Colonia

– Ya son mayores. Estarán bien. Deja de preocuparte, por favor.
– Los hijos siempre necesitan de los padres. Y los padres siempre necesitamos cuidar de los hijos.
– Te equivocas. Ellos terminarán con sus parejas, con sus propios hijos. Sin embargo, tú y yo estaremos solos, teniéndonos uno a otro. Deberías pensar en ello. Conviene tener claras estas cosas.
– Todo a su tiempo. Ahora toca cuidar de ellos. Es lo que importa.
– No, lo que toca es cuidar de ellos sin olvidarnos de que tú y yo existimos. Haz un esfuerzo por comprenderlo. Si uno de los dos se pierde por el camino no habrá vuelta atrás.
– Bien, lo tendré en cuenta. Voy a prepararles la ropa para mañana.
Mientras ella abre el armario de los muchachos, él se afeita con calma. Abre el grifo de la ducha. Muy caliente. Elige su mejor traje, una corbata moderna de colores muy vivos. Y, por primera vez en muchos años, toma el frasco de colonia, lo abre y vierte unas gotas sobre la mano izquierda. Se la pasa por el cuello y la barbilla.
Antes de salir se acerca a ella. Mira las dos maletas que hay sobre la cama a medio llenar. Le besa en la mejilla aunque ella parece no darse cuenta. Y piensa que su propio viaje comenzó hace mucho tiempo. Billete de ida. Una sola plaza.


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