Efímero

La alegría es de color rojo. Una buena noticia, las vacaciones estivales, que te anuncien una subida de sueldo sin venir a cuento. Todo rojo.
Dicen que el dinero llama al dinero. Lo mismo pasa con los colores. Te llaman para decirte algo que te disgusta y la luz de las bombillas se hace amarilla. Miras sin ganas las nubes que clarean con el sol. Un gris convertido en el más sucio de los amarillos. El rojo desaparece como por arte de magia. No existe. Por eso me pinto las uñas de los pies con un esmalte que brille, que sirva de imán para lo deseado.
Miro el pie derecho. Luego, el otro. Uno de ellos con las uñas de color. Muevo los dedos. Perfectos.
Las brasas brillan en la chimenea. Desde esta ventana puedo ver la mitad del pueblo. Las tejas mojadas, un sol teñido que se oculta (hay que retirar la vista y volver a mirar pasado un rato para saber que se mueve), se oculta y perfila los contornos de todo lo que se ve. Ha llovido y el rojo resalta sobre el rojo.Suena el timbre. Es ella. Siempre lo hace de la misma forma. Tres veces. Tres sonidos cortos.- Está abierto. Sólo tienes que empujar.El ruido de la puerta al cerrarse es suave, deseado. Entra y se acerca para besarme en la mejilla. Corre hasta la chimenea y se pone de espaldas a ella, con las manos detrás. Sonríe y se mueve nerviosa. Tiene que decirme algo.- Ayer conocí a un chico, dice y espera una respuesta con inquietud.Miro la cesta de mimbre que hay sobre la mesa. Esmalte, pintalabios, unas pinzas, cepillos y algodón. Arranco un trozo y lo empapo con la acetona. Huele fuerte.- Me encanta, me encanta, me encanta, dice dando pequeños saltitos, aplaudiendo al mismo tiempo.Las brasas se han cubierto de cenizas. El sol se intuye en una claridad extraña que asoma al fondo. No se ve. – ¿No me vas a decir nada?- Claro que sí. Me alegra mucho lo que me cuentas.Se acerca despacio. Describe al muchacho. Su mirada, el tono de voz, un pequeño tic en el ojo que le hace muy interesante. Les imagino juntos. El algodón se ve rojo. La acetona disuelve el esmalte que se pega en los hilos. Las uñas no tienen color. Dice tener prisa, que mañana me contará cómo le ha ido. El sonido de la puerta al cerrarse, los contornos de las casas que ya no se distinguen sobre el fondo. Apenas se ve nada.


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