Diario de un escritor acalorado (4)

El pensamiento es, siempre, traicionero.
Queremos olvidar y ahí sigue el recuerdo que va y viene sin avisar. Casi siempre en el momento más inoportuno, destrozando, una vez más, lo construido después de aquello que pasó.
Queremos justificar lo que hacemos (sea lo que sea), vamos ordenando el discurso arrimándolo a lo que hemos disfrazado de verdad, pero, sin quererlo, somos nosotros mismos los que deshacemos la cosa porque, al fin y al cabo, conocemos nuestra mentira y no podemos esquivarla. Diremos lo que sea necesario para librar batallas ante otros aunque el pensamiento nos acercará a nuestra ruindad. A solas. Los cobardes y los mentirosos disfrutan en compañía de otros y se mueren de asco a solas. Pierden intentando huir de sí mismos.
El pensamiento es, siempre, traicionero.
Queremos vivir al margen de lo que somos más veces de la cuenta. Y es que el pensamiento maneja todos nuestros secretos, todo aquello que nos haría felices y no confesamos para poder reservar lo que tenemos con seguridad, todo aquello de lo que nos avergonzamos porque nos dibujaría con exactitud ante el resto, todos los errores que cargaron a sus espaldas otros sin que moviéramos un dedo. Toda la basura está en la cabeza. Y allí ni se recicla ni se destruye nada. Allí se queda, quizás con más porquería por encima para que no salga a flote aunque, antes o después, un resorte extraño (que todos tenemos listo para destrozarnos un instante cualquiera) hace que aparezca eso que somos. Serlo en secreto no lo convierte en ilusión ajena.
El pensamiento es, siempre traicionero porque es el único lugar en el que somos. Sin maquillaje. Y con eso hay que tener mucho cuidado. Duele.


3 Respuestas en “Diario de un escritor acalorado (4)”

  • Edda ha escrito:

    Claro que duele. Por eso lo parcheamos. Lo que no quiere decir que lo que mostramos sea una mentira. No se puede cambiar el, como tampoco se puede vivir permanentemente en una mentira. Afortunadamente el pensamiento no es estático. Nos mataría.

  • MERCHE ha escrito:

    El pensamiento es lo único que verdaderamente es de cada uno..

  • Ana María Lozano ha escrito:

    No es fácil quedarse a solas con nuestro pensamiento. Suele ser un tanto incómodo, no sólo porque nos devuelve nuestra imagen interior tal cual, sino porque siendo algo nuestro, parece querer torturarnos con cualquier cosa, da igual el tema, pero nos complica la vida bastante. Y parece que siente debilidad por nuestro futuro incierto.