El año de todos

Se acaba el año.Los medios de comunicación se empeñan en que estos doce meses quedarán marcados y serán recordados por un proceso de paz que se ha puesto difícil a última hora; por la muerte de un dictador en la horca, de otro en su cama, de la que le llegará pronto al de la isla del caribe; por el pillaje al que nos han sometido los políticos delante de nuestras narices; por algún éxito deportivo o algún fracaso que, aunque esperado, dejó el mundo del deporte al borde del colapso emocional; quedarán marcados por las guerras, los incendios y no sé qué más cosas.Sin embargo, cuando pasen unos años no recordaremos casi nada de todo eso. Nos preguntaremos si Litvinenko murió el año dos mil seis o el dos mil cinco. Eso si somos capaces de saber que eso ocurrió alguna vez.No, este año no lo recordaremos por las grandes cosas que le sucedieron al ser humano. Que no.El recuerdo tendrá nuestro mismo aspecto ante la historia. Apenas una insignificancia para los demás, vital y necesario para nosotros mismos.Será el año que nos quedamos sin trabajo porque un sujeto imbécil hasta más no poder se empeñó en que la empresa lo es todo en la vida y nosotros no somos rentables a partir de los cincuenta; será el año de nuestra boda; el mes de agosto de dos mil seis no lo olvidaremos jamás porque murió nuestro padre; el año que conocimos a nuestro mejor amigo; los doce meses más penosos de nuestra vida, los que pasamos metidos en el hospital cuidando de la abuela. Será nuestro año. El mejor. El peor. El más anodino. Un año más.Se acaba el año en que nació la joven Gimena, el año que publiqué mi segunda novela, el año que conocí la traición, doce meses durante los que el recibo de la hipoteca me ha obligado a hacer números imposibles, un año durante el que mi mujer me ha enseñado (otra vez más) que querer es un privilegio. Desde el pasado día uno de enero, los muertos han seguido muertos y todos los vivos han seguido vivos. Y poco más. Será por esto por lo que pueda recordar. Lo demás es accesorio.A las doce de la noche, cuando casi todo el mundo estemos atragantándonos o fingiendo un ataque de tos inoportuno para alegrar a los chavales, se habrá acabado lo que queramos. Nuestro año. Y poco más.


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