Descubrimientos

El agua topaba contra el vidrio. Un repiqueteo al son de la risa algo histérica de el joven Guzmán. Acababa de descubrir que el aspersor del jardín era inofensivo si lo observaba desde allí. Las gotas golpeaban con fuerza, casi agresivas. Creo recordar que escuchabamos Tea for Two.
La vista cansada me obligó a desenfocar la mirada. El jardín desapareciendo, el reflejo haciéndose nítido con la luz apagada de la noche llegando. Guzmán en el vidrio. La figura de Silvia, discreta, aparece entre la del niño y la mía. Las gotas uniéndose para poder resbalar rápidas hacia el suelo encharcado. El reflejo de Silvia. Algunas gotas, con terquedad, pasivas, dibujando sus lágrimas, las que siempre mantiene ocultas si se la mira de frente. Ella sonríe escuchando al niño que sigue pensando en la posibilidad de mojarse a pesar del refugio descubierto. Sonríe aunque las gotas siguen allí. Si una se mueve llega otra. Cualquier gesto se acompaña de gotas que los adornan.
El agua topaba contra el vidrio. Para dibujar otra realidad. La que queremos olvidar, la que queremos muerta y enterrada aun sabiendo que no es posible. Con el pasado nada se puede hacer.


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