Confesiones

1.
Cuando ya no pudo más, alzó la mano para decir que era todo mentira. Fue durante una comida familiar. Padres, suegros, hermanos, cuñados, sobrinos, hijos y esposa. No faltaba nadie. Y fue después de aguantar mucho tiempo sin sentir la necesidad de confesarlo.
– Atención -dijo golpeando una copa con la cucharilla del café- tengo algo importante que decir. Soy tan frágil como todos vosotros. Yo diría que soy humano aunque os parezca mentira. Eso es todo.
Le miraron extrañados. Luego miraron la botella de vino que seguía intacta por si era la causa de semejante declaración. Ya se había sentado y comía su trozo de tarta. Pasaron diez o doce segundos. No más. Y las conversaciones continuaron después de encoger los hombros unos y otros. Y los niños siguieron jugando. Sólo ella pareció saber qué estaba sucediendo. Llenó un par de copas. Le ofreció una a él.
– Menudo descubrimiento, amor. Por si te sirve de algo te diré que yo lo he sabido siempre. Desde el primer momento que te vi. Por eso estoy contigo.
– Yo también lo he sabido siempre, dijo sonriendo. A estos no parece que les importe gran cosa.
– También son humanos. Tanto como tú. Y frágiles. Si te escucharan se harían pedazos. A nadie le gusta asumir culpas. Salud.

2.
– No me gusta la paella que prepara tu madre.
– ¿Qué importancia tiene eso ahora?
– Llevo doce años comiendo arroz cada domingo. Claro que importa. Creo que puedo volverme loco por esa razón en cualquier momento.
– Tranquilo. Le diré que prepare otra cosa cuando vayamos a su casa.
– No me gusta el pollo que prepara, no me gusta el sabor de sus salsas, detesto la famosa sopa de picadillo que prepara por navidad. Nada, no me gusta nada de lo que hace.
– Qué negativo, por favor. Me voy a tener que preocupar.
– No, no lo hagas. Ya es tarde. Tampoco me gustas tú.

3.
– Te quiero. Eres lo mejor que me ha pasado nunca.
– ¿ Y lo dices ahora que acabamos de firmar el divorcio?
– Ya sabes que funciono peor estando bajo presión.
– Estás fatal.
– No, de verdad. Ha sido sencillo. Una firma y te vuelvo a querer.


1 Respuesta en “Confesiones”

  • Edda ha escrito:

    Ahora entiendo por qué los psiquiátricos están llenos. No están locos, no. Sólo se atrevieron a decir la verdad en voz alta.