El cuaderno nuevo

Acabo de terminar un cuaderno. Cien páginas. Otras cien páginas. En él quedan escritas reflexiones sobre lo bueno y lo malo, sobre lo que pasó o nunca llegará a ser, ficción y parte de una realidad que necesitaba ser comprendida. Cien páginas que pueden ser muchos años pasados o una fracción de segundo sin importancia. Lo que ya nunca tendrá espacio es el dibujo de un futuro.
Son muchos los nombres que quedan escritos. Algunos ya ni los recuerdo. Otros aparecerán inevitablemente en las próximas cien páginas. Lugares, anécdotas, lágrimas, momentos inolvidables. Una vida literaria casi entera.
Siempre que cierro un cuaderno que se acaba siento algo de nostalgia, algo de pena. Este lo cierro sabiendo que lo escrito es lo que quise decir. A pesar de todo. Tal vez, esta vez sea alivio más que otra cosa.
Pero acabo de empezar a escribir en otro. Nuevo. Tapas de color naranja, papel amarillo. Incluso he limpiado mi estilográfica y la he recargado con la mítica tinta verde. Otro cuaderno entero y por rellenar. Prometo intentar que la caligrafía sea la adecuada.


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