De espaldas al mundo

Si alguien se quiere quedar solo en el mundo lo primero que siente es un impulso incontrolable. Desea desaparecer del mapa. Caminar por el campo o sentarse en medio de un descampado; acostarse con la luz apagada, las persianas bajadas y la puerta de la habitación cerrada a cal y canto; desconectar el teléfono móvil, viajar a un país lejano en el que nadie le conozca o meterse en el coche para conducir durante horas en dirección a no sé qué sitio. A mí me ha pasado como a todo el mundo. Qué le vamos a hacer. Sin embargo los años me han enseñado que esas técnicas de huida no dejan de ser efímeras y sobre todo inaguantables por aburridas. Además, eso no hace que estés solo. Lo que se consigue es un aislamiento que niega esa soledad. Si quisiera quedarme más solo que la una me lo pensaría, al menos, un par de veces. La estrategia para conseguirlo, digo.Beber una copa mirando fijamente el vaso en cualquier garito de Madrid, de esos en los que suena música en directo. Rodeado de un puñado de hombres y mujeres para los que no representas nada. No existes.Caminar por el parque sin rumbo fijo; pronto, por la mañana, cuando aún no se ha levantado casi nadie; sin tener que evitar al paseante que viene de frente. Ya se encarga él de hacerlo, ya cambia él de dirección para no tener que mirarte o ser mirado. Existes como un estorbo para otros solitarios.Leer un libro sabiendo que el autor no pensó en ti al escribir ni una sola de esas frases porque no eres capaz de verte reflejado en ninguno de los personajes. Presentan un mundo y no estás allí. Tampoco estás aquí. Te deshaces como un insignificante bloque de hielo.Ir a un hospital sin que tengas que visitar a nadie. Ver como lloran unos por otros, como se alegran porque todo ha salido bien, las caras preocupadas por una incertidumbre miedosa. No poder querer, no poder lamentar por otro. Sólo por uno mismo.La verdadera soledad llega porque los demás te ignoran, no porque tú quieras vivir un mundo sin otros. Esto último es querer estar solo. Y no es lo mismo.Suele ocurrir que primero dejas de ser para el resto, en ese momento te sientes solo y, cuando te han dañado o crees que lo han hecho, es el momento en el que decides que es mejor prescindir de todo y de todos. Anhelas estarlo. Es un escalón diferente.Por eso es mejor aprender que sentirse solo es imposible si otros no te enfrentan a una realidad nueva e incómoda. Desear desaparecer es producto de ello y distorsiona la realidad. Uno puede llegar a pensar cosas como que eso es lo que merecen, que uno vale más que todos ellos. Y no. Eso es una forma de engaño, una mentira que utilizamos para sobrevivir. Sentimos estarlo primero, queremos que así sea a continuación. No hay más remedio. Solos en compañía de otros y de lo que queda de nosotros. Igual que los niños, que cuando se enfadan van hasta un rincón de la habitación, quedando de espaldas al que les regaña, sin querer que se acerquen a ellos.

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