Divorcio

Te descubro tras una página de ese libro que quedó a medio leer; en la taza siempre seca y boca abajo; en el lado del sillón procuro evitar. Te descubro sin saber qué hacer contigo.
Ni siquiera los viejos espejos me tienen respeto. Porque allí estás cepillándote el pelo con calma. Un reflejo tan falso como infinito.
Siempre es más doloroso lo leve que acompaña hasta el final. Eso decías. Y yo, sin creerte quise dar un golpe mortal. Un arañazo en el aire.


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