Conversación de besugos, amor verdadero

Llegan caminando hasta el portal. Ella sujeta su carpeta con los dos brazos. Contra el pecho. Él camina con las manos en los bolsillos. Se miran cada poco y por poco tiempo. Si cruzan las miradas el poco es apenas nada.
– Entonces ¿nos vemos mañana? Si quieres, claro.
El muchacho lo dice con cierta solemnidad. Como si tuviera cierto temor. Se coloca el flequillo con la mano que deja quieta sobre el cuello cuando acaba el gesto.
– Sí, sí. No tengo nada que hacer. Esta bien. Sí.
Ella ha juntado los pies y arquea ligeramente la espalda y tensa las piernas mientras eleva los talones dos o tres veces.
– Pues te llamo y ya quedamos. Mañana. Después de comer, más o menos.
Él habla girándose aunque detiene el movimiento para terminar la frase. Las manos siguen en los bolsillos.
– Me lo he pasado muy bien. Sí, mañana.
Ella sonríe mirando al suelo.
– Adios. Igual te llamo luego si tengo alguna duda con esto de la geometría.
Él lo dice haciendo un gesto con la mano que quiere imitar la escena que avisa.
– Ah, muy bien. Llama si quieres. Estaré despierta seguro.
Ella empuja con el hombro la puerta. Entra. Él comienza a caminar. Ella se queda de frente a la salida. Él sonrie. Y ella.


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