Con G de Grinch: Jugando a las comiditas (de empresas)

Como todo el mundo sabe, la navidad es una maravilla que bucea en amor, buenas intenciones y buen rollo. Y, dentro de esta explosión de color rosa, podemos encontrar la cota máxima en un lugar muy concreto de la topografía navideña. Las comidas y cenas que organizan las empresas para que los empleados disfruten entre sí, con los jefes, con ellos mismos en ese emotivo momento en el que se arrancan a cantar villancicos. El mundo entero estalla en alegría.
Previamente a esta gran fiesta anual, ya han ocurrido algunas cosas que preparan el ambiente para que todo sea paz y amor. Por ejemplo, la dirección de la compañía ha dado orden para que se entreguen las cestas navideñas. Sí, esas cajas de cartón llenas de productos diversos, tan criticadas por todos por ser una puta mierda y que se deberían meter en el culo los cabronazos esos del traje de chaqueta. Criticadas, pero que, año tras año, desaparecen como por arte de magia transportadas por unos empleados que no rechistan. Al fin y al cabo, es un ahorro. Las entregan sonrientes. Las reciben sonrientes. En el despacho se oye decir que a ver si se callan así de una puta vez, que son un saco sin fondo. En el bar, a la hora del bocata, otros valoran el regalo con mala nota exclamando que si estos creen que nos vana a comprar con unos espárragos, van de culo.
También, antes de la gran jornada de hermanamiento, se reparten los décimos de lotería. A cada cual lo suyo, lo que encargó. Si toca estos no me ven el pelo ni de coña. ¿Quién ha ido a comprar esta puta mierda de número? Joder, cómo dejan que vaya Martínez; si es un cenizo de los cojones. Como se puede apreciar, todo es esperanza, todo rebosa navidad.
El día de la comida (a la que no irá ni Dios, pero a la que van todos para no dar el cante), los jefes dejan que el personal salga diez minutillos antes. Es un día grande y todo vale. Para que luego no digan estos mierdas. Efectivamente, la puerta de la oficina parece la salida de la maratón de Nueva York. Sálvese quien pueda. Al lado de fulano me da un patatús. Como me toque con el jefe me voy a tener que beber doce litros de vino. Carreras. Y no sirve de nada, porque estando todo el mundo en su sitio (lo más alejado que sea posible de ese cabrón) el señor director mira la distribución y cambia a unos cuantos de sitio. Sin compasión alguna. Sin rechistar, sonriendo abiertamente, los elegidos se colocan donde les ordenan.
Comienza la comidita. Siempre hay una mesa en la que algunos (siempre los mismos) se lo están pasando desde el primer momento de rechupete. Venga a reír, venga a reír. Y todo el mundo los envidia. Lo que no saben es que, a veces, es todo mentira. Carcajadas falsas para que se jodan los demás que tienen cara de seta.
Unos beben para olvidar, otros para hacer el mayor gasto posible, otros porque lo hacen a todas horas y encima es gratis. Vaya mierda de vino; vaya mierda de carne; el postre es asqueroso; a esta banda no les debería invitar a nada. Menudos mamones. Vagos de los cojones.
Siempre hay algún imbécil que, tras ingerir grandes dosis de alcohol (algunos no necesitan ayuda puesto que son tontos como cubos), buscan con desesperación una botella de anís y un cubierto cualquiera para aturdir al personal con villancicos y chistes patéticos. Hacen el numerito como si les fuera en ello la vida.
Y, oh, se produce el milagro. La gente sonríe con autenticidad. No por ser navidad sino por la cantidad de alcohol que llevan en las venas. Aunque, como siempre, el jefe arrima el ascua a su sardina y dice satisfecho que, en realidad, son buena gente, que son una gran familia (omiten que los empleados son los primos, claro). De paso, alguno se anima y declara su amor a la chica del teléfono que se descojona y le manda a la mierda (a ella le gusta el panadero del barrio y en esta oficina no hay más que pringaos). Otros intentan pillar cacho como sea. Y otros vomitan en el baño.
Al día siguiente, todo vuelve a ser lo mismo. Y así, cada año.
No hay nada como la navidad para que lo mejor de nosotros brille con intensidad.
Feliz Navidad, queridos.



3 Respuestas en “Con G de Grinch: Jugando a las comiditas (de empresas)”

  • Edda ha escrito:

    Hoy ha sido la mía, mi comida de empresa digo. Una comida a la que realmente no va ni dios, por lo que ha quedado reducida a un pequeño grupo de amigos. ¿Amigos? ¿He dicho amigos? Madre mía lo que puede hacer un buen Rioja.

  • Cólica Nefrítica ha escrito:

    Jajajajajajajajajajajajajaajajajajajajajajajaajaajajajajajaajajajajajaja, ay, que me parto!!!!!
    Tal cual, es que tal cual.
    Me ha hecho usted llorar de la risa. Qué buen rato me he pasado. Gracias ,Sr. Grinch.

  • Pepa ha escrito:

    Un calco d mi comida navideña…pero sin cesta…¡Q buen rollete!