Edificios (1)

El amor es lo más parecido a un huracán que conozco. Llega, lo arrasa todo y cuando ya ha pasado lo único que se puede escuchar son los quejidos de alguien que lo ha perdido todo. Sin embargo, el odio se instala con discrección. Con la cadencia del martillo que recosntruye ese paisaje desolador. Y ese no se va.
Cada golpe deja la marca en la madera vieja, la hace estremecerse de nudo en nudo. Unida se construye a sí misma formando un edificio que jamás se llenará de nada amable. Hostil, yermo. Y el grito que se sigue escuchando al son del esfuerzo.
Nada cambia alrededor. Ahí nada puede cambiar. Tan sólo se estremecen las cosas. Miedosas porque saben que por mucho que aguanten intactas no sirven.
El edificio se completa. Otros se preguntan quién puede vivir allí. Observan sin entender tanto esfuerzo, sin imaginar que son ellos mismos los que terminarán alojándose entre esos tablones robustos. Casi imposibles de derribar por nada o por nadie. Ni siquiera por el huracán que acecha.


1 Respuesta en “Edificios (1)”

  • Edda ha escrito:

    El huracán que acecha hará que tiemblen los cimientos más firmes. ¿O no es eso lo que hace el amor? Pero, como es la segunda o la tercera vez que pasa, no coseguirá derrumbarlo del todo. Los tabiques más débiles se fortalecen con las inclemencias y el paso del tiempo.