El peso de las palabras

Las palabras son pesadas. Por eso el hombre no puede volar; por eso dentro del agua se maneja, pero siempre está en peligro; por eso siempre está a punto de caer incluso teniendo los pies en el suelo.
Las palabras son pesadas y al pronunciarlas sumamos lastre. Nos vamos narrando a nosotros mismos. Eso significa que sabemos algo más. Y saber, conocer la verdad (aunque sea impostada) es difícil de soportar.
Es la consciencia de ser y nuestra capacidad de reflexión la que nos distingue de cualquier otra criatura. Es la traducción a lo que llamamos lenguaje lo que nos hace pegarnos al piso. Y lo que nos impide ser libres para ocupar el espacio de los que viven sin preocuparse de lo que son. Dichoso el árbol porque es apenas sensitivo. Ni siquiera espera su muerte.


4 Respuestas en “El peso de las palabras”

  • Edda ha escrito:

    Las palabras son nuestras carceleras. Pueden ser el peor arma arrojadiza. Además tienen un efecto boomerang. Siempre. Y peso de las palabras cae sobre nosotros como una losa.

  • Uno de sus lectores ha escrito:

    ¿Quién ha dicho que el se humano no puede volar? ¿Hablar, o callar, lo que le venga en gana?
    Estoy descubriendo que es mejor vivir sintiéndose caer al vacío que estar muerto manteniendo los pies en el suelo.
    Un abrazo, amigo.
    P.D: El árbol no me da ni pizca de envidia, compañero.

  • A.R.N. ha escrito:

    dichoso el arbol porque esta vivo y habla, como todos los ” seres vivientes”, ampliaria el termino a “todo”. el agua, la tierra, las plantas… estan vivos y se comunican.
    bes

  • Ana María Lozano ha escrito:

    Las palabras son muy peligrosas, arriesgadas y atrevidas, pueden unir y también separar personas para siempre. ¿Cuánto hay de cierto en las palabras soltadas sin pensar y cuánto de mentira? Nunca se llega a saber del todo, nos expresamos según el ánimo de ese instante. Si ese día tenemos alguna ilusión, nuestras palabras son dulces y si no hay planes para esa jornada pensamos en gris y eso se nota en nuestras palabras. Lo escrito no cambia. Queda plasmado en un papel. Aunque nuestra mente ya haya viajado alrededor del mundo, aquello que escribimos un día, dulce o ácido, quedará en el mismo lugar de un folio. Al volverlo a leer un buen día, nosotros ya no somos los mismos. Las palabras pesan, pero si reflexionamos nos damos cuenta de que no tienen tanta importancia, pues ellas se quedan en el aire o en un papel, pero las personas estamos en continuo cambio. Lo que dijimos ayer, hoy lo diríamos de otra forma o no lo diríamos. Una palabra maravillosa en el momento preciso y la vida cobra sentido, aun sabiendo que el autor cambia sin remedio y puede no pensar lo mismo una hora después.
    Las palabras pesan, la interpretación que de ellas hacemos pueden cambiarlo todo.