De lo mal que se lleva un escritor con la muerte

– A ver, soy la muerte. Tú, tú y tú, conmigo. Tú, pasarás una temporadita más en este antro. Te jodes. Eh, tú, sí, tú. No te escondas, imbécil. ¿No has oído que soy la muerte? Qué cosa más tonta, por favor. Venga, conmigo.

– Oiga, señora Muerte, que G. ha ido al baño. Me dijo que le esperásemos. Un pis, creo.
– Siempre tiene que haber un listo. Me pongo enferma. ¿Estaba para morirse o con si con sa?
– Pues no sé. Buena pinta sí que tiene. Pero igual no le funcionan los riñones. Vaya usted a saber.
– Ve a buscar al tal G., anda. Y date prisa porque me estoy poniendo de mal humor.
– Que dice que no era pis, que era pos. Y que tengamos paciencia, que siempre hay tiempo para morirse.
– Joder con los escritores, qué pesados han sido siempre. Venga nos vamos. Ya volveré cuando tenga un rato. No vaya a ser que esté escribiendo su epitafio y nos lo quiera leer o algo.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


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