De noche en tu mirada

Se miró en el espejo para ver la noche, para comprobar que seguía viva. Comenzó a extender los polvos en ambos carrillos, despacio, con movimientos suaves, extraños por tanto tiempo pasado, olvidados con la rutina, gestos repetidos de forma mecánica cada mañana, pero que ahora tomaban un sentido aún desconocido aunque previsible. Luego el carmín, la raya azul en los ojos, un par de gotas de perfume que dejó resbalar por el cuello hasta que desaparecieron entre la tela del pijama convirtiéndose en pequeñas manchas que oscurecían el color de la tela. Era muy tarde. Recorrió el pasillo oscuro, entre un silencio respetuoso con el instante, dando pasos cortos sin querer tocar, apenas, el piso. Entornó los ojos junto a la ventana abierta, esbozando la imagen difuminada de un hombre, inventada una y otra vez. Miró la calle vacía buscando alivio para calmar el amargo de la boca. Algunos papeles se amontonaban en un rincón girando al compás del aire, elevándose unos centímetros para caer de nuevo y vuelta a empezar. Tan sólo uno de color blanco volaba un poco más alto que el resto, dando vueltas rápidas, como si quisiera apartarse del remolino para caer en cualquier otro lugar. Un golpe de viento hizo que todos se pegaran a las paredes que formaban el ángulo, todos excepto el blanco, que se elevó para desaparecer tras los tejados. Fue hasta la alcoba, se tumbó en el extremo de la cama sin arroparse para evitar el ruido de la sábana al rozar, cuidando el gesto para no caer, dándole la espalda. Se habrá hecho de noche en tus miradas. Maldito verso, maldito. Cerró los ojos con fuerza cuando sintió que una lágrima manchaba la almohada. Al abrirlos era la hora de levantarse.
– Llegaré tarde. No me esperes para cenar, le dijo mientras ajustaba el nudo de la corbata.
– ¿Otra cena importantísima?No contestó. Metió unos papeles en la cartera y salió sin despedirse.
Una pequeña maleta y lo puesto. Pensó que sería suficiente. Se miró en el espejo por última vez y vio que desde lo más negro una mujer caminaba hacia ella. Despacio, dijo, ven despacio. Tenemos tiempo.


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