Desmayos por doquier

Causar desmayos entre el personal es algo relativamente sencillo. Entregas a alguien lo que le falta -eso que nadie es capaz de percibir de forma intuitiva y que arrastra como carencia desde hace años- lo colocas en el lugar adecuado, y ¡voilà! La gracia es saber qué es eso que tanto extraña el que tienes enfrente. Y la desgracia es confundirlo con un abrigo de alta costura, una cuenta corriente hasta los topes de pasta o una tarjeta de crédito sin límite alguno. Personas que tienen todo eso y mucho más se desmayarían con una mirada limpia de alguien que les quisiera de verdad, que les hiciera sentir que están viviendo algo importante y no una serie enlatada en la que hasta las risas son una castaña pilonga.
Los que tienen cosas por las que sonreír aunque no tienen con quién compartir la más mínima de esas alegrías están muertos. Los que sobreviven a diario a base de dar para recibir felicidad que caduca a la media hora saben que terminarán en una consulta austera adornada con un diván. El mundo está plagado de muertos que sonríen para que no lo parezca. Aunque, al acostarse cada noche, sienten que no controlan nada de lo que pasa, que todo es una mierda al lado de lo que desearon tantas veces.
¿Qué es eso que falta con tanta frecuencia a la gente y que tanto les destroza? Poder ser, la autenticidad de una existencia efímera, la sensación de que pintamos algo en este escenario, obedecer lo que nos dice el deseo que machacamos, a diario, para que nos acepten como personas normales. Lo que nos falta es la ausencia de normalidad. ¿Desde cuándo el ser humano es normal? ¿Qué demonios es eso de integrarse necesariamente para sobrevivir en un grupo que te parece aburrido y patético? Se trata de vivir. Y eso es cosa de cada uno de nosotros. No podemos depender exclusivamente de un grupo, ni de otra persona. Es el yo el que está desapareciendo.
Por todo esto, la gente está dispuesta a desmayarse a la primera oportunidad que encuentra. Por todo esto, hombres y mujeres se caen redondos al suelo cuando alguien les ofrece una oportunidad para que no tenga que fingir ni un solo minuto estando a su lado.
La propuesta es sencilla. No se nieguen a ser lo que son. Intenten que los demás hagan lo mismo. No dejen de provocar desmayos por doquier. Sean ustedes mismos los que se desmayen regularmente. Y, sobre todo, no confundan esto con el dinero o con escribir un mal poema a su pareja. Eso lo que provoca es muerte, amargura y situaciones de lo más ridículas. Por doquier.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


6 Respuestas en “Desmayos por doquier”

  • Isadora ha escrito:

    Hay tal cantidad de falsas luces rutilantes en nuestro entorno, que lo dificil no es ya pretender ser lo que uno es. Lo realmente dificil, por no decir imposible, es saber lo que uno es.

  • Araceli ha escrito:

    Esta versiòn tan bonita de Alone Again,me trasporta a otro tiempo en que me desmayaba con facilidad,no se si ahora me daria un batacazo

  • Anonymous ha escrito:

    Sufro un desmayo constante

    Inodora

  • Carmen Neke ha escrito:

    Aceptar el propio yo, ningún problema. Ahora, conseguir que los demás hagan lo mismo ya es harina de otro costal.

  • Poma ha escrito:

    Tarea en la cúal nos deberíamos emplear todos ¡¡

  • Edda ha escrito:

    A mí el comportamiento de las personas con las que me cruzo es el que me hace desmayarme. No suele ser lo habitual. Estamos acostumbrados al trato arisco e indiferente y cuando aparece alguien amable, pero amable porque sí, entonces me desmayo.