Cuando se acaba el chollo

Hace unos días celebramos el cumpleaños del joven Guzmán. Cuatro años. Disfrazado de Harry Potter (con varita mágica “flipendor” incluida) disfrutó de lo lindo.Aunque siempre hay pegas al lado de las alegrías. Y es que uno se siente más viejo cuando nota que el tiempo cae a plomo en forma de bebés que dejan de serlo, de jovencitos insolentes que fueron niños o de una cría que comienza a hablar. Cuatro años pasan rápido. Los trece (casi catorce de Gonzalo) han sido tan cortos que provocan el vértigo propio de la vejez que acecha. Mucho más veloces.Maldito tiempo.Esta mañana charlaba con Eduardo (como todo el mundo sabe es el limpiabotas más divertido de Madrid). Hemos tomado un café mientras comentábamos el final de liga, la ruina que tiene medio país, la muerte de Calvo Sotelo y la fiesta de cumpleaños de Guzmán Ramírez.
– ¿Cuatro años? Aún tiene posibilidades de creer en muchas cosas. Felicidad, amor, amistad… Con más de diez o doce se acaba el chollo. Se lo digo yo.
– Eduardo, qué forma tan pesimista de ver las cosas ¿no?
– No.
– Cualquiera puede sentirse feliz a los cuarenta, hacer un nuevo amigo a los cincuenta o enamorarse a los veinticinco. Que lo sé yo.
– ¿Amigos a los cincuenta? A usted le está sentando el café de pena. Un amigo es una cosa muy difícil de encontrar. Lo que podemos hacer es cambiar de compañero de alterne, de chico que ríe las gracias o compañeros con las mismas desdichas. Y si lo confundimos con la amistad es que somos más tontos que pichote. El niño Guzmán es el que puede crear vínculos de los de verdad, pero nosotros no. No se engañe. Queremos darnos un homenaje a diario y no nos damos cuenta de que parecemos payasos patéticos. Panplinas. A ver si se cree que Calvo Sotelo tenía la cantidad de amigos que le han salido a última hora. Los que fueron a la fiesta de cumpleaños de Guzmán podrán llegar a ser sus amigos. Los que miran con cara de pena al fiambre ni lo fueron ni lo serán.
– Alguno habrá que mire al muerto y haya sido su amigo.
– Sí. Los que fueron a su fiesta de cumpleaños cuando eran niños.
– Esta visto que no es su día. A usted lo que le pasa es que no es socio del Real Madrid y que tiene la misma ruina que yo. Como si lo viera.
Antes de irme me ha recomendado un libro. La decadencia de Occidente de Spengler. Le he dicho que lo leí hace muchos años. Traducido por García Morente y prologado por Ortega y Gasset. Pues no sé cómo piensa usted así, me ha dicho. Pues porque leí a Spengler. Hay que saber separarse de algunas cosas, le he contestado.Quizás Eduardo (como todo el mundo sabe es el limpiabotas más divertido de Madrid) tenga razón. Quizás seamos más tontos que pichote. Quizás las decisiones que tomamos siendo jóvenes creyendo que nos podemos comer el mundo son las únicas importantes de nuestras vidas y lo demás es pura cosmética para poder sentirnos mejor de lo que somos y de lo que estamos.En Madrid luce el sol. Hoy se celebrarán un buen número de cumpleaños en los que se crearán amistades verdaderas entre los niños, se sentirán felices los pequeños y algún primer amor se dejará ver en una mirada furtiva. Lo que pase entre los padres será bien distinto. Y el que no quiera creer que las cosas son así que reclame a Eduardo. O a Spengler.


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