Colores

Las palabras son de color. Las hay amarillas, verdes, coloradas, blancas… No quiero decir que las palabras sean del mismo color que la cosa que representan. Demasiado fácil. No es eso. Son del que les ha tocado en suerte, la que concedemos cada uno de nosotros. Pensamos la palabra y la damos una mano de pintura.
A mí me gustan las palabras amarillas. Son las que más se ven cuando las cosas se tuercen. Amarillo sobre negro. Por mucha oscuridad que me rodee, las palabras amarillas hacen de guía. Pienso sobre algunas de ellas y van quedando suspendidas en la conciencia, es lo mismo que frotarse con fuerza los ojos. Mueves los dedos con rapidez, como dibujando círculos, y aparecen luces pequeñas que se mueven sin rumbo fijo, que te obligan a seguirlas girando los globos oculares bajo los párpados cerrados y hacen que recobres la visión. Piensas palabras amarillas. Las sigues. Llevan tan lejos como quieras.
Sin embargo, acabo de escribir en el cuaderno una palabra que no tiene color. Nunca he sabido qué hacer con ella. La veo negra, pero sé que eso es cosa de películas y dibujos que arrastro desde niño. Tantas veces la han mostrado con un hábito y una guadaña de ese color que es difícil deshacer la imagen. No es negra. Alguna vez he pensado que pudiera ser amarilla. Las más amarilla de todas, la que hace que el resto de palabras se muevan de un lado a otro ordenándolas, el centro de ese universo compuesto por significados de diferentes colores.
Negra o amarilla. Sólo alcanzo a ver eso. No me termina de convencer, ni de agradar. Quizás no tiene color porque no sé lo que significa y, por más que me empeñe en inventar diferentes tonos, seguirá escapándose de entre los dedos. Una y otra vez. Siempre.
Tema Musical de Charlie Haden & Gonzalo Rubalcaba


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