Diario de un escritor acalorado (3)

No me había parado a pensar (hasta ahora) sobre lo que represento para otros. Siempre, me he conformado con lo evidente, con lo que no da trabajo. Por ejemplo, mis hijos me ven como lo que soy, como su padre. Un padre normal es percibido por unos hijos normales como lo que es. Con matices, claro. Para los más pequeños eres un superhéroe. Para los adolescentes eres un gilipollas. Pero, siempre, el padre.

Todos somos mirados y percibidos de formas diversas. Lo difícil es conocer esas miradas y sus formas. A veces, ni siquiera sabemos que nos observan. Una suerte, por cierto. Y lo raro es parar a pensar sobre ello. Al menos a mí me resulta muy pesado reflexionar sobre algo que, en realidad, no me importa en absoluto. Que nadie se lleve las manos a la cabeza al leer estas cosas. Por lo general, no nos importa nada que no seamos nosotros mismos. Queda horrible, sí, pero es lo que hay.

El sofoco que produce el caminar al sol por las calles de Madrid me produce un efecto modificador difícil de controlar. En el cerebro, digo. Cambio la forma de razonar sin ton ni son. Hoy, con treinta y muchos grados al sol, me he puesto a pensar sobre lo que significa que exista (yo) para algunos individuos. Viejos conocidos, gente con la que apenas cruzo un saludo a diario o desconocidos que saben más de mí, después de cinco minutos leyendo este blog, que lo que sabré sobre ellos en toda mi vida. De verdad que me da igual lo que vean en mí, de verdad, pero no puedo dejar de reconocer que me causa cierta curiosidad saber que existe alguna razón que les lleva a verme así o asá. Y lo más inquietante es tener la certeza de que manejan ideas equivocadas, no sé si por exceso o por defecto. El error puede darse en cualquier dirección.

Me viene a la cabeza (el calor es muy malo) ese tipo que (me consta porque me lo han dicho un millón de veces) me ve como el enemigo público número uno. Dice cosas sobre mí, totalmente, disparatadas, me odia a muerte y me tiene presente en su vida mucho más tiempo del que le tendría yo estando locamente enamorado de él. Un idiota, vaya. Intuyo que represento la mala conciencia (la suya). Si no es así no podría explicármelo. Vio en mí un peligro (¿?) cuando decidió hacer de su hijo un hombre de provecho (es un mamaracho, pero un padre siempre lo intenta), me llevó al límite, trató (aún trata) de justificar lo que hacía (lo que hace) de la forma más estúpida y mezquina que nadie puede imaginar y mintió (miente) soltando mierda por los cuatro costados. Lo más gracioso es que me dicen que se lo terminó creyendo (las tonterías que decía). Así son estos fantoches. Lleva intentando que lo inexplicable se justifique desde hace años. Sin conseguirlo, por supuesto. Menudo ridículo. Supongo que, cada vez que me recuerda, le da un ataque de mala conciencia que trata de solventar con la maledicencia. Qué bonito.

Mientras escribo esto, pienso en si tendré razón al hacerlo. ¿Estaré metido en esa espiral engañosa, inexacta y destructiva a la que me refería? Seguro que sí. ¿Qué representa ese tipo para mí? La injusticia, claro. Pero como todo esto me parece cosa de memos, es la primera y última vez que dedico más de un minuto de mi tiempo a planteármelo. Allá él con el saco de mierda que tiene sobre los hombros.

Prometo caminar, durante todo el verano, con una bolsa de hielo sobre la cabeza. Los sofocos son malignos. Y, la verdad, me da igual lo que ese piense de mí, lo que pienses tú o lo que piense yo mismo sobre mí. Sólo faltaba que, a estas alturas de la película, intentara ganarme una reputación o algo parecido. Paso, paso.


5 Respuestas en “Diario de un escritor acalorado (3)”

  • Poma ha escrito:

    Por la sombra y un granizado en mano .
    Así ¿Lo ves? Mucho mejor….

  • Castaedo ha escrito:

    A mí el calor me produce migraña.Aclaro esto porque igual me contradigo en las siguientes palabras.
    Lo que los demás piensen de uno no determina lo que uno es;ni siquiera lo que uno piensa de sí mismo es determinante para serlo. Pero probablemente uno sí sea la conjunción de ambas cosas. Eso en cada momento de la vida, porque en una vida, se pueden ser muchas personas, y no siempre se llevan bien del todo entre ellas…
    Por otro lado, lo que una sola persona piense de uno, sea para bien o para mal, no marca tendencia, tanto si ha decidido encarnar a Dios en nuestra persona o al mismísimo Satanás.Te represente como te represente es porque eres alguien importante en su vida, mal que le pese.
    Saludos G.

  • Núria A. ha escrito:

    Gabriel, ve por la sombra. Déjate de insolaciones, son chungas y reblandecen la sesera. Importamos a los que importamos pero eso sólo es importante para ellos, para nosotros sólo son importantes los que nos importan (por lo que sea). Así son las cosas. Las “importancias” no suelen ser bidireccionales o sí, que se yo. Vengo del sol y algo se me ha quedado blandito. Voy a por una bolsa de hielo

  • Araceli ha escrito:

    Pero que malo es es calor……

  • MERCHE ha escrito:

    mmmmmmmmm que cositas se te pasan por esa cabezota!!!
    jejejeje

    Quieres un cervecita fresquita?? pa matar la calor..

    Saluditos