Cuando escribo

El mundo se tiñe de verde. Otra vez. Irremediable cuando amanece una tranquilidad no impostada.

Los sonidos llegan envueltos en la deseada rutina. La mecánica de los movimientos deja todo en orden. Alboroto infantil que agrada. Olor a fogón antiguo. Extrañeza escondida en la lobera.

El mundo se tiñe de verde. Enorme. Los últimos rincones se resisten sabiéndose derrotados. Esquirlas saltarinas e inofensivas. Es lo que queda. Pinceles acabando el trabajo. Solos, sin que nadie oriente el trazo.

Una luz verde se aloja en la retina para que la pluma tiemble nerviosa. Fluye la tinta. Una vida en una sola frase.

Crecen los personajes con cada palabra. Mueven el mundo. Verde. Hablan los objetos de ellos. Total verde.

Todo existe dentro de mí. Todo excepto yo mismo que me retiro paciente a observar.

Una vida. Una frase que cualquiera puede leer.

© De la imagen: Escrito en la pared


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