Decencia, por favor

Durante los últimos tiempos, hemos visto cómo una ministra italiana lloraba al anunciar medidas durísimas que afectarían a los trabajadores de ese país. Quiero pensar que se acordó de algo tan simple como que eso que estaba llevándose por delante en un minuto era el trabajo y el sacrificio de miles de trabajadores, de políticos honestos y de ciudadanos anónimos que se habían dejado la piel por conseguir mejorar el mundo.
Soraya Saenz de Santamaría, nuestra superministra, lo que hace es hincharse como un pavo real para decir que todos vamos a morir si no hacemos lo que dicen; eso o cualquier cosa porque esa mujer se pone solemne hasta para decir que la lluvia en Sevilla es una maravilla. Tal vez cree que poniéndose así de ridícula la cosa nos llega más al fondo de nuestros pobres corazones. Yo no recuerdo una cosa igual. Repelente, es poco. Y no me la imagino llorando al sacudir un hachazo.
Hemos visto a un ministro griego decir que a sus compatriotas no se le podría pedir ni un esfuerzo más. Bien clarito. Les están destrozando la vida y un político lo ha dejado claro. Yo no sé si esto servirá de algo, pero es un gesto decente. Ni siquiera llego a imaginar si es un gesto forzado, pero no por ello dejaría de ser decente.
Nuestro presidente lo que nos dice es que esto no es nada con la que nos va a caer. Como lo dicen en Europa (qué excusa tan cochambrosa) todo vale. Otro al que no me imagino llorando aunque destroce la vida de millones de personas. Porque, además, se carga de razón y deja caer, una y otra vez, que somos unos flojos y que lo que tenemos que hacer es ponernos a funcionar.
Aquí, en España, el responsable de la educación nos dice que está muy bien que en cada aula se apiñen los niños. Así se hacen más sociables. Esto es indecente. Y la señora Cospedal nos dice que lo que llamamos recortes algunos necios son medidas que buscan la excelencia en educación y sanidad. Esto es indecente aunque lo diga recién llegada de la peluquería. Pero indecente del todo porque supone un insulto al conjunto de ciudadanos. Este gobierno es indecente.
Somos libres de votar a quien nos guste más, somos libres para opinar lo que nos dé la gana, pero nadie debería tratar como tontitos a los que (les guste o no) soportan su ineficacia en la gestión. Me refiero a los políticos en general aunque estos que están ahora inventando el mundo se llevan la palma.
Las calles deberían llenarse de personas para manifestar su postura, para protestar por estar siendo tratados como borregos. ¿Por qué sabemos que en Grecia están al límite? Porque se lanzan a la calle diciendo que ya no pueden más. ¿No deberían saber en el mundo entero que este gobierno está destrozando una forma de vida?
La decencia que reclamamos a los políticos se debe sostener con la de todos. Gritando que esto no puede ser, gritando que lo que han provocado unos pocos sinvergüenzas lo estamos pagando entre todos, luchando por nuestros derechos.
En cualquier caso, de momento, muchos deberían comenzar a pensar que lo que dicen es ofensivo. Por mucho que les voten; por mucho dinero que tengan; por mucho que crean ser dioses.


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