Ciencia y realeza

Hoy me contaban que una chica afectada por el síndrome del aceite de colza ha tenido una niña preciosa. No sería gran cosa si no fuera porque perdió los ovarios después de sufrir la intoxicación. El doctor que la atendió, hace ya bastante tiempo, le dejó intacto el útero (“por si la ciencia avanza”. Eso fue lo que le dijo). Con el óvulo de otra mujer y el semen de su marido se ha producido lo que yo creo que es un milagro. Parece ser que ese óvulo pertenecía a una persona con características similares a las de esta muchacha (color de pelo y ojos, estatura, etc.). Y, por lo visto, el asunto sale muy caro. Buena parte de la indemnización que recibió del Estado ya está en otra cuenta corriente.
Se me ocurre que esa niña, cuando crezca, podría cruzarse con el hombre de su vida y, que esa persona podría ser el hermano de la chica. ¿Por qué no? Se podrían casar dos hermanos sin tener la más mínima sospecha. Sería mucha casualidad, lo sé, pero a veces esas cosas pasan. Y se me ocurre que, cada vez que este proceso se repita, seremos más parecidos unos y otros. Quizás las pruebas de ADN que se realicen para resolver un asesinato señalen a seis millones de personas al mismo tiempo.
Igual dentro de cien o doscientos años descubrimos que todos somos hermanos. Qué emoción, vamos camino de ser como los borbones.


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