Cuarenta y tres, de momento

Escucho a Bach. “La Pasión según San Mateo”. He llegado a casa y me encuentro con que Silvia ha bajado al parque con los niños. Faltará Guillermo porque a estas horas estará soportando las amenazas de un sacerdote torpe y estúpido. Les dice, a él y a sus compañeros, cada martes, que no harán la comunión, que tendrán que repetir los dos años de catequesis. Guillermo anima a sus compañeros. No os preocupéis, necesitan gente los domingos, hacemos la comunión fijo. Me preguntó después del primer enfrentamiento y repite mi contestación a sus amigos. Miedo hilvanado con pecados inventados.La casa presenta un aspecto muy provisional. Pronto nos trasladamos a mi casa de siempre, en la que me crié y en la que quiero que se críen mis hijos. Ya no hay libros (apenas treinta o cuarenta que necesito para trabajar), algunos discos imprescindibles, menos cosas entre el desorden de las habitaciones de los chicos, menos de todo. Lo que se rompe, y no es estrictamente necesario, se arregla con alguna chapuza marca Ramírez y listo. La casa va dejando de ser nuestra casa. Tiene más pinta de piso que de otra cosa.Escribo en la cocina. La biblioteca desapareció y me trasladé al único hueco que quedaba. Una de mis vecinas de patio me saluda. Pero ¿Cómo escribes sin camisa, hijo? Ponte algo, vas a coger frío. Me debo a mi público, Encarni. Anda, anda, Adonis, que no tienes edad para esos excesos. Nos reímos y entra en casa. Ninguna de ellas me interrumpe más de un par de minutos. Encarni me ha recordado que mañana cumplo cuarenta y tres años. Podría cumplirlos el jueves aunque esta vez prefiero que sea el veintiocho. Una pequeña ventaja por nacer el veintinueve. Una buena edad. Espero. Aunque provisional, también. El tiempo lo es siempre. Deja un rastro tenue que desecho con facilidad y si estropea algo a su paso lo arreglo con una chapuza marca Ramírez y listo.Esta noche me dormiré pensando en lo que queda por delante. Ni un vistazo atrás. Cuando lo haces te encuentras con ese desecho de ti mismo que aterra. Muertos, errores, fracasos, decepciones, traiciones, riñas, amigos perdidos o las oportunidades que no aprovechaste. Lo bueno lo llevas a cuestas. Es de lo que vivimos. Eso no quedó atrás. Y por delante queda la incertidumbre de vivir. Silvia y los niños, los pocos amigos que tengo, escribir. Lo mejor. Espero.Llega mi familia. Es un batallón que se deja sentir desde lejos. Ruidoso y definitivo. Nada provisional. Se acaba la tranquilidad. Y este texto.


Comentarios cerrados.