El segundo plato de hoy

Bacalao con tomate. Ese es el segundo plato de hoy. Lo ha cocinado mi madre y supongo que estará sabroso. Bacalao con tomate. Qué bien.
Siempre que como bacalao pienso en lo ridícula que puede llegar a ser la gente. Sobre todo los que proceden de clases humildes y se quieren integrar en un grupo de personas que consideran superiores por alguna razón. Los que siempre pertenecieron a esas clases sociales que conocemos como altas son crueles en lugar de ridículos.
Hacer ostentación es una herramienta muy habitual para lograr esos fines. Enseñan joyas enormes de bastante mal gusto, casas decoradas con un millón de objetos antiguos que parecen más viejos que otra cosa, automóviles carísimos que les convierten en horteras con un automóvil carísimo (nada más), te hacen escuchar música como si fuera el descubrimiento del siglo (suele tratarse de Mozart o Chopin. Pobres compositores), intentan invitarte a comer en restaurantes lujosos un día sí y al otro también. Pero lo más divertido es el uso que hacen del lenguaje.
No puedo olvidar el día que una señora mostrando un comportamiento absolutamente delirante (había heredado una fortuna de un tío suyo que vivió en Argentina y del que no sabía ni que existiera) pidió para comer “bacalado with tomato” (pronúnciese bacalado guiz tomato. Así sonó). Dijo eso moviendo la mano derecha, la que tenía llena de sortijas y pulseras de oro, mientras me contaba su último viaje a Londres. La mujer era natural de Toledo. Como yo. El camarero me miró esperando que pidiera mi plato. Tomaré bacalao con tomate. Yo es que veraneo en Ávila. Así nunca llegarás a nada, hijo, me dijo algo enfadada.
Posiblemente tenía razón aquella mujer. Me he quedado donde estaba. Tomando bacalao con tomate. Sin hacer el ridículo. Escuchando a Chopin y a Mozart cuando quiero disfrutar de la buena música. Y a Smetana, Danzi o Khachaturian. Intentando no aparentar lo que no soy ni quiero llegar a ser de ninguna de las maneras. Sin ser cruel. Tampoco eso me gusta. Ella sigue en el mismo sitio en el que estaba antes de heredar. Eso seguro. Pesando un kilo más por el oro que luce, pero en el lugar exacto. Ni un milímetro más allá.
Es penoso, mucho, comprobar que son este tipo de personas las que controlan un pedacito de la sociedad, del mundo del arte, de la política. Y más penoso comprobar que muchos quieren ser como ellos, imitar su ridiculez. Eso es lo que se lleva. Mola más ser un hortera con dinero que un pobre intelectual al que no le llega el dinero a final de mes. Eso es lo que creen, pero es mentira.
Yo de momento me voy a comer un plato exquisito de bacalao con tomate. Y pienso repetir.


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