El ateo por excelencia

¿Es mejor creer en Dios a no hacerlo? Cualquier persona cuerda contestaría que las dos opciones son igual de buenas o de malas. Algo así no debería causar el más mínimo problema. Sin embargo, los ríos de sangre y de tinta vertidos por esta razón son incalculables. ¿Por qué? Porque son muchos los que no distinguen entre Dios y religión, los que creen que un Dios es distinto al otro y que las religiones son la misma cosa disfrazada con un libro sagrado o el uniforme de los clérigos. Se tiende (siempre fue así) a meter en el mismo saco a los creyentes y a los religiosos, a católicos y budistas. Yo no sé si Dios existe o no, pero lo que tengo muy claro es que una espada asesina en la mano no lleva.
A partir de ahora voy a escribir dando por hecho que Dios puede existir; más que nada para encontrar la lógica en el discurso bíblico que utilizaré para explicar la idea que quiero mostrar. El lector tiene siempre la posibilidad de añadir al texto la expresión si es que existe cada vez que lea la palabra Dios.
El Dios en el que han creído y siguen creyendo cientos de millones de personas es el mismo. Dios sólo hay uno; no entiende de casi nada (ni de papeles, ni de economía, ni de guerras ni de herencias). Y es ateo. Es el más ateo de los ateos. Si es omnipresente, omnipotente, etc., (me refiero a la idea de Dios en filosofía y teología), ¿cómo va a creer en sí mismo? Es innecesario. Dios no puede creer en sí mismo porque es. Sin embargo, Dios, si entiende y mucho de personas. Esa es su especialidad. Por eso nos plantó en el cosmos, para que lográsemos llegar a ser lo que toca. Personas.
Lo de las religiones es otra cosa. Dentro del ámbito religioso se entiende de todo (de papeles, de guerras, de penas de muerte, de economía o de política) excepto de personas, excepto de Dios. De eso no tienen mucha idea. Más que nada porque las religiones son creación del hombre. Dicen que sí, que son expertos en las cosas de todos nosotros, pero no hay más echar un vistazo a su historia para percibir un cierto tufo a trituradora de hombres y mujeres.
Pongo un ejemplo y, después de leerlo, que cada uno se ponga en el lugar que más le guste. Tomo uno de los episodios más famosos de la religión católica para que nadie se me despiste y, de paso, para ahorrarme explicaciones. Eva. Sí, la pareja de Adán. Gracias a la aparición de esta primera mujer en las Sagradas Escrituras de judíos y cristianos, las mujeres (fundamentalmente las occidentales por una cuestión de influencia física; las del resto del mundo han estado igualmente en desventaja aunque por otras razones) han sufrido una especie de acoso y derribo durante siglos que parecía justificado a los ojos de ignorantes e interesados. Esto fue así mucho antes de nacer Jesucristo. Nos vamos hasta 8.000 años antes de su nacimiento puesto que esto forma parte de la tradición oral del pueblo judío. Aparece Eva para destrozar la vida de todos. Qué cosas. Comete un pecado y hace que su pareja, Adán, lo cometa poco después. Es el famoso pecado original, ese estigma que alguien se sacó de la manga para tener a media humanidad a sus pies, a los pies del terror religioso. Eso es lo que interpretó la clase sacerdotal desde el principio y lo manejaron (siguen haciéndolo) con maestría. Por tanto eso es cosa de la religión y de sus corresponsales (tan pequeñitos y tan imperfectos como usted o como yo). Eva fue mala y las mujeres lo fueron, lo son y lo serán. El valor del hombre es mayor y ha de ocupar puestos de poder para evitar que esas mujeres tengan voz, voto e importancia de cualquier tipo. La clase sacerdotal lo toma por bandera y hace uso de ello. Creo que no hace falta entrar en detalle. Un verdadero desastre.
