El enfado del lector

Mi amiga Pilar, mi buena amiga Pilar, dice que lo tiene claro. Una buena novela, afirma, es aquella que no requiere ser leída, analizada, releída, comentada, analizada otra vez, desmenuzada y releída un poco más, antes de conocer lo que el autor quiere decir. Es una opinión como otra cualquiera. Sin embargo, mi amiga Pilar, mi buena amiga Pilar, dice esto después de cerrar dos novelas (que yo sepa) algo irritada porque los textos le han parecido superficiales, los diálogos le han parecido un desastre, las tramas muy predecibles y con la extraña sensación de ser una lectora a la que no le gusta nada. No había nada que analizar, desmenuzar, comentar e, incluso, nada que leer. Es una contradicción como otra cualquiera.
A veces intentamos definir alguna cosa cuando, en realidad, estamos intentando definir otra bien distinta. A Pilar, lo que le pasa es que sabe distinguir una novela honesta de otra que no lo es. Honesta (si es que puede llamarse así) es la novela en la que el autor no intenta jugar con el lector (ocultando información, por ejemplo) ni le “suelta” cualquier cosa para que se entretenga. Honesta es la novela en la que el autor abre puertas y deja el camino libre al que lee para que llegue hasta donde quiera o hasta donde sea capaz. Son las novelas en las que la responsabilidad cae de ese lado, del lado en el que hay alguien con un libro entre las manos. Honesta es la novela en la que los alardes estilísticos dejan paso a una exposición clara de lo que se quiere transmitir, que no es lo mismo que una exposición falta de expresividad. Esa expresividad siempre está ligada al vínculo que se establece entre el lector y el texto, por tanto no puede faltar. Honesta es una novela en la que el autor no vuelca medio diccionario para demostrar su erudición, demostrando, de paso, su superioridad respecto al pobre hombre que ha comprado su libro.
Lo que quería decir mi amiga Pilar, es que le molesta mucho que le traten como si fuera tontita. Que le molesta que algunos autores presenten sus trabajos disfrazados de literatura cuando no lo son. Eso es diferente a definir lo que es una buena novela. Y es harina de otro costal.


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