Demasiado pronto

Son muchas veces las que nos alejamos sabiendo que nos dejamos atrás una conversación que no se volverá a repetir, otra pendiente (eternamente) desde que se pensó por primera vez, un café de más o un par de cigarros sin fumar. Son muchas veces las que nos alejamos sabiendo que la dirección era, justo, la contraria.
Sin embargo, es muy poco frecuente que cambiemos las cosas aun sabiendo lo que nos viene encima; raramente, evitamos lo que se puede convertir en una agonía perpetua. Los miedos, el deber, la incapacidad para tener las cosas claras en la cabeza, la falta de militancia con el yo (el nuestro).
El mundo podría dejar de ser el mismo si alguien se lo propusiese. Pero los temores o la inseguridad de las personas se atrincheran sin que nadie ni nada pueda con ello.
Han pasado muchos años. No sabría contar hacía atrás sin equivocar la estación de parada. Algo sucedió y no quise saber qué había sido. Podía imaginar, más o menos, de qué se trataba. Supuse que buena parte de lo que yo era se estaba desplomando, que nada sería lo mismo a partir de ese momento. Supe lo que significaba estar solo. Y querer estar así. Tal vez la primera ocasión en que tuve que tomar los mandos y decidir rumbo, velocidad y destino final.
Todo era distinto. Ni siquiera me reconocía al mirar en el recuerdo más cercano.
Dejé alguna conversación pendiente (todavía pienso en lo que hubiera dicho, en cómo hubiera movido las manos para enfatizar sobre esto o aquello). Más de un cigarro sin fumar en compañía. Y sé que me alejé de mi mundo cuando debería haber insistido en transitar la dirección opuesta, la que me devolviera lo mío y a mí mismo.
Sigo percibiendo aquello como una enorme injusticia. Intuyo que, fuera lo que fuera eso que pasó, poco tuvo que ver conmigo. Sin embargo, pagué el pato. Y muy caro.
Pero las cosas son, al mismo tiempo, buenas y malas. El nuevo rumbo resultó ser mucho mejor de lo que esperaba. No era el mío, pero me envolvió sin miramientos. El universo al completo cambió despacio, perezoso. La injusticia, la soledad, el deber por delante de cualquier otra cosa, de espaldas a la traición; todo eso y de esa forma siguieron en el mismo sitio. Allí siguen. Eternas, inmutables, omnipresentes y onmipotentes.
La cabeza explotó soltando un yo que debía ordenarse de nuevo. Demasiado pronto; la juventud hace que todo lo sea. Las mismas cosas en diferentes cajones. Cada vez más viejos, pero los mismos. El mundo reventó. No volvieron a aparecer muchas referencias que he olvidado con el tiempo.
El camino, sin duda era otro. Pero el que tomé también servía. Sobre todo para no cambiar y poder sobrevivir.



2 Respuestas en “Demasiado pronto”

  • araceli ha escrito:

    Sobre todo para poder sobrevivir¡¡¡

  • Sugel ha escrito:

    Ojalá la vida fuera siempre así de fácil, un pequeño gesto, y ya sabes lo que el otro espera de ti .. pero no, nos pasamos el día enrredados en mil malentendidos y nos alejamos muchas veces de la gente a la que queremos. Nos cuesta comunicar nuestros deseos, y casi nos tenemos que sorprender de que las cosas, a veces, salgan como nosotros queremos. Igual la clave está en aprovechar las cosas de la vida según llegan, sabiendo que a veces es duro superar el pasado.. pero sabiendo también que la vida te suele dar más de una oportunidad, aunque a veces te creas que a ti, precisamente a ti, no te da ninguna.