de este señor estalle en mil pedazos (en realidad me da igual); diría lo mismo si este tipejo hubiese militado en un grupo de solteros cocineros.
Me van a permitir decir algo por lo que seré criticado. Seguro. Aun siendo un mal chiste, habrá quien me tache de frívolo o de canalla. Pero pensando sobre esto que digo, he pensado sobre la razón por la que nos cae bien un chorizo o por la que nos produce un rechazo profundo. Verán, Bárcenas y sus amiguitos se han gastado la tela en ponis, en cumpleaños y viajes a parques temáticos maravillosos, en lujos que ya disfrutaban de antes, pero que preferían no pagar para ser más adinerados. Sin embargo, los implicados en el asunto de los ERE de Andalucía (unos golfos de mucho cuidado) se lo han gastado en putas, en droga y en juergas. En lo que se lo tiene que gastar un chorizo, coño. Tanto confeti, tanto confeti. Si eres un delincuente te portas como tal y terminas entre rejas vestido con un traje a rayas. Un chorizo con abrigo de 3.000 euros no termina de calar entre los ciudadanos. Son igual de forajidos, pero nos cae uno mejor que el otro. Ahora muchos entenderán el voto de los que sin criterio alguno votan a tal o a cual partido. Se buscan parecidos, afinidades. Unos somos más de lujos y otros lo somos de club de alterne.
Bárcenas me repugna. Tanto como los socialistas que han robado a manos llenas en Andalucía. Son asquerosos. Y espero que los chorizos dejen de parecer simpáticos por ser bizcos, anormales o graciosos. Nadie debería querer tener nada en común con esta gentuza. Lo que debemos buscar es un criterio claro que nos aleje.
Al talego. Ahí es donde deben ir a parar. Y el resto al curro cada mañana para salir de este lío que llamamos crisis y que no es otra cosa que la enorme factura con la que pagamos ponis, trajes caros, putas, yates, cocaína y cenas de alto copete.


Comentarios cerrados.