El sistema eres tú

Llevamos unos días aludiendo al valor, a no tener miedo ante una situación que se ha dilatado mucho en el tiempo y que tiene patas arriba al noventa por ciento de la población mundial. No tengamos miedo, decimos. Y nos aplaudimos al gritarlo. Pero ¿a qué tenemos miedo? ¿Qué es eso que tanto nos angustia? ¿Qué es lo que nos atenaza de modo que ante situaciones extremas nos vemos impedidos para poder reaccionar?
Es difícil saberlo con exactitud aunque, dadas las circunstancias, podemos sospechar que es algo que nadie quiere nombrar porque podría llevarse por delante los más nobles movimientos. Miedo. Palabra gruesa que suele esconder las menos nobles de las intenciones del ser humano.
Todos participamos de un sistema capitalista desde hace muchos años. Aunque gritemos muy alto lo contrario, aunque nos reunamos en plazas públicas para protestar con fuerza. Unos lo ocultan por vergüenza, otros no saben que viven inmersos en un capitalismo feroz que se hizo hueco un día que no recordamos, otros presumen de ser los más capitalistas del mundo. La rueda gira con nosotros dentro. Con todos y cada uno de los seres humanos de este planeta que se ha convertido para muchos en una choza global y para muy pocos en esa aldea global tan cacareada. En occidente la choza es algo más decente que, por ejemplo, en países deprimidos de África, pero no deja de ser una puta choza en la que hay un salón muy hermoso y una letrina. Cada cuál sabrá donde tiene la camita.
Todos participamos de este capitalismo feroz que tritura personas como si fueran basura. No nos gusta. Al pensarlo nos dan náuseas y renegamos. Pero, queridos, nos da miedo perderlo de vista. Ese es nuestro gran miedo. Porque salir de la rueda significa quedarse más sólo que la una. Ese es el motivo inconfesable por el que, a pesar de las tímidas protestas que van sonando, nadie se mueve con la fuerza necesaria para comenzar a cambiar las cosas. Desde dentro de la rueda girando no podemos ver con claridad. No nos podemos imaginar renunciando a lo que nos han vendido como básico en la vida. Vehículos a motor que parecen aviones, pisos cojonudos comprados a precio de oro que han sido la ruina de miles de personas, ordenadores maravillosos que nos ofrecen una ventana al mundo, ropa por la que se paga cincuenta veces lo que cuesta, colegios en los que los niños aprenden de todo menos lo que deben y puestos de trabajo que cuando abandonas te permiten vivir sin una losa que te mataba poco a poco. Somos esclavos del capitalismo. Somos el capitalismo. Tenemos miedo a quedar fuera del sistema. Tenemos miedo a estar solos. Y en este mundo te colocas dentro o estás muerto.
Todo esto es un verdadero horror. Reconocer algo así es duro. Pero me temo que no estoy muy lejos de la verdad.
Las buenas noticias es que eso es mentira. Nos lo han enseñado, nos lo han grabado a fuego en el cuerpo. Pero es la gran mentira sobre la que se apoya el sistema. ¿Qué pasaría si fuéramos saliendo de esa zona tan perversa que estamos obligados a vivir? Claro, que al final todo sería justo al contrario. Pero el miedo no deja. Hasta el que lo está pasando peor reza lo que sabe para que los mercados se estabilicen, para que las empresas generen empleo, para que los bancos se tiren el rollo y den créditos. Para que el sistema capitalista sea perfecto.
Salvo que modifiquemos nuestra mirada, el mundo seguirá siendo un desastre total. La mirada personal de cada uno. Adoramos el sistema porque nos han enseñado que el sistema es el nuevo Dios. Mentira. Piensen en lo que pasaría si hoy se levantaran todos los empleados de una compañía multinacional y se fueran a casa (adoramos a las empresas como si fueran algo en sí mismas, como si existieran desde el principio de los tiempos). Si eso ocurriese la empresa desaparecería del mapa. Y creemos que con ella desaparecerían nuestras vidas. Otra mentira. El mundo ha tenido muchas caras diferentes. Esta es una más y no es única. Lo que nos falta es echarle valor y negar lo que nos venden como si fuera la única opción. Aquí se viene a morir, coño. ¿Tampoco vamos a saber hacerlo? Pensemos, dejemos de mirar a través de los ojos que nos colocan en los medios de comunicación (para eso tenemos los nuestros), hagamos. Pero sin miedo de verdad. No fingiendo estar libres de él. Aquí se viene a vivir. A vivir con dignidad. Como sólo puede vivir un ser humano. Lo demás es pasar el rato hasta que llega la hora. Somos el propio sistema. Estamos muriendo sin la más mínima dignidad ¿Queremos eso? Yo no me lo creo. Busquen, busquen. Ya verán como encuentran un no enorme y extravagantemente sonoro.


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