Del revés

Dedicamos mucho de nuestro tiempo a ensalzar nuestras ideas, a derribar las de otros, a criticar a no sé quien, a alabar ídolos que no lo son, a defendernos de ataques que nunca se producirán o a repartir golpes a sombras que no las sienten. Dedicamos mucho tiempo a idioteces que no suman en columna alguna. Dicho de otro modo, malgastamos nuestro tiempo y nuestros esfuerzos en defensas estériles. Pero ¿qué defendemos? Siempre la misma cosa. A nosotros mismos.
Estamos llenos de defectos, de carencias, de lagunas intelectuales, de falta de cariño, de una inmensa capacidad de amar, de rencores, de recuerdos que nos martirizan. Intentamos que no lo vea nadie a base de fingir ser perfectos. También es verdad que atesoramos virtudes. Pero pocas, más bien poquitas. Esto es lo que creo, es de lo que estoy convencido.
Y me pregunto por qué tantos esfuerzos en asuntos tan estúpidos. Y por qué insistimos es seguir en las mismas cuando salimos una y otra vez escaldados de forma aparatosa. Queremos defendernos de los demás, queremos defendernos a toda costa de los demás, sin darnos cuenta de que debemos hacerlo de nosotros mismos. Como casi siempre hacemos lo contrario a lo debido.


1 Respuesta en “Del revés”

  • Anónimo ha escrito:

    Pues sí.

    Qué manía de extrapolar nuestros conflictos internos a guerras absurdas e inventadas con los demás.

    Saludos.