Sin embargo, Dios es otra cosa y su postura, desde luego, mucho más bondadosa. Porque a Dios le interesan las personas y no todo este circo bajo las sotanas. Le interesan todas las personas. Por si alguien no lo sabe, Dios creó a su imagen y semejanza al hombre. Más tarde a la mujer. De la costilla de Adán. Es decir, son lo mismo. Son lo mismo se pongan como se pongan los curas. Está escrito, queridos amigos, y en ese campo me defiendo (ellos siempre jugaron con la ventaja de hablar a analfabetos, pero ese chollo se les acabó hace tiempo). Uno sale del otro, los dos de Dios. Todo es uno. Vale. Un buen día, Eva encuentra al demonio (una serpiente que trae el mal consigo y que no llega ni del hombre ni de Dios, el mal es ajeno a ambos) y este invita a la mujer a comer el fruto prohibido del edén. Dios no quiere que comas esto porque serás como él y siente temor, le dice. Eva come pensando en un futuro mucho más atractivo e invita a Adán. Dios les expulsa del edén por listillos. Pero quedan muchos cabos sueltos. ¿No había creado Dios al ser humano a su imagen y semejanza? ¿Por qué ese enfado si son lo mismo? Y es que Dios quiere que alcancen su excelencia cuando lleguen a ser personas. Se es Dios llegando a ser tan persona como es posible. Y lo de la manzana es un atajo. Por eso no le gusta el asunto. Nada de saltarse la parte fundamental, esa vida que tenemos para lograr lo que nos proponen. Así que a la calle. Nada de ayudas. A buscarse y a buscarle. Es el único camino. Ya ven, Dios entiende de personas. Las religión las descuartiza. La diferencia es enorme. Unos se agarran a eso que conocemos como pecado (esto es, miedo y terror a la mano severa y vengativa de Dios que por definición no puede tener de ninguna de las maneras); Dios se agarra a la tarea por hacer. Unos condenan a la mujer desde antes de nacer; Dios invita a recorrer un camino que les llevará hasta donde toca. La cosa cambia mucho.
Por tanto, se puede estar enfrente de la religión sin negar la figura divina, sin negar el hecho religioso. Esto es algo que debería saber más de uno. De un lado y de otro. A mí me resultan igual de ridículos. Francamente.
Por todo esto no entiendo esa procesión atea que seguirá los pasos de las católicas en Madrid. Declararse ateo no tiene nada que ver con la religión. Son cosas distintas. Y ni unos ni otros parecen enterarse. Que están próximas es evidente. Tan próximos como católicos y ateos que declaran serlo sin saber lo que dicen. Eso es también evidente. Se juntan en la orilla de la ignorancia.
Alguien debería avisar a estas criaturas. Vamos, digo yo. En las épocas más oscuras de la humanidad, la religión apareció (siempre) gracias al miedo, a la impotencia. No podemos criticar algo así. El miedo es libre. Lo que sí podríamos es denunciar el abuso de una clase sacerdotal que imponía su ley gracias a ese miedo y a esa desesperación. Ahora, Dios es innecesario. Vivimos más que bien (en occidente). Ya veremos dentro de unos añitos. Pero tampoco eso se puede criticar. Los ciclos forman parte de la vida. Lo que sí critico es tanto circo por parte de unos y otros, tanto ataque frontal de unos contra otros, tanta idiotez. Venga que alguien les avise, coño.


3 Respuestas en “El ateo por excelencia”

  • Poma ha escrito:

    Creo en todo aquello o aquél, capaz de generar; gestos, emociones, sentimientos buenos, etc, etc.. O sea, capaz de transmitir Amor. Ese y no otro es mi ¿Dios?…

  • Celina ha escrito:

    CREO, en mì, por encima de TODO.
    Comparto todo lo escrito por Poma, anteriormente.
    Saludos con todo mi afecto, Gabriel.

  • las artes ha escrito:

    ¿ Y qué pasa con los que creen en un Dios pero no quieren o no saben si creer en una religión ? Podemos suponer que exista un Dios, pero por qué creer en la religión que crearon hombres y tantas guerras e injusticias a acarriadoa lo largo de los años, ¿ Qué hacemos las personas que tenemos estas duda, en qué creemos entonces ?